¿Sabes? todo hay que sentirlo, notarlo, palparlo en lo más profundo de tu ser...
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viernes, 3 de noviembre de 2023

He perdido casi todo lo que consideraba importante:


He perdido casi todo lo que consideraba importante en mi vida. 

Más allá del dinero, hay otras cosas, seres, lugares y experiencias, que ya no forman parte de mi momento actual, de mi presente. Y lo que aún me queda aquí, lo cuido y atesoro como un regalo de la vida, sabiendo que en algún momento también puede irse, desvanecerse, separarse, romperse o desaparecer.

Lo que me ha quedado claro en estos últimos años: todo es volátil.

He perdido casi todo lo que consideraba muy importante en mi vida, y me he quedado como un dibujo que alguien terminó, borró y dejó a medio hacer, con las marcas del boceto de algo que iba a ser y luego nunca fue.

No sé cuántas versiones de mi han dado la cara en este tiempo, para poder mantener un poco de luz y de esperanza a pesar de las convulsiones temporales de momentos desadaptativos que me han dejado herida, vulnerable, temblorosa y terriblemente desarropada frente a una realidad que congela hasta los huesos. 

No es algo excepcional: perder realidades que queríamos, momentos, incluso personas, animales... La vida está llena de pérdidas, de "hasta luegos" que se convierten en un "adiós" pero definitivo.

¿Cuánto tiempo estaremos saludando a esa persona?
¿Cuánto tiempo estaremos abrazando a esta otra? 
¿Cuánto tiempo durará este vínculo? 
¿Cuánto nos acompañará la vida que actualmente vivimos? Esta realidad en la que nos encontramos ahora, este momento presente, tal cual.

Que me perdone la vida por aquello que he perdido, por mi responsabilidad...
Que me perdone la vida por aquello que he perdido, que no dependía de mí...
Que me perdone la vida... Y me deje con el tiempo volver a construir, a dibujar sobre un boceto medio borrado, dándome algo más de margen, sin convertir todo en un suspiro efímero, sin dejarme sin nada, sin hacerme sentir desgarrada. 

Me he quedado conmigo, que aunque no llena los huecos de aquello que he perdido, me sirvo como consuelo... 

 

martes, 24 de octubre de 2023

Reconciliándome con Dios.

 


Han ocurrido tantas cosas desde la última vez que pasé por aquí, que sería un poco absurdo hacer un hilo conductor sobre mis vivencias y compartirlo con vosotros. 

De forma pragmática y resumidamente: he transitado una profunda depresión que me ha llevado a autodestruirme. Me quedé soltera. He empezado un tratamiento. He mejorado. Retomé otra forma de terapia, va funcionando. Tengo un trabajo fijo y estable, con buen sueldo, desde que hice todos esos cambios. 

Y así, pasé de no sentir absolutamente nada o si acaso un profundo dolor que me quebraba por dentro, a poder visualizar algo más allá de mis pies. La complejidad humana.

En este camino, que no ha sido para nada fácil, ha habido vaivenes complejos y arduos. Mucha soledad. Millones de piezas rotas que se han quedado por el camino. Un sinvivir de sufrimiento. Mucha oscuridad, tanta incluso que realmente estar con vida es prácticamente un milagro.

Ahí empezó algo, en silencio, que yo no sabía... Todo este camino, además de cambiarme por completo, se trataba de reconciliarme con Dios, recuperar nuestra relación, sanar nuestro encuentro. 

Es increíble como he pasado del infierno más oscuro, a la sensación de que, y a pesar de que uno pueda llorar, tener algún día malo, rallarse sin más... La vida recupera su forma, su sentido, su aroma. 

Y no ha sido porque esté enamorada, no caerá esa breva. De verdad ha sido como volver a conectar: poder pasear por la arena sintiendo la dicha de la vida, aprovechar los rayos del sol con pacífica quietud, sentirme profundamente afortunada a pesar de todo, reconocerme como la mujer madura de 31 años que soy ahora.


Reconciliarme con Dios supone también reconciliarme conmigo misma.
Reconciliarme con Dios es poner en paz mi diálogo interno.
Reconciliarme con Dios es volverme a dar oportunidades.
Reconciliarme con Dios es vivir en paz.
Reconciliarme con Dios es recuperar mis partes perdidas.
Reconciliarme con Dios es sentirme perdonada y perdonar. 
Reconciliarme con Dios es volver a la creatividad bella de mi misma. 
Reconciliarme con Dios es encontrar la hermosura en lo cotidiano.
Reconciliarme con Dios es entender la vida más allá de su fórmula matemática.
Reconciliarme con Dios es confiar. 

No sé qué forma tiene Dios, ni siquiera sé si tiene forma, solo sé que ahora nos hemos re-encontrado, como viejos amigos que hacía tiempo que no se veían. Tenemos que ponernos al día, hablar de nuestras cosas, necesito volver a integrarlo como una parte de mis rutinas, como cuando vivía en otros lugares y necesitaba agarrarme a esa esperanza divina de que todo ocurrirá como deba ocurrir y saldrá como deba salir. 

Porque a pesar de todo, de aquello que era tan oscuro, tan denso, tan complejo, lleno de aristas, tan doloroso... Sigo aquí de pie, ahora sentada escribiéndole a todos ustedes, y créanme que después de todo, es un milagro haber resistido tremenda estampida emocional. 




domingo, 13 de junio de 2021

El castigo en la búsqueda de la perfección física.

 


No hay día que me junte con mujeres y que no hagamos un comentario referente al cuerpo, a la belleza, a lo exterior... Y lo peor es que en la mayoría de los casos esos comentarios suelen ser negativos, nos auto-rechazamos, no nos queremos y nos metemos en bucle con esa insaciable necesidad de perfección. Y eso me consterna, porque es un patrón que tenemos tan normalizado que ni siquiera nos asombramos de lo mal que podemos llegar a hablarnos a nosotras mismas y de cómo de integrado tenemos ese auto-diálogo interno de no-aceptación y machaque psicológico. 

Y he caído en ello cuando después de varias semanas hablando con diferentes mujeres, tanto de mi entorno personal como de entornos que han conectado conmigo pero que no forman parte de mi "habitual", me he visto charlando con todas ellas sobre kgs, ejercicios, gimnasio, dietas... Entonces he recordado mi propia historia personal. Cómo en plena adolescencia con un proceso emocional muy complejo me introduje de lleno en el mundo TCA (trastorno de comportamiento alimenticio) llegando a pesar menos de 40kgs. O de cómo eso repercutó años después en una especie de "efecto rebote" y al recuperarme llegué a pesar más de 68kgs. Cómo tiempo después llegué a encontrarme en mi mejor punto físico, gracias a la danza que practicaba, al deporte y a tomar consciencia de una dieta más sana, pero aún así yo seguía viéndome como un objeto al que rechazar, del que sentir vergüenza y que debía machacarme más emocionalmente en ese sentido. 

Los años fueron pasando e intenté equilibrar un nivel bastante alto de ejercicio con llevar a cabo diferentes trabajos, eso me consumió bastante y me llegué a quedar muy delgada por propia ansiedad. Pero ni siquiera con esa extrema delgadez que muchas personas desean, yo me sentía realmente satisfecha con mi cuerpo. No era eso lo que me transmitía felicidad, seguía comportándome de una forma tímida si me tenía que desnudar delante de otras personas, seguía evitando planes donde tenía que vestir en traje de baño, seguía mirándome mal en el espejo. Ni siquiera el deporte, que moldeó positivamente mi cuerpo a pesar de mi delgadez, me permitió sentirme mejor conmigo misma. Y a pesar de que genéticamente me puedo sentir bendecida por el tipo de forma natural que tengo en el cuerpo. 

Os cuento mi historia primero, antes de seguir compartiendo mi punto de vista, porque me parece un punto interesante a tener en cuenta, sobre todo porque mi historia es muy parecida a la de muchas mujeres en el mundo. Quizás hay que cambiar algunos detalles para que sea una historia calcada e igual, pero sin duda en todas esas historias lo que hay es un camino de tristeza contra el cuerpo físico, una herida emocional, hay una verdadera y cruel demostración de desamor personal. 

Como decía, estos días me he visto en la tesitura de escuchar como muchas mujeres delante de mi hacían comentarios sobre su propio cuerpo, rechazándolo. Comentarios como "tengo que perder kgs" o "mi handicap es mi tripa, debería tonificar mi tripa" o "tengo que hacer más deporte porque me sobra peso y tengo que tonificar" y así un lapidario comentario detrás de otro. Un amargo proceso de rechazo. Un proceso en el que yo he intentado sostenerlas recordando que su visión sobre si mismas no es realmente lo que ven, porque el humano tiende a verse de una manera mucho más crítica, más cruel, peor, más desmejorada... Que como nos ven los demás. Y lo cierto es que las personas que nos ven desde fuera son más objetivas, más realistas, sobre nosotras mismas que nosotras mismas. 

Esa búsqueda constante de la perfección, comentarios del tipo: "tengo que ser la mujer perfecta en todos los aspectos de mi vida y desenvolverme de una forma perfecta", "tengo que ser perfecta a nivel físico, tengo que tener el cuerpo perfecto y si no es perfecto lo hundo con mis comentarios y me meto, sin ser consciente, en un proceso psicológico inconsciente de infelicidad y rechazo", nos está matando a muchos niveles. Una muerte emocional, una muerte de la apreciación con amor de nosotras mismas. 

Vivimos de por si ya bastante machacadas con ese patrón que aún se conserva de alabar a las personas cuando cumplen con estereotipos. Aún tenemos que desaprender muchas cosas en ese sentido, aún tenemos que entender la diversidad física, aún tenemos que aprender de manera honesta a amarnos, aún tenemos que ser realistas con nosotras mismas y no seguir viéndonos desde una perspectiva tan distorsionada que nos asfixia, aún tenemos que entender la naturaleza del cuerpo físico y sus propios cambios que vienen dados por la edad, por el tiempo. ¿Cuántas veces has visto fotos del pasado, donde ya te rechazabas a ti misma, y ahora te ves como que estabas preciosa y no te puedes creer que te dijeras esas cosas? Pues las mujeres tendemos a vivir en ese ciclo constante de rechazo y arrepentimiento cuando vemos fotos de cómo éramos tiempo atrás. 

¿Cuántas veces hemos asociado estereotipos físicos con una felicidad porque asumimos que cumplir esos estereotipos es el éxito de cara a la sociedad? ¿Cuántas veces nos hemos parado a vernos realmente desde el amor? Para crear una conducta más útil con nosotras mismas. Es un sin vivir estar casi siempre rechazándonos. Y nos amarga y nos destruye. Es un sin vivir intentar esconder esas inseguridades con las que luego nos vemos cara a cara en nuestra soledad, en nuestra intimidad y cómo esas inseguridades relacionadas con lo físico nos repercute en aspectos más profundos, más psicológicos, que no tienen que ver con lo físico porque nos afecta convirtiéndonos en inseguras, en personas que buscamos la aprobación constante externa. Es un sin vivir que no seamos capaces de decirnos a nosotras mismas que somos bellas, que somos muy válidas, que tenemos mucha suerte de tener el cuerpo que tenemos porque es funcional, nos ayuda a cumplir nuestros objetivos y es una obra de ingeniería biológica que se ha dado en unas circunstancias que pueden tener hasta un aspecto poéticamente milagroso. 


viernes, 11 de junio de 2021

Las formas de violencia:

 


La gente se escandaliza cuando te ve con un ojo morado, un diente roto, la nariz partida, una brecha... Porque alguien te ha "violentado" físicamente. Pero no se escandalizan igual cuando pierdes parte de quién eres, cuando pierdes tus pensamientos, cuando pasas a ser un trapo con una autoestima por el subsuelo, cuando tu único consuelo es llorar porque posiblemente no seas capaz de encontrar las palabras que describan cómo te sientes, qué es lo que te ocurre, cómo estás... 

Pero es que la gente debería escandalizarse por igual ante todas las formas de violencia. Minimizamos los insultos porque "comparados con un puñetazo" no son nada. Sin embargo, qué pensarías si te digo que una retaíla constante de insultos en un entorno con el que convives o que para ti es importante puede suponer unas consecuencias tales como: problemas en tu personalidad, ansiedad crónica, pensamientos suicidas o cometer un suicidio, disociación personal, pensamientos intrusivos constantes, insomnio, depresión, dependencia o codependencia emocional, baja autoestima, incapacidad para cumplir con tus propósitos, falta de ambición, conformismo tóxico, infravaloración, tendencia a dejarse manipular con facilidad, tendencia a construir vínculos insanos y dañinos y un largo etcétera. Un moratón en un ojo se evalúa con unas pruebas médicas, un informe médico, un perito y los necesarios actos judiciales que se puedan poner en marcha. ¿Cómo evaluamos la parte emocional de las personas que ha sido destruída? ¿Qué test psicológico puede esclarecer con exactitud el tamaño real de tremendo dolor personal? 

Aún hoy en día hay personas que no dan importancia a ese aspecto. Incluso personas que culpan a las propias victimas de permitirse sufrir eso. Siempre uso esta frase porque creo fervientemente que es verdad: todos somos sensibles a ser manipulados, lo que pasa que no a todos se nos manipula de la misma manera ni por las mismas cosas. 

Las formas de violencia humana desgraciadamente son un abanico muy amplio que abarcan aspectos muy complejos, a los que en muchas ocasiones no se les da la importancia que les corresponde. Hay gente que cambia completamente la clase de personas que eran por traumas relacionados con violencia no física, y luego ya no pueden volver marcha atrás porque una vez que aparece una herida solo queda aprender a convivir con esa herida. 

Hay formas de violencia, incluso, relacionadas con la confianza y  que generan en las victimas una conducta, que puede durar mucho tiempo o toda su vida, donde se transforman en personas desconfiadas para siempre. La deslealtad, la falta de honestidad, las mentiras, el ocultar... Todo ello pueden ser herramientas de violencia, aunque nos cueste asumir esta verdad. 

Me di cuenta que cuando me sentí tan humillada por parte de mi ex, por más que intentaba sacar la cabeza a flote, la pesadez emocional y psicológica que me causaba me lo impedía completamente y me hundía como ser humano. Ahí hay partes que seguirán toda mi vida conmigo, en forma de cicatrices, de heridas, de experiencias... Y que no podré quitarme ni deshacerme de ellas. Después conoces a otra clase de personas, esas que evitan utilizar la violencia contigo y te das cuenta de la diferencia. Funcionan como un bálsamo para esas partes rotas. Son personas que te enseñan el otro lado, un lado donde la gente no tiene una necesidad de destruirte, si no de ayudarte a reconstruirte de mil formas distintas las veces que haga falta. Un lugar donde la hostilidad no está constantemente presente como una rutina y como parte de lo cotidiano. 

La violencia no física, como decía, no son solo insultos, ni infravaloraciones, no son solo juicios ni señalizaciones. La violencia no física es también manipulación, son también las mentiras, el ocultar, el engañar, el embaucar, el callar, el falsear, el utilizar por beneficio propio por encima de las consecuencias, es la falta de responsabilidad afectiva, es el egoísmo en casi todas sus formas, la falta de empatía, son las conductas narcisistas, ególatras, es la falta de perdón, es echar en cara constantemente, son las bombas de humo, el ilusionar a los demás para obtener un beneficio aunque no se cumpla con esa expectativa que generamos en otros, es callarnos las cosas, la falta de comunicación o los silencios incómodos o manipuladores para aumentar la sensación de culpabilidad, es el ciclo de aceptación-rechazo continuo, el no tener en cuenta tu opinión y pasar por encima de ella, el minimizar tus emociones o tu forma de sentir, el reírse de ti, el hacerte de menos, el convencerte para verte a ti mismo/a desde una perspectiva súper destructiva, es el generar culpa porque sí sin motivos reales, es no tener valor para cortar una relación cuando ya se sabe que está en las últimas alargando más el daño que generamos en la otra persona, es el no demostrar apoyo, no demostrar que defiendes a la persona con la que estás o que la acompañas en sus procesos, es la ausencia, el abandono, las bombas de humo, los ghosteos (te dejo de escribir sin darte explicación)... Y todo esto, y muchas cosas más que me dejo en el tintero, tanto por separado como en conjunto pueden llegar a destruir a una persona a todos los niveles posibles, incluso puede llevar a una persona a decidir quitarse la vida. Estas formas de violencia pueden ser proyectadas por las propias víctimas como violencia contra ellas mismas. 

A veces una hostia duele menos que una forma de violencia no física. 



Impulsividad.

 


He perdido muchas cosas en esta vida por ser impulsiva. La impulsividad es como un subidón que te arrolla y mal aconseja, que te empuja hacia una conducta de la que, muy probablemente, terminarás arrepintiéndote. Cuando hablas precipitadamente haciendo daño a los demás, porque estás en el pico de la ola de un cabreo, ahí estás siendo impulsivo. 

La impulsividad es una conducta, en muchas ocasiones, de ansiedad que además puede estar aún más intensificada con el orgullo. Si a una persona orgullosa se le junta ser además una persona impulsiva, entonces tenemos una mezcla química que supone un mejunje peligroso y explosivo. 

Lo reconozco, cuando la sangre parece que me va a brotar de la piel y el corazón se me acelera, cuando mis inseguridades me denominan y me enfado me conquista, cuando no entro a razones, cuando me da miedo perder, cuando siento celos, cuando siento algo injusto, cuando alguien se sobre pasa, cuando me siento amedrentada, cuando siento que me ningunean, cuando alguien me miente a la cara, cuando alguien me oculta, cuando me hacen daño con intención, cuando me intentan embaucar, cuando me intentan manipular, cuando me ponen de loca por decir la verdad, cuando me infravaloran, cuando minimizan mis emociones, cuando siento que se ríen de mi, cuando alguien es deshonesto, cuando juegan con mi lealtad... En todas esas, y en muchas otras más, puedo llegar a ser tremendamente impulsiva. Y por desgracia es algo que en muy pocas ocasiones logro controlar. 

Es un veneno que ha destruído cosas a su paso. Y es un veneno, que incluso en su mejor versión, también ha sido negativo para mi. Cuando uno es impulsivo con la mejor intención, incluso en esas, tampoco funciona. Cuando uno se ve exaltado y toma decisiones que parecen llenarle de ilusión, pero desde la impulsividad, ahí la estás cagando y posiblemente pierdas más de lo que ganas. Porque incluso la impulsividad, en un contexto que aparente ser positivo, puede ser perjudicial. 

He sido impulsiva por enfados y emociones destructivas. Pero también por amor y emociones positivas. Y en ninguna me ha salido bien jugar desde el impulso. 

Serán los años que te van dando más tranquilidad, un piano-piano y una replanteamiento de las situaciones. Quizás con el paso del tiempo ya no te tiras nunca más de pleno a una piscina de la que no te fías, te metes con cuidado y sigues manteniéndote agarrada con una mano por el bordillo, no vaya ser que se vuelva a liar. Quizás ya no te haces la mochila y te tiras al "lo que ocurra", ahora intentas trazar un plan e incluso dentro del plan tienes en cuenta un montón de posibilidades que se pueden cruzar. 

He sido impulsiva amando a la gente y dando todo de mi. También lo he sido yéndome, alejándome y arrepitiéndome de todo. 

"Maldito el momento en el que tomé X decisión" Ha sido durante mucho tiempo un amargo dialogo interno que me ha reconcomido por dentro impidiéndome disfrutar de la vida y amargándome. 

Ser impulsiva no me ha llevado a ningún buen puerto. Me ha alejado de perspectivas realistas y me ha conducido siempre a torbellinos emocionales que me han afectado duramente. Se me ha dado mal poner en práctica la templanza y es quizás ahora cuando estoy logrando objetivos. Admiro a las personas que no son impulsivas y que con su caminar transmiten esa paz, esa confianza, esa tranquilidad... Los ves andar en su vida y es como si diesen pasos sobre seguro. Se toman su tiempo para decidir, después de reflexionar con sabiduría y su archivo de arrepentimientos, a mi parecer, es considerablemente más pequeño que el mío. 

La impulsividad es lo que lleva a unas personas a ser infieles a otras. Lo que lleva a romper parejas por tonterías. Pero también lo que lleva a perder ciertos beneficios de la vida o ciertas estabilidades por lanzarse a ilusorias imágenes que después se disiparán. 

Admiro a la gente anciana porque ellos caminan a una energía donde la impulsividad no puede encontrar una fuente donde nutrirse y aparecer. 

miércoles, 17 de marzo de 2021

Adversidad, vida y nacimiento.


 

Hay gente que teme la adversidad, lo incómodo de la adversidad le genera asco, rechazo... O como diríamos los más jóvenes (y ya no tan jóvenes) la adversidad les raya. Yo, yo sin embargo la encaro.

El propio inicio de la vida siempre me ha parecido una peripecia ingeniosa para sobrepasar la adversidad. Si analizamos poéticamente un parto podemos ver una madre que sufre, lucha contra el dolor, el dolor siempre es una sensación adversa que nos genera temor, lucha contra todo lo pulcro, lo llano, lo fácil... Porque, yo no he parido, pero he visto parir y os digo que no es nada fácil. 

Naces acompañado, posiblemente, hasta de mierda. Literal. No te asustes, del camino de dificultad y de mierda que vas a tener en la vida, posiblemente, sea el que te resulte más fácil (si todo va bien). Tu madre te empuja con todas sus fuerzas, las mismas fuerzas que puedes tener o necesitar para superar obstáculos más adelante, te empuja y llora porque le duele parir como una punzada que le divide el cuerpo en dos, creo que tu madre a partir de ese momento se ha encontrado con la versión más fuerte de si misma. Y bueno, ella empuja, viendo anonadada cómo la vida se abre paso entre sangre, desgarrándola, amando la vida a la vez que le atemoriza. Y aunque tu madre sea atea, rezará, rezará para que todo vaya bien y sobre todo rezará para que tú, por encima de ella, nazcas sano y con vida. Porque tu madre, que ya ha visto mundo antes de que vengas aquí, sabe que la vida es dificultad, que está llena de imprevistos inesperados y que muchos son desagradables, negativos, difíciles... Algunos ni siquiera tienen solución. 

Y así ocurre. Quizás la felicidad solo sea una hebra abriéndose paso por un montón de caca que nos descoloca. La felicidad existe, pero no es para siempre, es como esa cosas que te llenan de golpe pero que sabes que por su naturaleza no pueden quedarse ahí, estáticas y permanentes. Ocurre con la belleza de un ramo de flores, efímero y colosal en su estética, pero temporero y caduco con el tiempo. Su naturaleza es así, lo has arrancado y ahora el tiempo no corre a su favor. Pero la felicidad es también así. 

Ocurre que nos mal educamos y mal acostumbramos a ese subidón y a esa comodidad. Como si una zona de confort se mantuviese para toda la vida y no fuese sensible a los cambios inherentes de la existencia. Eso es imposible, amigos y amigas, imposible. Lo único seguro en esta vida es el cambio, no apuesto por nada más. La muerte también forma parte de este cambio. 

El subidón nos vuelve adictos. Lo necesitamos como agua de mayo, como un perdido náufrago en una isla rodeada por un mar que si lo bebe le causará aún más deshidratación y busca desesperado una fuente de agua dulce. Y esto nos empuja a sentir rechazo, asco, a perder importantes herramientas para desenvolvernos con soltura y autonomía ante los problemas de la vida, ante los palos inesperados, ante las dificultades, ante lo que nos desborda. 

Hay personas que se hunden en la adversidad de la vida. Les sobrepasa de una manera indescriptible. Se vuelven niños pequeños sin herramientas, como si toda su vida de adulta desapareciese de golpe y plomazo. Y solo buscan y rebuscan en la vida un camino pausado, suave, sin problemas de ningún tipo, sin piedras... Quieren andar a su ritmo y que nada ni nadie pueda venir a destruir esa falsa sensación de bienestar. 

Pero la vida se abre paso, igual que se abrió paso cuando tú naciste, y les pone cara contra la realidad del mundo. La gente que aman pueden enfermar o morir, para saber querer en relación hay que tener mucha madurez y afrontar muchas cosas, para lograr cruzar metas más altas hay que luchar contra nuestra sensación de pereza y comodidad... La vida les da un golpe detrás de otro enseñándoles que nada es sencillo, nada es tan fácil, ni siquiera para la naturaleza salvaje lo es. La vida tiene mucho de difícil y también mucho de cruel, aunque queramos romantizarla constantemente para hacerla más llevadera, que me parece maravilloso y perfecto, pero la realidad difícil de digerir va a seguir ahí aunque cerremos los ojos apretándolos con fuerza. 

En la vida hay dos clases de personas, como os digo, los que con la dificultad y la adversidad se mueren en vida o huyen aterrados buscando el consuelo de las faldas de su mamá y los que asumen que la adversidad está ahí, que hay que hacerle frente y que muy posiblemente ese contacto con lo adverso también cambiará quienes son ellos, pero eso es algo inevitable y que forma parte del crecimiento y de la madurez. 


lunes, 11 de enero de 2021

La magia de sostener:

 



Lo más difícil que vas a hacer en esta vida es sostener. Sostener a quienes quieres y amas. Sostener a quienes acompañas. Sostener la fragilidad, pero también las sombras, sostener frente a la dificultad para impedir que todo se fragmente. Sostenerte a ti y sostener a otros. 

Esa es la mayor dificultad. Es una prueba de valor, de esfuerzo, de fortaleza y de confianza. Sostenemos a los demás cuando los sentimos vulnerables, pero también cuando dentro de su propio recorrido muestran sus características más inseguras. Nos enseñan a irnos rápido, a tirar la toalla y abandonar. Y está bien hacerlo, pero no siempre. Hay algo que terminamos identificando con la madurez de los años y la sabiduría adquirida y es el reconocer lo que vale la pena. Y está bien dicho "vale la pena", porque en la vida hay mucha pena, unas cuantas alegrías, pero sobre todo hay mucha adversidad. Vivir es un trabajo dedicado a las almas valientes. 

Uno no aprende a sostener de la noche a la mañana. Pero aprende con error y acierto. Aprende con el corazón y con voluntades llenas de consciencia, transparencia y cariño. Si las personas no aprendiésemos a sostener, habría muchas cosas en nuestra vida que no podríamos construir y entre las más importantes se encuentran nuestras conexiones emocionales. 

Sostenemos la mano de alguien que llora su propio duelo, sostenemos la mano de alguien que tiembla de miedo, sostenemos en un abrazo a alguien enfurecido por la frustración, sostenemos la mirada de alguien que nos encanta, sostenemos las sonrisas de alegría cuando compartimos diversión, también sostenemos cargas como pensamientos, sentimientos, obligaciones... Sostenemos desde la empatía y también desde la admiración. Sostenemos lo peor de las personas que consideramos importantes en nuestra vida, porque sabemos que son algo más que esas noches encapotadas oscuras y tenebrosas. Sostenemos porque quizás de forma recíproca esas personas también nos hacen sentir sostenidos cuando lo necesitamos. 

Sostener no es constante, no es algo que alguien nos empuje a hacer, no es todos los días... Es el momento correcto, en el segundo preciso... Así funciona el sostener. Cuando al mirar con los ojos del alma vemos al otro caer a un abismo, un profundo abismo dentro de su experiencia de vida, dentro de su existencia. Entonces lo sostenemos, antes de que se precipite sin solución y se estampe contra la oscuridad. 

Sostener es salvar a los demás de lo difícil del entorno y de lo difícil de si mismos. Y es, sin duda, el gesto más generoso y amoroso que podemos compartir. 

En la vida no se necesita mucho para ser feliz, pero saber sostener y que nos sostengan es sin duda una de esas piezas de valor incalculable que añaden bienestar. Dejemos de huir, de abandonar, de rendirnos... Y aprendamos a sostener, los que nos acompañan son tan frágiles como nosotros mismos.

miércoles, 2 de diciembre de 2020

La efímera belleza del tiempo:

 


La efímera belleza del tiempo que avanza sigiloso convirtiéndose, rápidamente y de manera inevitable, en pasado. Soy muy consciente de todo el tiempo que he perdido, a pesar de mi juventud. Cuando me di cuenta de que había tirado un año de mi vida sin vivirlo, sufriéndolo más que disfrutando, caí en la cuenta del valor tan increíble que tiene cada minuto irrecuperable. 

Desde entonces me propuse hacer algo más con cada segundo. Me propuse valorar la presencia de los que amo, ser cortés con su existencia y apreciar con gratitud cada segundo que comparten conmigo. 

La efímera belleza del tiempo es lo que te recuerda que han pasado más años de lo que crees, te das cuenta al ver la foto más antigua de tu galería. Te das cuenta cuando un recuerdo intrusivo cruza por tu cabeza. Te das cuenta cuando te miras al espejo. También te das cuenta cuando te escuchas hablar o cuando miras a tu entorno y ves el cambio que hay en ellos, ese que tanto te cuesta reconocer a ti pero que también está en tu interior. 

La efímera belleza del tiempo nos hace estar más presentes, pero solo si somos testigos presentes de su avance. Y es que el tiempo nos empuja a aprovechar las cosas de verdad. El mismo tiempo nos sana y nos vuelve a llevar hacia caminos de aventura, de amor, de atrevimiento, de decisiones... Y lo único que avanza es, como siempre, el tiempo. Es interesante cómo hemos intentado huir constantemente de esa realidad, porque nos acongoja la verdad que esconde el tiempo, y es que todo tiempo tiene un fin y un final y en ambos polos nos sentimos incómodos. Sin embargo, la disyuntiva de esta situación se encuentra en que si uno es capaz de valorar el tiempo, exprimirá aún más su propia vida y su propia existencia, he ahí la belleza del tiempo, la cual a su vez es efímera como el propio tiempo.

No resulta extraño escuchar a nuestros mayores hablando de su pasado, como si fuese algo que ocurrió ayer. Las arrugas de su piel nos indican que esa historia tiene como mínimo 20 o 30 años, aunque en sus recuerdos esté imborrable y con la frescura que desprendía en aquel momento.

A menudo me ocurre que por mi manera profunda de vivir las cosas muchas personas de mi edad se sienten sorprendidas, miedosas, inseguras... Al escucharme hablar de esto. Sin embargo yo lo hago como una ofrenda, un regalo de quien desea que abras los ojos. Quién tiene consciencia sobre algo, puede sacarle más poder, más valor y disfrutarlo mejor. 

Si te dijesen cuándo vas a morir, dejarías de procrastinar las cosas y a las personas que te importan por otras decisiones que no suman ni aportan calidad de vida. Ese es el truco, no lo sabemos, solo somos conscientes de una certeza: el tiempo avanza. 

El tiempo avanza y es por eso que deberíamos vivir más. El tiempo avanza y es por eso que deberíamos amar más. El tiempo avanza y por eso que deberíamos abrazar más, bailar más, esforzarnos más... Pero que esto no lleve al lector a una vana idea equivocada de un "carpe diem" irresponsable. No va por ahí la intención de este texto. Intento acompañarle a observar las cosas que tienen un valor más emocional y sentimental, precisamente esas cosas que infravaloramos en un mundo de materia superficial, de inmediatez y de ligereza. 

Hemos llenado nuestro tiempo de vacíos, no de personas. Hemos llenado nuestras conexiones de superficialidad, no de profundidad. Nos hemos puesto una venda en los ojos, pero el tiempo avanza. Avanza con su belleza y también con todo aquello que rechazamos de su avance.

El tiempo nos lleva a despedidas, esperadas e inesperadas. Nos lleva a la vejez, donde a menudo nos sentimos orgullosos por haber vivido un pasado donde preveníamos o nos arrepentimos por haber vivido un pasado sin pensar más allá del ahora. El tiempo nos lleva a un instante donde quizás nos paramos a pensar en como habrían sido las cosas si fuesen diferentes. Y nos lleva a madurar. 

El tiempo es uno de nuestros compañeros más fieles, siempre está ahí, nos enseña sobre humildad, sobre perdón, sobre progreso, sobre errores, sobre sabiduría, sobre amor y también sobre nosotros mismos. El tiempo es el maestro que nos hace ver la vida y la muerte, mientras nosotros seguimos caminando. Y esto no es malo, uno no se debe aterrorizar por lo natural y por lo inevitable, uno debe ser consciente de que esas cosas ocurren para poder sacar el mayor partido de lo que ahora tiene. Sólo así comprendes la efímera belleza del tiempo. 

lunes, 30 de noviembre de 2020

Mujeres y humor:

Uno de los actos más revolucionarios, y que durante mucho tiempo fue señalado y condenado, es el de una mujer con iniciativa para hacer reír y capacidad para crear un contexto gracioso. 


El humor está muy sexualizado, prácticamente desde que el ser humano es lo que es. Porque la mujer siempre ha sido delegada, relacionada, empujada... Hacia lo más "sutil", lo más frágil, lo que solo llama la atención con su belleza, nada de usar el ingenio, nada de usar la inteligencia, nada de superarse a si misma, nada más allá de las establecidas cadenas que el sistema ha impuesto.

En los últimos años existe una revolución, latente, en el mundo del humor de mano de muchas mujeres. Lejos de inundarnos con un humor suave, apto para todos los públicos y cándido, como mucha gente espera de un producto hecho por mujeres y para mujeres, estas humoristas se animan con algo más y rompen la tan tóxica y paralizante idea de que la mujer no puede hacer reír con el absurdo, con lo soez, con lo vulgar, con lo idiota o con lo sexual. 

El humor es un acto, un signo y una demostración, de inteligencia. Sin duda quien sabe reírse, incluso de si mismo, está en otro nivel de inteligencia. El humor ayuda a gestionar ideas, sentimientos, emociones... Y a relativizarlo, eso nos libera de los pensamientos intrusivos. El humor añade chispa, pero además nos ayuda a pensar de otra forma. Las maneras en las que el humor se ha ido mostrando en cada sociedad han avanzado de acuerdo a las libertades y a la evolución de cada sociedad. Los humores son diferentes según esa influencia de país, de lugar de procedencia, de cultura. Como acto, signo y demostración de inteligencia el humor no era bien visto si se llevaba a cabo a través de las mujeres; incluso en los rituales de ligoteo la mujer es la que ríe y el hombre quién le hace reír. 

Por suerte esto está cambiando. La confundida imagen de que la mujer no puede reír o hacer reír desde lo absurdo, que tiene que estar cuidando su imagen sobre aquello que le hace soltar una carcajada, está transformándose. La mujer, como el hombre, desde su plástica inteligencia tiene la capacidad para reír y hacer reír desde lo más tonto hasta lo más inteligente. No tenemos que estar guardando una apariencia sofisticada que nos asfixia y nos impide reír de todo, la mujer puede utilizar el humor de la misma manera que un hombre y disfrutar en igualdad de condiciones.

Una mujer tiene la misma capacidad que un hombre para hacer reír desde el escenario, ya sea hablando de los últimos y más ridículos polvos que ha echado, hasta pasando por la burda imitación, pero desternillante, de algún personaje público. Y es que en el momento que nos impidieron todo eso, nos separaron sin duda de una forma fundamental de expresión y conexión. 

Reír, hacer reír, tomarse las cosas desde el humor, consumir productos cómicos (monólogos, programas televisivos o de radio, series, películas...) es una esencial manera de conectar con el mundo, no sólo de forma individual, también compartiendo. Porque resulta esencial que, por ejemplo, en amistades o relaciones sentimentales los implicados compartan las mismas formas de humor, la risa es el lubricante natural por el cual penetra la felicidad. Saber reír de las mismas cosas es sin duda un placer indescriptible. Hacerse reír mutuamente y conectar, desde esa dialéctica al mismo nivel de humor, es un pegamento maravilloso para todas las relaciones sociales. Y de todo eso, de todas esas implicaciones y de muchas más que me he dejado en el tintero, es de lo que nos separan cuando se clasifican las formas de humor como masculina y femenina, dividiéndolas e impidiendo cruzar las falsas fronteras construidas por los estigmas sociales que hemos ido heredando. 

 

viernes, 27 de noviembre de 2020

Sensibilidad e independencia:

 

La sensible inocencia de un niño le empuja a proteger un gato de la lluvia con su propio paraguas.

A menudo se asocia la sensibilidad con un concepto débil, frágil y estrechamente ligado a la codependencia. El mal pensar genérico nos hace creer que todas las personas sensibles son frágiles, poco resolutivas, necesitadas de apreciación externa, sin capacidad para encontrar soluciones, sin ímpetu para tomar decisiones, sin valor... Como almas en pena que necesitan sí o sí del empuje de otros para caminar en su propio sendero. 

Se asocia sensibilidad con un perfil delicado, donde una persona puede llorar constantemente, duda de si misma o no tiene la voluntad ni la capacidad para defenderse o poner límites. Es como si asociásemos la sensibilidad a todo lo que nos convierte en alguien incapaces, hasta un punto donde pensamos que las personas sensibles no pueden hacer nada. Pero esto no es así.

Yo voy a partir desde mi propia percepción, que puede ser parecida, igual o diferir de la percepción del lector que me está presentado ahora atención... Sí, puede que Ud. y yo tengamos una opinión diferente en esta cuestión. Me gusta considerar que la mayoría de personas son sensibles, cada humano con su grado de intensidad o profundidad, algo que no les convierte en alguien mejor o peor, simplemente en alguien diferente. 

La sensibilidad es la capacidad para sentir, sin ella no podríamos querer, encariñarnos, defender lo que nos parece injusto, no podríamos empatizar... La sensibilidad también nos empuja a construir nuestra vida personal, nuestros lazos sociales, nuestras conexiones emocionales. Teniendo en cuenta esto, podemos imaginar que como decía todos somos sensibles con sensibilidades diferentes, con niveles distintos. Hay personas que se caracterizan por tener una sensibilidad a flor de piel, pueden proyectarlo/exteriorizarlo o pueden llevarlo por dentro.

Sensibilidad no es solo llorar por una situación emotiva, muchas personas son sensibles y apenas lloran. Sensibilidad es sentir, lo quieras compartir, mostrar, expresar o no. Por otro lado, la codepencencia y la sensibilidad pueden coincidir en un perfil de persona o puede que no, pero ambas características son divisibles la una de la otra. Sin embargo, desgraciadamente, nos han hecho creer lo contrario y eso ha empujado a que intentemos ser lo menos sensible posibles, porque no vaya ser que por sentir nos pongamos a depender y eso sería la ruina de nuestra existencia. 

De forma objetiva habría que analizar la dependencia. Y me explico, para todo se necesita depender aunque según la cantidad la dependencia es sana o insana. Dependemos del sentido de pertenencia que es el que nos empuja a "sentirnos parte de algo" en la familia, en el grupo de amigos, en el equipo deportivo, en el equipo de trabajo e incluso en una relación sentimental. Sé que muchos, empujados por el miedo y el desconocimiento, al leer esto negaran rotundamente... Les doy un consejo: no nieguen nada con rotundidad, déjense sorprender por la vida. 

Ahora que entendemos que existe la dependencia sana, porque está ahí y es lo que nos empuja a sentirnos parte de algo (forma parte de la naturaleza humana) seguiré desmigándoles sobre la sensibilidad. La sensibilidad es fundamental para un mundo más empático ¿saben quienes carecen de sensibilidad? Psicópatas, narcisistas y perfiles parecidos. 

La sociedad nos hace asociar solo algunas formas demostrativas de sentimientos como sensibilidad y muchas de ellas, como decía, las etiqueta de algo negativo para nuestro propio desarrollo. Considero que estamos en el momento más importante de nuestra vida para de-construir esa forma de pensamiento y transformarla en algo más evolucionado. En resumen considero que existen tantas formas de sensibilidad como de personas hay en el mundo y que ser sensible no está reñido con aprender a ser independiente, individual y resolutivo de forma saludable. 

Es más, me atrevo a decir que muchas personas que son independientes, resolutivas, fuertes... Y que lo han demostrado a lo largo de su vida, son a su vez personas con una alta sensibilidad. Porque precisamente la sensibilidad es la que nos empuja muchas veces a la superación, pero también a la colaboración, a la ayuda, a la transformación, a la re-construcción... Sentir las cosas es lo que nos enseña, de buena y mala manera, a tomar mejores decisiones de forma autónoma y decidida. 

Me parece prioritario dejar de vincular conceptos y perfiles humanos, creo que es urgente y esencial comprender las cosas por separado y no confundirnos más. Las personas sensibles también maduran su sensibilidad, tienden a ser introspectivas y responsables emocionalmente, procuran adelantarse a acontecimientos emocionales y por eso son precavidos. 

La codependencia es una necesidad por falta de confianza en uno mismo y falta de valoración personal, que muchas veces se ve proyectada como una desbordante cascada donde el individuo busca desesperado en el exterior lo que no es capaz de aceptar en su interior (o de aportarse) ocurre en personas que no saben estar solas, personas que sienten un vacío que les aterroriza. No todas las personas sensibles son codependientes, ya que muchas aman su soledad porque les ayuda a poner en orden sus pensamientos y a gestionar mejor las emociones y las emociones de las que se han impregnado en sus entornos. 

lunes, 23 de noviembre de 2020

No cuantifiques el amor:

 

Una madre se sacrifica para tirarse años de misión y así conseguir el dinero que dará una vida mejor a sus hijos. El sacrificio es también una forma de amor cuando se hace por un bien mayor. 

Somos el resultado del amor. Del amor que ponemos en nuestras acciones, del amor que nos sentimos hacia nosotros mismos, del amor que otros sienten también hacia nosotros, del amor que sentimos hacia otros. Una parte importante de nuestras acciones y decisiones se basan en amor, otras no y nos gustaría que fuese que sí para poderlas justificarlas con lo que da más "razón de ser" a nuestra existencia.

Necesitamos formas de amor en nuestra vida, aunque vivimos acojonados, sin embargo nos empapan a diario. Vivimos acojonados, acongojados, miedosos... Porque asociamos la palabra "amor" a una única realidad, rígida, inmóvil, sólida... Sin embargo, amor son muchas cosas, algunas puede que ya las conozcas y otras puedes que las vayas a conocer ahora. 

Las formas de amor son inescrutables e infinitas, empezando por el amor que nuestros progenitores o tutores han puesto en nosotros, pasando por otros gestos como la generosidad de los que nos rodean, la ayuda que nos ofrecen quienes nos valoran, la apreciación de nuestros amigos o el cariño de nuestra pareja. Hay muchas formas en las que el amor está presente, desde un sincero y honesto "Hola, ¿cómo estás?", hasta un hermoso "deseo que hoy tengas un buen día". Formas de amor también son cuando alguien nos recuerda nuestro valor personal, sobre todo cuando nos ve de capa caída, taciturnos y embriagados por la tristeza. 

Las buenas intenciones también están impregnadas de amor. Los detalles en lo cotidiano rebosan amor. Que alguien se presente en nuestra casa con un pack de cervezas y una divertida película para pasar el rato, es otra forma de amor. La mayoría de los seres humanos tenemos la capacidad de amar, ocurre que hemos asociado el verbo amar, y el sentimiento, a una única verdad absoluta, despojándolo de su innata polivalencia para aparecer en cualquier instante de nuestra vida. Todas nuestras relaciones personales se basan en formas de amor: el compañerismo, la amistad, las parejas, la familia... Todas ellas son estructuras que se consolidan en formas de amor. 

Las formas de amor también son los agradecimientos, las risas, el cuidado físico, las llamadas, los mensajes, los buenos deseos, las caricias, los abrazos, los besos y el sexo. El sexo es una de las formas donde el humano puede explorar la forma más física y salvaje del amor. Existen tantas formas de amor, de demostrar afecto, como de personas hay en el mundo.

 Desgraciadamente seguimos cuantificando el amor, lo hacemos cuando ponemos una etiqueta de "mejor amigo" a alguien que queremos, lo hacemos cuando preguntamos si nos quieren mucho o más, lo hacemos cuando intentamos introducir algo etéreo, pero sentido, en unos moldes de hormigón establecidos por nuestra incapacidad para vivir sin etiquetas. 

No cuantifiques el amor, el amor se da en la medida que se puede en cada circunstancia, con cada persona o animal y en cada momento. El amor cambia, las formas de amor cambian, ellas se adaptan a nosotros y nosotros nos adaptamos a ellas. El amor no desaparece, solo cambia de lugar, solo se transforma en otra forma diferente. Dicho de otro modo, una amistad puede evolucionar a un amor en pareja y un amor en pareja puede evolucionar a una amistad. Ahí el amor no se ha ido, se ha cambiado de ropa pero sigue presente. Todos tus vínculos, todos lo que te importan, están nutridos con amor, porque no podría ser de otra forma. 

No cuantiquéis el amor, solo podemos vivirlo. No imaginéis el amor como las películas donde te enseñan que todo es un camino de rosas, el amor es un ejercicio diario contigo mismo y con los demás. Todos los días decides amarte, quererte y valorarte, todos los días das pasos para tu mayor bien, para mejorarte, para superarte... Igual haces con las relaciones que te rodean, tú decides seguir alimentándolas y cuidándolas por el amor que os une. Es una decisión diaria, empujada por nuestra parte más sensible, por nuestra parte más humana. 

Asociamos con rapidez el amor como una decisión loca que nos empuja a hacer cosas absurdas, como si eso fuese lo único a lo que nos lleva. El amor a los amigos te lleva a crear una familia, a base de decisiones, que son el respaldo y la compañía en tus momentos de dureza, quienes te protegen las espaldas en las trincheras de la vida. Y así con todos los amores de tu vida. No es una idea utópica o absurda, no es un cuento infantil, porque lo cierto es que lo que nos empuja a sentir cariño hacia los demás es el amor y sin cariño no hay amistad, no hay confianza, no hay uniones, no hay conexiones. 

El amor nos hace madurar y crecer. Todas las formas de amor nos llevan hacia esa meta, nos guían por ese sendero. Porque conforme más años tenemos, somos más capaces de diferenciar qué es el amor para nosotros y qué no, somos más conscientes de cómo cuidarlo y protegerlo, también de qué formas de amor encajan mejor con nosotros. Ya no nos vale cualquiera, la madurez de la vida y hacia la que nos ha llevado también nuestro amor propio nos hacen darnos cuenta de que nuestros deseos, decisiones, nuestra alma o nuestra esencia encaja en unas u otras formas de amor, y no en esas donde tantas veces nos habíamos esforzado por hacer "click".

Amor también es sacrificarse. Sacrificarse para uno mismo, pero también sacrificar algo que te importa para los demás. En la vida vas a tener que aprender a vivir entre el polo del egoísmo sano y el polo del desapego o sacrificio, a veces tendrás que soltar cosas, dejarlas ir o dar en abundancia hacia otros; la paradoja del amor y de sus infinitas caras. 

 No cuantifiques el amor, no lo hagas tampoco en años, ni en meses, ni en días... Se puede sentir amor por las personas durante toda la vida, incluso aunque ya no las veas más. También se puede sentir amor verdadero durante un instante, durante años, durante días... Y que luego ese amor cambie de nuevo. El tiempo es relativo y muchas veces, para las cosas que realmente importan, el tiempo es irrelevante.

No cuantifiques el amor pensando que amabas más a unas personas que a otras, porque el amor no tiene una báscula donde le puedas poner un peso y desde ahí un valor de mayor o menor, tampoco tiene una unidad de medida, ni una unidad de magnitud o numérica. El amor escapa a esos esquemas lógicos repletos de cálculos. No se quiere más o menos a la gente, se la quiere diferente. No se ama más o menos a la gente, se le ama diferente. 

Hasta que no logres entender esto, no podrás ser testigo consciente de cuántas formas de amor entran en contacto contigo a diario y cómo al interactuar contigo dan un valor incalculable también a todas tus experiencias, incluso a las cotidianas. 


sábado, 21 de noviembre de 2020

Personas que son sanación:


No podemos dividir a los que amamos de lo que han vivido, aunque nos moleste. Ni ellos pueden dividirnos a nosotros de lo que nosotros hemos vivido, aunque les pese. No se puede separar el "ser" de lo que éramos y vivimos en aquel entonces, sin embargo, sí podemos introducir luz en nosotros y en ellos. Nada es inmóvil dentro de nosotros, incluso aunque forme parte de un pasado que ya no podemos modificar.

Resulta que ese sentir en nuestro interior aún está dispuesto a una nueva transformación. En ocasiones ocurre que nos hemos empecinado tanto en querer transformar algo, que al no encontrar resultado hemos arrastrado una amarga sensación de frustración y de cansancio, pero ¿quién podía adelantarnos que algunas de esas marcas en nosotros existen para otros? Dicho con otras palabras, a veces esa "magia" de la vida (para aquellos que aún están abiertos para, hacia, algo más en la vida, separados de los significantes lógicos y que a veces resultan vacíos) tenía un plan tan bien cosido que en el fondo hasta la vivencia más dolorosa parece tener una conexión directa con algo que nos ocurre en el futuro y en ese futuro hay "otros"; "otros" que observan lo que somos, lo que fuimos y posiblemente lo que creerán que seremos. 

Otro(s), que con sus intenciones introducen luz en nosotros, en una realidad donde nos tocó soportar un sufrimiento y ahora "otros" comparten dulces bálsamos que nos calman. Y quizás ahí encontraremos esa razón de lo que ocurrió... Porque los capítulos de la vida se siguen de cerca, inter-conectados a través de nuestra propia existencia y conforme sigamos existiendo serán todos esos "capítulos" consecutivos y relacionados. 

 Hay personas que llegan a nuestra vida como un poderoso rayo de luz, no se sabe durante cuánto tiempo estarán porque la vida es caprichosa y nosotros, a veces, aún somos niños en pañales tomando decisiones de adultos. Llegan personas que sin decir nada lo están diciendo todo. Personas que sanan, así como las hay que hieren, pero las primeras nos hacen conectar con algo nuevo que en un camino áspero y duro resulta como la fragancia de una flor salvaje, inesperada, con la que nos hemos cruzado una mañana que decidimos hacer senderismo por el campo. No es un aroma que reconozcamos, no es el picazón de una ortiga que nos irrita... Esto es algo nuevo, una forma de amor que entra en nosotros y nos ayuda a conectar con el entusiasmo aunque solo sea por un segundo. Es una forma de esperanza que nos aporta brisa fresca.

Porque igual que existen personas que hacen daño, que duelen y destruyen, también las hay que sanan, que construyen y que aportan. Y quizás, todas aquellas personas que te destruyeron solo estaban haciendo hueco dentro de ti para que otras llegasen y que con la innata conexión humana te ayudasen a construir algo nuevo, algo que no podrías haber empezado a edificar dentro de ti si no se hubiese creado ese hueco, ese vacío, con aquella amarga destrucción. Quizás tenemos un espacio limitado dentro de nosotros.

                     - quizás todo estaba mágicamente planeado para que estés en este presente y no antes. 
 


miércoles, 5 de agosto de 2020

Necesitamos abrirnos y amarnos más:



Hemos normalizado lo más endemoniado del mundo: el refuerzo negativo. Vivimos esperando esa puñalada, ese dolor y lo tenemos tan integrado que es como si fuese parte de nuestra rutina. Lo positivo nos genera rechazo, desconfianza... Como la caricia que un perro recibe después de una vida de maltrato. 

Y es que esta sociedad se ha perdido demasiado en si misma y en su deshumanizada naturaleza, hemos dejado de nutrir lo importante y parece que nos da igual cómo eso repercute en el interior de aquellos que están con nosotros. Pero llega un día en el que nuestro interior, harto de esa falta de cariño y de amor, explota porque ya no puede más... Y es normal. 

No somos consecuentes de la cantidad de veneno que tragamos a diario porque lo justificamos, pensamos que eso debe ser lo común y que es inevitable. Veneno en ambientes personales, profesionales... Que poco a poco van mermándonos y llevándonos también a envenenarnos a nosotros mismos, de forma autómata y sin necesidad de que nadie nos empuje a ello. 

Estamos acostumbrados a que no nos digan nada bueno de nosotros y pensamos que no lo necesitamos, nos enfriamos con esa actitud sin darnos cuenta... Pero llega un momento que con tanta carencia lo único que quedan son durezas. Nos miramos al espejo y ni siquiera somos capaces de reconocer que hemos perdido brillo en la mirada, como si la tristeza se hubiese instaurado en la profundidad de nuestra esencia sin poner fecha límite para abandonarnos. 

Nos hablan mal jefes, compañeros, vecinos, gente por la calle, familiares, algunos amigos... Casi de manera reiterada y esputando una cantidad de odio, asco y rechazo que no es normal. Hemos dejado de desear los buenos días caminando por la calle y nos parece extraño y sospechoso, así como peligroso, si una persona desconocida nos saluda con una sencilla sonrisa. Nadie nos recuerda qué hacemos bien y entre tanto machaque se nos olvida a nosotros mismos también recordárnoslo, así creamos una nueva versión de nosotros; dubitativos, agotados, emocionalmente heridos, inseguros y dañados. 

Estamos acostumbrados a los ruidos estridentes, a los silencios incómodos, a la excusa para no sentir, a huir cuando algo parece profundo, a quedarnos sobre superficies contaminadas, a llorar mucho más que a reír. Estamos acostumbrados a caminar abatidos, con tiros en nuestro interior y a enseñar los dientes si una mano amiga se acerca a ayudarnos para darnos un poco de amor. Vivimos en modo automático, desilusionados, sin ganas, intentando separarnos lo máximo posible de los demás porque tenemos miedo a que "los demás" sean quienes decidan separarse de nosotros y antes de caer heridos por eso, nos aislamos en nuestra propia cueva de protección. Nos pasa a todos. 

En ocasiones nos volvemos adictos a los productos melodramáticos que hablan de sufrimiento, consumiendo en bucle mil productos de dolor, de desamor, de desilusión, de tristeza... Como si no pudiésemos estar ni un solo segundo sin esa dosis. Y finalmente, ocurre que nos sentimos asfixiados por esa sobredosis innecesaria de negatividad. Para cuando queremos darnos cuenta nos hemos vuelto pálidos, opacos, grises y no recordamos el último ataque de risa que nos dio, ni la última vez que disfrutamos como niños. Para cuando queremos darnos cuenta ya no podemos mirar con los ojos del alma, ni asombrarnos por las cosas pequeñas, ni disfrutar los detalles que no tienen precio pero tienen un valor incalculable. 

Deambulamos con excusas, con pesos, con cargas, con frenos y con miedos... Y todos ellos parecen llevar las riendas de nuestra vida. No nos permitimos darnos una oportunidad más porque pensamos que así es mejor, sin arriesgar y en nuestra zona de confort donde nadie puede venir a hacernos daño, pero tampoco nos pueden venir a sentir, a cuidar, a amar, a acompañarnos. 

Estamos agotados mentalmente y también "corazonadamente", este duelo de titanes en nuestro ser nos pasa factura, nos envejece antes de tiempo y nos lleva a paralizarnos por completo. Es en esa paralización donde seguimos tolerando lo intolerable y seguimos huyendo de lo único que quizás nos estaba aportando un poquito de luz entre tanta bruma densa. 

A veces no tenemos problemas grandes exteriores, pero tenemos tanta falta de amor del entorno que eso nos genera un problema mucho más grande. Porque anhelamos ese apoyo, esa luz y esa sensación, no somos adictos... Somos humanos sociables que viven en comunidades, que necesitan conectar para dar un sentido a su existencia. No somos sequoias canadienses que emergen solitarias en altas cordilleras montañosas donde observan cómo sale el sol o cómo ruge el océano a lo lejos, somos seres con piel y como siempre digo... Lo que nos late por dentro es un corazón, no un hueso. 

Nos tratan mal y agachamos las orejas. Nos tratan bien y nos alejamos. Sumergidos por completo en ese circulo vicioso pasamos años y el tiempo no se recupera. Y lo único que queremos es cariño y el que diga que no, se miente a si mismo. 

A todos nos sienta bien que nos digan que somos valiosos y suficientes, porque nos hace sentir descansados... Toda una vida luchando por dar lo mejor de nosotros, aunque sea con palos de ciego, para que nada ni nadie nos diga que lo estamos haciendo bien. Las palabras que oímos y leemos no son solo meras palabras sin sentido, son la forma en la que otras realidades interactúan con nosotros. Con las palabras uno también crea, genera y consigue cosas. 

A todos nos sienta bien que nos digan que nos quieren, porque precisamente eso da un sentido extra a nuestra vida. Me hace reír la gente que me dice "a mi me da igual que no me quieran" yo sé que eso no es cierto, de hecho normalmente quienes dicen eso son quienes más necesitan ser queridos. Cuando un hijo o una hija recibe de sus padres un "te quiero" una parte dentro de si se siente aliviada y sanada automáticamente, pero hemos nacido en un mundo donde ni se dice ni se demuestra y parece que cada día eso está más de moda. 

A todos nos sienta bien que nos digan que somos importantes, que no estamos solo de paso, que hay algo más que nos hace estar aquí. O que nos digan que somos buenos profesionales, grandes amigos, buenos compañeros, buenas personas... Cuando conseguimos hacer que alguien tenga un día mejor, aunque sea solo con las palabras, nos damos cuenta de lo que aquí estoy escribiendo y que no se tiene en cuenta tanto como deberíamos. 

Nos estamos deshumanizando a pasos agigantados y me preocupan especialmente esas nuevas generaciones que nazcan en un mundo donde la gente no sepa apoyarse los unos a los otros. 

Tendríamos que poner de moda amar de nuevo. Y no amarnos solo a nivel pareja, amar todo. Amar a tus amigos, amar lo que haces, que te amen a ti por quién eres y cómo eres, que ames las cosas que a priori parecen insignificantes, que ames el hecho de la que la gente te está ofreciendo algo que no te va a recuperar jamás: el tiempo. Pero sin embargo, lo que prima es la competición, el pisar al otro, la lucha constante, el imponer, la ausencia, los ghostings, la falta de responsabilidad afectiva (no solo en pareja, también con amigos o familia), la falta de empatía, el egoísmo, la falta de comunicación... Y por supuesto, las corazas. 

Hasta Milan Kundera en su libro "la insoportable levedad del ser" deja por escrito que el amor es algo fundamental para la vida, para el hecho de vivir. Porque quizás el amor sea la única medicina efectiva para la consciencia humana. 

lunes, 3 de agosto de 2020

3 de agosto:


Leon el profesional. 

Y aunque el tiempo pase, habrá heridas que sigan sangrando. Una vez que se rompe la parte más valiosa de ti, nada vuelve a ser igual que antes de ese suceso. Porque entre tanta rotura y batalla, lo que realmente estamos buscando con nuestros pasos son lugares donde estar a salvo, sentirnos protegidos y poder respirar mientras alguien nos cubre las espaldas por un instante, luego volveremos otra vez a esa zona de conflicto, pero mientras por un segundo necesitamos esa protección, ese cariño. 

Valientes aquellos que no han perdido la humanidad, a pesar de la adversidad. Valientes aquellos que no han perdido los principios, a pesar de los golpes. Valientes aquellos a los que les cuesta horrores seguir caminando, pero no se rinden ni se lo plantean. Valientes aquellos que incluso hartos, hechos jirones y destrozados, cuando te miran a los ojos te sonríen y te preguntan cómo estás, a pesar de que quienes merecen esa pregunta son ellos antes que nosotros. Valientes aquellos que aguantan con su mejor temple y no pierden esperanza. 

Todos hemos sido revoleados varias veces en el pasado hasta llegar a este presente, convirtiéndonos entonces en personas muy diferentes. A veces echamos un vistazo a los recuerdos, a los cuadernos, a las memorias, a las fotos... Y cae de golpe y porrazo la realidad de cada suceso. Volvemos a sangrar de nuevo donde nos hirieron, volvemos a sentirnos abatidos, volvemos a sentir esos pedazos que se rompieron y que pensábamos que ya no teníamos o que se habían ido. 

La vida no es un camino de rosas para nadie que merezca la pena, es una prueba continua de voluntad, intención y principios. Es un examen para el alma y para el corazón. Nos rompemos, nos recomponemos como podemos y salimos de nuevo al sendero y así infinitas veces hasta que ya no estamos más aquí.  Nuestros espíritus son valientes por elegir esta experiencia por encima de cualquier otra, por habernos traído hasta aquí, porque aunque pensemos que no... Siempre estamos preparados para todo aquello que pueda venir. 

El mejor regalo que podemos recibir es un lugar donde sentirnos completamente seguros y poder entonces ir cosiéndonos, poco a poco, con lo que aún nos quede, con lo que no se ha esfumado. El mejor regalo que podemos ofrecer es permitir a los demás abrirse frente a nosotros y hacerles sentir que es un lugar sagrado, un encuentro importante, una conexión valiosa... Y que no serán juzgados por sus brechas, sus heridas, sus cargas, sus llantos, sus miedos, sus pánicos, sus inseguridades, sus percepciones... 

La vida muchas veces es, literalmente, una mierda pero sería mucho más llevadera si entre todos nos cuidásemos con empeño para sentir que aunque estemos a cachos, aunque nos falte de todo, aunque no podamos con lo que vamos cargando... Hay alguien que nos abraza y nos permite apoyarnos hasta recuperar fuerzas de nuevo y devolver ese valioso gesto haciendo lo mismo. 

Si no hacemos esto, solo somos zombies perdidos dando tumbos sin sentido dañando por el odio almacenado, por la falta de amor, porque nadie nos ha dejado expresar con honestidad nuestros sentimientos y estos quedan presos en nuestro interior pudriéndonos conforme pasa más tiempo. 

domingo, 26 de julio de 2020

El alud de Kali:


Me han dado tantos palos que aún quedan moretones hasta en zonas inexistentes de mi ser. Se me rompió la sonrisa del alma con una innumerable cantidad de hostias, se fragmentó mi motivo de existencia al poco de tomar consciencia de mi misma y hay una parte de mi que murió y que jamás volverá. Quizás sea esa a la que siempre echaré de menos. 

A pesar de los daños y a pesar de los años, siempre me propuse ser la mejor versión de mi misma y desgraciadamente no es algo que pueda cumplir a diario. Todo esto me hace bailar entre el miedo y el amor, en un vaivén no apto para personas que sufran de vértigo.

Adquirí patrones que detesto porque fueron los únicos que me mantuvieron a flote, empecé a fumar a la edad de los 26 años porque la vida me consumía tanto que quise tomarme algo que me diese una pausa entre tanta guerra, a pesar de destruirme por dentro... Ya me sentía llena de escombros.

A nadie le recomendaría pasar ni por la mitad de lo que he pasado. Dentro de mí vive una bestia que lo único que le importa es que salga lo menos herida posible, cuida con recelo lo más importante de mi, porque es lo único que me queda. 

Empecé vidas desde 0 y las perdí con mucha más facilidad que como las construí, dejé mi confianza en manos que escondían puñales y he visto la traición detrás de la palabra familia. La soledad siempre ha sido una fiel compañera y gracias a ella, a pesar de mi carácter sociable, me he mantenido curándome las suturas del alma. Me gusta pensar que hay un cambio en mi, pero a veces creo que quizás es solo una falsa ilusión. 

Me he esforzado por no rendirme del todo cuando me quedé sin nada y aún hoy no siento cual es ese lugar donde encajo, como una pieza en este inmenso puzzle. Todo me llega directo al corazón y es que a pesar de las corazas y del radicalismo, lo cierto es que lo vivo todo tan intenso que parece como si las paredes de mi interior fuesen de papel de fumar. Dejé de serme fiel y sé lo que duele, es como una sensación de auto-rechazo y un castigo que se arrastra de por vida, porque esos recuerdos jamás se olvidan. 

Con pena, reconozco que cuando me sobrepasa algo soy un alud que embiste todo, escupo arrasando con lo que hay por medio. Aunque he de decir que jamás lo escondí, llevo tatuada en la piel el símbolo de esa parte de mi. No me hace mejor, pero intento consolarme sabiendo que dentro de mi hay dos yo: Kali y Adi Shakti. 

Kali, salvaje e irrefrenable. Adi Shakti con la luz más constructiva del mundo, la más potencial, la más poderosa desde esa claridad. 

A veces soy incapaz de sostenerme cuando el miedo se convierte en una ansiedad que me quita el poco calor que me mantiene estable. Y en contra parte, intento hacer del mundo un lugar mejor o aportar la comprensión que tanta gente a mi alrededor necesita. No me enorgullezco de mis propias sombras y de mi parte oscura, pero al menos soy lo suficientemente fuerte como para reconocerlas. 

Si me siento especialmente enamorada de mis amigos es porque todos ellos han visto todas mis caras y aún en el camino siguen conmigo, demostrando una intachable lealtad que está por encima de cualquier comprensión humana. Me llenan de amor recordándome lo mejor de mi misma y siempre me devuelven una sonrisa y una escucha activa que tiene un valor incalculable. 

Yo cuando digo algo lo cumplo, porque como muchos de mis amigos dicen "eres el ejemplo de la más pura integridad", pero eso no quita que para que esté ahí todos ellos han tenido que aprender a convivir con Kali para poder disfrutar después de Shakti. Esta metáfora con el hinduismo no es más que el claro ejemplo de luces y sombras que componen la propia vida y nosotros somos la vida hecha humanos. 

Yo he ondeado como la más valiente la bandera a favor del amor, creyendo en hacer todo por esta emoción y he terminado pisoteada sin saber ni siquiera qué había pasado. He perdonado lo imperdonable y he cedido ante lo más cruel. He perdido amigos por esa decisión, algo que no me perdonaré jamás... Y me he alejado, física y emocionalmente, de personas que eran mis pilares de existencia. Perdóname, resulta que ahora el amor me da un pánico que te cagas y cuando todo parece que puede ir por ahí como en un pequeño detalle parezca que no, Kali sale para arrasar con todo aquello que pueda hacerme volver a caer... Generando un caos destructivo. 

No tengo ni idea de muchas cosas importantes en la vida y a pesar de las profundas sabidurías en mi, muchas veces me siento como una niña desvalida y desnuda, perdida en cualquier sitio sin comprender cómo he llegado hasta allí. Me faltan muchas herramientas y posiblemente me sobran otras tantas, que quizás ya no sean tan necesarias.

A veces despertar algunos demonios internos míos es tan sencillo como un sutil gesto que de repente me ocasiona un infierno en mi interior. Me gusta escuchar canciones que hablan de que el equilibrio es imposible, me hace sentir mejor conmigo... A veces luz, a veces sombra, a veces sonrisa y a veces enseñar los dientes. A veces feliz y a veces triste.

No quiero seguir lamentándome, no eres el basurero emocional de mis errores, ni quiero que te conviertas en una lista interminable de cagadas que cometa a nivel emocional. Me hago cargo de eso... 

sábado, 25 de julio de 2020

Sparring emocional.



No somos sparring emocional de aquellos que no supieron vivir la vida desde lo más pleno de si mismos. Y hasta que no seamos conscientes de esto seguiremos atrayendo este tipo de personas, como polillas que se sienten atraídas por la luz o quizás nos sintamos nosotros atraídos por ellos.

Las polillas, en las noches cálidas de verano, se dejan freír en viejas bombillas que aún iluminan los porches de las casas bajas en pueblos y campos. Se chocan incesantes hasta reventar, a pesar de que saben que morirán y finalmente por los golpes o por el calor que desprende la electricidad, terminan fritas, muertas o exhaustas. La paradoja de sentirnos atraídos por lo que nos daña, la falta de valor hacia nosotros mismos... Y cuando ocurre de nuevo, ese amargo sabor de "otra vez".

Llegó un momento en mi vida en el que me di cuenta, no soy el sparring emocional de alguien que desordena sin permiso. Si quieres entrar, límpiate los pies, sacúdete el corazón y vístete con una sonrisa. Porque si diésemos el valor que tiene a cada ser humano, comprenderíamos la inmensidad de la belleza que cada uno porta dentro de su alma. Sin embargo todo parece lo contrario, entre complejos de polilla y desatada inocencia nos rompemos, nos dejamos romper, nos enredamos y nos permitimos herir.

Me faltará un ala, un montón de patas, pero resulta que ahora ya no me apetece perder mi sagrado tiempo en falsas luces, que lo único que hacen es asesinarte en los momentos de tu vida donde todo parece eternas noches de oscuridad. Y aunque caiga en el intento, soy más de buscar flores. Necesito el néctar de la vida, dejar de morir en la hazaña de intentar salvar a quien no sabe apreciar en plenitud los regalos de la existencia. No hemos nacido para sufrir, aunque la vida esté desgraciadamente rebosante de sufrimiento, porque a veces todo puede parecer una soez mierda repleta de purpurina, habrá momentos, segundos, instantes... Que darán un sentido a todas esas cosas que nos hicieron agonizar.

No nos volvamos a perder a nosotros mismos, ese es mi deseo cuando veo cruzar una estrella en el despejado cielo que observo tumbada en la orilla del mar. ¿Existe acaso algo más doloroso que estar vivo y no sentirte contigo? Yo ya sé a qué sabe esa basura, no podría volver a abandonarme, jamás. Prefiero los golpes por ser como soy, que los golpes por dejar de ser.

Me gusta ver las mariposas volando a la luz del día, ellas entendieron todo, no como esas polillas nocturnas... lejos de convertirse en Ícaro, las mariposas comprendieron la belleza de detenerse entre suaves vuelos, con una vida corta pero intensa, aprendieron a nutrirse de lo más hermoso de su entorno. Poder sentir como sus alas se mueven al ritmo de los latidos del universo. Y tomarlo como ejemplo.

El Principito decía "lo esencial es invisible a los ojos" y es que por los ojos nos dejamos embelesar con suaves juegos que poco tienen para aportar... Y si cerramos los ojos y vemos con claridad, distinguiendo qué es luz de verdad, qué es un pétalo y qué es la vida, sin esa adicción a las cosas que no podemos cambiar. Encontrar ese orden mental, conmigo. Compartir cuando siento que he logrado algo hermoso. Y vivir desde la felicidad, porque yo sé lo que es vivir sin felicidad y no quiero volver a esa sensación nunca más.

Me he prometido a mi misma que jamás dejaré de quererme. Y mi amor propio está por encima de cualquier otro amor, el sentido de mi vida nace del corazón que late cada día para mantenerme aquí y ahora. Quiero tatuármelo en la frente para verlo cada vez que me mire al espejo... La teoría la tengo muy aprendida, tocará ponerse con la verdadera práctica.

Sigo sin poder volar, voy andando lenta con las pocas patas que me quedan intactas, trepando por la hierba que crece a mis pies, con la esperanza de transformarme en algo diferente, conservando el deseo de una metamorfosis que supere las leyes de la biología.

Y que no te engañe, aunque ahora sonría, el miedo sigue estando a mi lado, de momento sin intención de abandonar.