¿Sabes? todo hay que sentirlo, notarlo, palparlo en lo más profundo de tu ser...

domingo, 7 de diciembre de 2014

Intentar ser mejores.

Las palabras construyen o destruyen dependiendo del uso con el que las utilicemos. Eso lo sabemos bien los escritores: de libros, de blogs, de estados en twitter... y también los lectores: de libros, de blogs, de estados en twitter... Pero parece que se le olvida a la persona que habla habitualmente, persona ajena a ese mundo de leer o de escribir, ajena a la literatura o al valor del contexto, ajena a los recursos que dejó aparcados junto con las actividades obligatorias de lengua en primaria, ajeno a la capacidad de desenvolverse entre una prosa dramática y 180 excasos caracteres para expresar lo que el corazón dice con un solo latido, ajenos al arte y a la sensibilidad que éste promueve.

Y ahí, en esa ignorancia, ya sea autoimpuesta o por la falta de curiosidad a la hora de escarbar los sentires del alma, sucede el mayor error: desvalorar las palabras. Tan grave es ese suceso cometido, que aunque sea de una forma inconsciente pueden llegar a generar heridas incluso en aquellos a los que no han dado la oportunidad, aún, de conocer.

Nos encontramos frente a personas que hablan sin saber, que, al contrario de lo que escribí el otro día, su fuerte desarraigo hacia la empatía les ha llevado de cabeza a alimentar su ego a través de la palabrería vanal mezclada con una necesidad, poco noble, de cuchicheo con mala intención o turbio; que en vez de con fuerza entablar una conversación constructiva desde una actitud sana, construyen ese antagonista que puede llegar a oídos, ojos o aún peor, al corazón de una persona sensible. Los que dirán vacíos, los me meto donde no me llaman con púas, los me he enterado de esto y de aquello con veneno y los te informo de ésto que ha llegado a mis oidos sin ni siquiera interesarme por mi mismo que parecen desbordar mentiras.

¿Y si fuesemos un poco mejores? Sólo un poco, de una manera humilde proponernos ser, aunque sea una pizca mejor que la persona que fuímos ayer... y la actitud saludable que nos puede llevar a conseguir esa meta puede empezar por dejar a las personas SER libres y libres también supone al margen de nuestros prejuicios mentales que nosotros tenemos el poder de controlar... el siguiente paso que podíamos dar es, por ejemplo, la oportunidad de conocer a una persona al margen de lo que otros nos puedan contar, eso sin lugar a dudas sería una noble actuación por nuestra parte y la última cosa, que poco a poco nos puede llevar a ser mejores, podría ser la de cortar el rollo a todas esas personas que vienen con actitudes insanas y cuchicheos hirientes, controlar nuestro ego para no alimentar más esa bola, colocarnos en nuestro sitio y desde esa humildad, decir con el corazón, que seguramente esa forma de interactuar no sea la más sana ni la que deje nuestra conciencia realmente tranquila.

¿Qué tal si somos más conscientes? Sé que al principio puede ser trabajoso, pero una vez que se consigue nos sentimos libres y liberamos también de posibles heridas a nuestro entorno... Pero por desgracia pocas personas llegan a integrar éste punto de reflexión en sus vidas, pocos seres humanos lo tienen en cuenta como una rutina diria y eso lleva a otras personas a sentirse tan dolidas, juzgadas, excluidas, dañadas, solas... que acrecenta aún más la falta de aceptación de uno mismo y hace más profundo sus pozos.

No se trata de ser condescencientes, se trata de ser empáticos y trabajar la capacidad con la que nacemos todos de poder pensar en los demás antes de dar el siguiente paso y eso es algo que se puede aprender a cualquier edad, pero que deberíamos indiscutiblemente transmitir a los niños para evitar esos abusos y acosos desde pequeños que de adultos pueden seguir en otros ámbitos menos "inocentes". Pensamos que dejar un mundo mejor es solo evitar la tala de árboles de un bosque amazónico y nos olvidamos por completo de que NOSOTROS TAMBIÉN FORMAMOS PARTE DEL MUNDO... ¿de qué serviría controlar la contaminación, si por dentro podemos estar podridos?.

martes, 2 de diciembre de 2014

TODO ESTÁ BIEN.



Una parte de mí está tan convencida de que, si me encuentro a mi misma del mismo modo encontraré mi camino que cuando comparto con la gente éste pensamiento todo el mundo enloquece. En parte es comprensible, es la misma parte que me impulsa continuadamente a vivir desde un ángulo que suele diferir mucho con los ángulos del resto de las personas, es la parte que me aconseja "sal del redil donde caminan todos, siéntate, piensa, habla con un árbol, acaricia un gato, come con las manos... siente" Y es algo maravilloso, hasta que la otra parte, la del miedo, la de necesidad de encaje... intenta tomar el control alimentándose de los reflejos que nos rodean.

Son éstas experiencias las que me llevan de cabeza a tener que admitir que, encontrarse a uno mismo es un trabajo que dura toda la vida, pero me conformo con encontrar el comienzo de mis raíces y pues sé que será entonces cuando comprenda que todo encaja. Mi mayor problema, es muy posiblemente, que soy excesivamente autoexigente; un descontrol nacido de mis pensamientos repetitivos mentales y de mi necesidad egoista de compararme con los demás, con los límites de tiempo que ellos estipularon en su camino para alcanzar sus metas.

Sin embargo, es en días como hoy cuando encuentro mi cordura sana, hasta el punto que me tengo que decir a mí misma "el límite de tiempo de mi meta es mucho mayor, es una meta sagrada que no está estipulada en un concepto de espacio-tiempo, si no, de sentimiento e integración" aunque tengo que reconocer, que aún en muchas ocasiones llegando a éstas profundas conclusiones, el tema de aprovecharlas realmente como debería aún se me va un poco de las manos... entrenar la mente, el ego y los miedos es algo que no se consigue de la noche a la mañana.

Por ejemplo, hace unos meses tomé la decisión de volverme a matricular en unos estudios, porque en aquel momento pensaba que quizás era la solución a parte de mi incertidumbre. Llevo unos días remplanteándome esa decisión, más que nada porque en ocasiones siento que ese tipo de sistemas tan cuadriculados de valoración de conocimientos son los que más me hacen sentir peor... y pensando y pensando llegué a encontrar un miedo, que creía inexistente: el miedo a cometer el mismo error. Hace años ya intenté sacarme eso mismos estudios y me hundí con todo el equipo, pero un hundimiento psicológico bastante serio... fué en ese pozo donde, una pequeña luz empezó a iluminarlo todo, descubrí un mundo alternativo donde lo que compartía era igual de importante que aquello que compartia mi compañero de al lado y todo ésto me llevó a un mundo de magia, pero real, donde empecé a entenderme mejor y también entender mis pasiones, como la pasión hacia la naturaleza. Me dí cuenta que no había sido una locura, durante tantos años, el haber pensando que los animales nos entienden y tienen sus propias opiniones, aquella rebeldía que todos pensaban que se debía a mi falta de madurez, en realidad podía ser el resultado de una madurez posiblemente de otra vida o de mi conexión a un conocimiento colectivo al que podemos acceder todos... aquel error o decisión que pensaba incorrecta, pero que en su momento también tuvo momentos muy duros, definitivamente me hizo llegar a un punto maravilloso. Sin embargo a pesar de eso existe una parte de mí  que tiene miedo a volverlo a pasar tan mal, aunque de nuevo pueda hacerme llegar a un punto maravilloso.

Mi ego, al que por desgracia he dado demasiada importancia durante todos éstos años de vida, me atormenta y me acribilla con ideas y pensamientos como "dejar algo a medias no es responsable" "debes ser más responsable con los estudios" "éste es la única manera y el único modelo en ésta vida para alcanzar la plenitud"... mi parte del corazón, que es la que me acaricia cuando me da el bajón por el ego, me muestra ejemplos cercanos Y REALES de personas que viven una vida placentera, deliciosa y plena al margen de unos estudios cuadriculados y fabricantes de mentes huecas... supongo que otra de mis tareas pendientes es esa división que tengo dentro de mí misma.

Cuando pensé en ese miedo a que todo se repitiese, no sé si fue mi corazón o mis guías, vino a mí algo sencillo pero que calmó esas aguas turbulentas de la incertidumbre:

Cometer los mismos errores está bien. No cometerlos, también está bien.
Entrar en un patrón de conducta que te recuerda a algo del pasado, está bien. No entrar en ese patrón de conducta también está bien.
Equivocarse a la hora de elegir el camino, está bien. No equivocarse a la hora de elegir el camino, también está bien.
Ser conscientes de que algo no vibra con nosotros, está bien. No ser conscientes de que algo no vibra con nosotros, también está bien.
Deberíamos entender que TODO ESTÁ BIEN lo vivamos en el momento en el que lo vivamos porque es lo que nos toca en ese instante. No hay nada por encima ni por debajo, la sencillez de la vida se resume en una frase que olvidamos con facilidad: todo está bien.A si que me gustaría terminar intentando no olvidar y que no olvidéis ese sencillo aprendizaje y ponerle la guinda a ésta publicación con una cita célebre que lleva acompañándome unas semanas:

"El verdadero éxito consiste en descubrir quién eres, en lugar de calcular quién serás" (Franz Kafka)


lunes, 1 de diciembre de 2014

La importancia de una comunicación sana.



No podré escribir nunca de lo que no he vivido porque no existe texto, poema, frase... en la ausencia de la experencia, a si que, os puedo garantizar que todo lo que comparto es desde mi propia experiencia vivencial en éste mundo, en ésta dimensión y bajo mi perspectiva. No pretendo ser un ejemplo a seguir para nadie, de hecho creo que he cometido tantos errores que espero que nadie se piense en dar los mismos pasos que yo, pero la intención que sí que guardo es la de compartir y si compartiendo puedo ayudar a alguien o aportar un granito, será estupendo para todos.

Hace días que ando pensando en algo muy profundo, bueno en realidad hace días que ando muy profunda, no he buscado el motivo, no sé si las estrellas me han lanzado un guiño, ni si el sol anda enfrascado en una potente danza que me está afectando, tampoco sé si es el proceso en el que se encuentra la luna y mucho menos si es una puerta que me han abierto mis guías, lo cierto es que ahora mismo el motivo, el porqué, no me llama tanto la atención como lo que he conseguido con éstas introspectivas conversaciones y apuntes mentales.

Para seros sincera, jamás me había imaginado siendo la persona que soy hoy en día, no porque sea muy buena o muy mala, no tiene nada que ver con esos prejuicios mentales, si no porque jamás me había imaginado como una persona exigente, que es algo a lo que he llegado con tanto pensamiento; soy exigente, autoexigente, a nivel personal y profesional pero siempre desde mi perspectiva y mi forma de relacionarme con el entorno. También me estoy viendo como una persona profundamente detallista, con capacidad para afrontar sus errores y de hacerse responsable de si misma y de su camino sin necesidad de delegar responsabilidades al exterior y todo éste pensamiento sobre mi misma, me ha llevado sin lugar a dudas a un aprendizaje y a una importancia enseñanza, teniendo en cuenta que me estoy fijando mucho en mí misma para ser más consciente de mi manera de desenvolverme con mi alrededor, ésto me ha llevado a una profunda reflexión: el aprendizaje de la sana comunicación (y por sana me refiero a humilde, bondadosa y constructiva).

Bajo lo que he podido percibir hasta ahora y de lo que me he permitido ser consciente, el ser humano emplea mucha más energía en alimentar a su ego y por ende, en muchos casos, dañar a los demás (la mayoría de las veces de una forma inconsciente, me gusta pensar...). Eso es una actitud que se refleja muchísimo en la manera de comunicarse, la intencionalidad de las frases (que está por encima de las palabras ya que es una energía que incluso en muchas ocasiones nuestro interlocutor puede masticar y es algo que es tan verdadero que hasta el propio universo lo descubre antes de que pensemos si quiera en esconderlo con justificaciones) dice mucho del ángulo, de la perspectiva, desde la cual estamos comunicándonos y también dice mucho de la consciencia de cada uno y del aprendizaje a tener en cuenta.

Supongo que enfrascada como estoy en ser más proactiva en mi vida, más responsable y más consciente con cómo me muevo, desde dónde, con qué palabras... el universo pone en mi camino cientos y cientos de enseñanzas para llevarme a límites de aprendizaje insospechados y demostrarme si es verdad que estoy cogiendo nota verdadera y llevando a cabo eso que quiero cambiar, si es verdad que lo estoy integrando en mí (veréis... una cosa que me he demostrado es que cuando más te empeñas en aprender algo constructivo en tu vida, el universo siempre te pone pruebas para que te demuestres a ti mismo tus capacidades para llevarlo a cabo por encima de las adversidades... es como si la dificultad de los exámenes de la vida fuese aumentando para ver si realmente estamos prestando atención), es algo así como un capón de atención y siempre ocurrirá para que nos agarremos bien a lo enriquecedor y no dejemos que en el juego de la vida, intervenga de mala manera, el ego para fastidiar todo lo que hemos podido ir construyendo. En ese aspecto me siento orgullosa, no tanto por las veces que he salido victoriosa y sin cometer fallos en esas pruebas, si no, más bien por las contrarias, por todas esas pruebas que me ha puesto la vida cuando me he empeñado en aprender algo y he cometido errores cayendo de nuevo en ese patrón que quería cambiar ¿y sabéis porqué me ha hecho sentir orgullosa? Porque me ha hecho pensar, aún con más fuerza, que era realmente importante modificar eso de mí y me ha llenado de vitalidad el reconocerlo.

A donde quería llegar con todo esto, es que a diario nos comunicamos con las personas, tengamos un mal o buen día, riamos o lloremos, estemos ocupados o desocupados, estresados o relajados, hagamos lo que nos apetezca o nos encontremos en un día donde llevar a cabo las responsabilidades que nos hacen torcer el hocico... Todos esos días nos hemos comunicado con alguien: con alguien a quien podemos querer o no, a quien podemos apreciar más o menos, a quien podemos dar más o menos importancia... pero de lo que no cabe duda es que ese alguien, percibe, siente... y en la medida de lo posible, debemos ser conscientes con que nuestra forma de decir las cosas puede causarle daños (os lo dice alguien que en momentos de estrés ha dicho sapos y culebras de las que no me siento orgullosa y es por eso mismo que me he empeñado, de una forma tan feroz, en cambiar ese aspecto de mi). A veces no es tanto por algo tan evidente como un insulto o una palabra mal sonante, porque eso puede ser tan claro y tan directo que poco tienes para darle vueltas al tema, muchas veces lo que daña más es el doble sentido de las cosas, por ejemplo, cuando decimos una frase entre risas como entre bromas y escondemos entre una broma y otra una verdad dicha de una forma dolorosa... Yo no digo que no se compartan las verdades, pero lo cierto es que las cosas con tacto sientan mejor y es quizás en lo que intento centrar mi aprendizaje de comunicación.

He llegado a la conclusión de que no existe una comunicación sana si existen dobles sentidos, podréis decir que es muy evidente, pero es una de esas evidencias que deberíamos recordarnos a menudo. Algo se rompe cuando una persona transmite a otra una frase donde se esconde un doble sentido, el típico "rintintin" maquillado (que podríamos decir aquí en España), el poner el punto sobre la "i" o el quedarnos por encima solo con la intencionalidad, aunque escojamos meticulosamente palabras que suenen bien éstas se escuchan como una mierda si la intención es turbia. En ocasiones en las frases de una persona se puede ver como se queja de situaciones, que a priori y compartidas de otra manera, no generarían una mala energía ni una situación densa... Seamos más sinceros a la hora de comunicarnos, pero una sinceridad sana, donde dejemos de lado los prejuicios y el ego y compartamos solo EL SENTIR. Porque, una cosa tengo clara, cuando se comparte EL SENTIR de corazón a corazón se consigue que ambas partes, protagonistas en la comunicación, sean más conscientes, ya que al evitar la herida de "los dobles sentidos" se puede prestar más atención a lo que de verdad se quiere compartir... porque sin embargo, cuando algo nos es compartido soltando una cuchillada entre frase y frase, nos fijamos más en ese dolor que nos han causado y eso es destructivo para ambas partes.

Con la comunicación sana y constructiva, ambas partes se llevan un tesoro, ambas partes se llevan algo bueno y no existen rencores ni dolores, no existen pensamientos de "¿qué le ocurrirá conmigo?" ni problemas que nos remuevan. Algo que nos molesta se puede decir de muchas maneras y eso es algo que todos sabemos, elijamos pues, en la medida de lo posible, la manera que menos dolor pueda ocasionar al prójimo, y tanto por nosotros como por la parte que lo recibe.

Necesitamos, con urgencia, aprender a comunicarnos, y no solo entre los seres humanos (que lo hacemos bastante regular, al menos bajo mi punto de vista) si no, con todo el entorno. ¿Cómo hablamos a nuestros animales? ¿Cómo nos movemos en la naturaleza? ¿Cómo nos comunicamos incluso con nosotros mismos? Es URGENTE que comencemos a tener una charla con nuestros "yos" interiores y poner las cartas sobre la mesa para saber cuales son los errores que cometemos a la hora de compartir con los demás, algo tan sano y tan natural como una conversación, una idea, un consejo... hemos nacido con la sagrada facultad de poder entablar conversaciones con todo lo que nos rodea, es momento de ponerle consciencia y que esas conversaciones sean productivas, enriquecedoras y positivas, debemos saber que de una actitud bondadosa aquí nace una flor en la otra parte del mundo, es nuestro momento de ser consecuentes con que grado de responsabilidad tenemos en ese mecanismo que nos rodea.

En mi caso, por ejemplo, me gusta pensar que me expreso bien escribiendo, puedo encontrar las palabras más dulces, puedo decir "te quiero" de una forma mágica y también puedo disculparme de la misma manera sintiéndome más integrada con lo que digo, tengo que elevar esa facultad positiva que forma parte de mi hasta el punto de poder llevarlo a cabo en una comunicación cara a cara, oral. Conseguir que del mismo modo que controlo mi ego cuando mis dedos presionan teclas, podré hacerlo cuando mis labios pronucien palabras. Y es algo con lo que, realmente creo que estoy trabajando muy duro. He llegado a un punto de aceptación de errores de mi misma que me ha hecho sentir mucho más liberada, a un punto de observación en el entorno que me ha hecho comprender mi papel y a un punto de sensibilidad, que es cierto que me hace sentirme vulnerable, pero también me hace sentir buena... con todas estas experiencias me he topado con la verdad cara a cara, y la he aceptado, debo ser más responsable y llevar a cabo una comunicación sana, eso implica alejar los "yos" del ego dañino, alejar los prejuicios y las palabras que son como dedos señalando, implica empatía y ponerse en el lugar del otro desde una actitud humilde, implica aceptación de uno mismo y agradecimiento, aunque a veces duela, de ver actitudes que son el antagonista de una comunicación sana y que son ejemplos claros de cosas que no me gustaría llevar más a cabo, implica dar valor a las palabras, a las expresiones, a la forma de moverme físicamente cuando hablo a alguien... y lo más importante, implica abrir un canal comunicativo Corazón-Boca para que nuestras palabras y nuestras intenciones sean tan bellas, que aunque tengamos que decir algo con lo que no estemos de acuerdo, siempre ayudemos con una actitud constructiva en vez de destructiva.

Espero que mi experiencia os pueda ayudar.

sábado, 29 de noviembre de 2014

¿Álguien?



¿Álguien a quién no le importe saltar en los charcos? Que se baje sin paraguas aunque el cielo esté más negro que gris, porque por ese instante y todo lo que dure su paseo confía con los ojos cerrados en que no lloverá... y si se quebrantase esa expectativa, no se altera, pues es agua lo que cae del cielo y no ácido y quizás ese agua sea más esperada que un segundo sin ella.

¿Álguien que escuche? Que sepa conversar y eso supone también cuando callar, que abrace si las palabras del emisor a quién presta atención empiezan a desbordarse entre suspiros y pausas prolongadas, porque sabrá perfectamente que eso solo ocurre cuando las heridas sangran y las heridas pueden sangrar muchas veces solo por hablar sincero.

¿Álguien que busque un momento? Que sepa que hay segundos que pueden ser eternos, pues se alojan en la memoria de aquellos que los vivieron... que busque un momento para enmarcarlo en el corazón, para sentirlo dentro para hacerlo verdadero pues nada es verdadero hasta que lo hemos palpado desde lo más profundo.

¿Álguien que comprenda? Que no haga falta ser meticuloso con la explicación, que coja al vuelo los conceptos abstractos, que entienda el motivo de las turbulencias, que apoye los pies en el suelo y abra sus alas por si es necesario alzar el vuelo.

¿Álguien al otro lado? Porque en éste ya sé que hay, lo conozco de primera mano, me pregunto, simplemente, si hay alguien para descolgar el teléfono incluso en una llamada ausente.

miércoles, 19 de noviembre de 2014

La magia de la aceptación.




Si hablas con normalidad de lo que forma parte de tu dia a día será mucho más fácil para los demás aceptarlo.

La normalidad es el ejemplo de la aceptación más importante: la tuya propia. Vivimos temerosos a que nuestras ideas, filosofías y modos de movernos en el mundo desde el corazón sean criticados y desprestigiados, que en muchísimas ocasiones preferimos ocultarnos y ocultarselo a los demás... ocultar una parte que forma nuestro día a día es también ocultar algo de nosotros, y eso es no aceptarnos en nuestra plenitud. No hay que confundir ésto con vivir de viva voz compartiendo hechándole perlas a los cerdos, pero deberíamos evitar negar lo que realmente somos y lo que, a día de hoy, forma parte de nuestra vida.

Puede formar parte de nuestra vida una filosofía que de más valor al poder de la magia personal a la hora de creer que nos merecemos algo mejor, que a diferencia de otras personas prefieren creer en el sistema como algo que nos toca tragar porque sí incluyendo lo que no nos gusta... puede formar parte de nuestra filosofía de vida o de nuestra vida una actitud más altruista y creer ciegamente en las cadenas de favores sin esperar recompensa, por compartir el mismo altruísmo que estoy segura de que en algún momento de tu vida tu mismo has disfrutado. Puede formar parte de nuestra filosofía de vida aceptar que hay momentos de parones, de recapacitación antes de seguir caminando para evitar palos de ciego y que nos merecemos esos momentos porque son enriquecedores y una meditación profunda con nuestro ser y nuestros deseos, puede formar parte de nuestra vida una continua comunicación con el entorno, incluyendo además, la naturaleza y los animales ¡y podemos hablar de ello de una forma completamente normal! porque forma parte de quienes somos.

A cada día que avanzo y me fijo en mi y en mi entorno me doy cuenta, realmente, que vivimos muchas veces atemorizados a mostrarnos como somos de verdad... por el simple hecho de que, aquellos que pensamos que son normales pero que son diferentes a nosotros, nos den la espalda o nos critíquen... estamos tan cohartados por ese miedo a ser etiquetados como "locos" que no disfrutamos de la verdadera cordura, la de aceptarnos por completo y reflejar eso hacia los demás.

Yo no me considero más excepcional que los demás, pero si creo que soy especial (igual que creo que lo son cada persona que conozco), merezco una vida donde ser feliz y sentirme completamente plena, me siento mejor cuando estoy libre de las ataduras del "que dirán" y si hace falta, con una sonrisa de oreja a oreja admitiré con el corazón en la mano: Sí hablo con la naturaleza, sí conozco ángeles (encarnados y no encarnados) y sí estoy segura que ésta vida es mucho más de lo que nos han vendido hasta ahora. Sí tengo experiencias excepcionales y sí creo que, igual que yo, aquellas personas que están aquí son piezas fundamentales para el funcionamiento del universo.

Ahora ya no quiero nada más... no hago daño a nadie, no obligo a nadie a ser como yo, intento cada día ser un poco más humilde aunque en ocasiones me caiga en el proceso de aprendizaje, veo mis errores y los asumo... aunque a veces el ego me pueda y después me duela aún más, intento ser alguien mejor para mí misma y para los demás, y aunque sea a pequeña escala, tener claro que he podido compartir algo que ayude realmente a quienes conozco, y si lo que forma parte de mi día a día, eso que tantas veces he intento ocultar esa parte de mi con tanto miedo a ser etiquetada como "loca", forma parte de la ayuda que intento dar al mundo ¡mejor aceptarla! solo así funcionará de verdad. Y es algo que podemos aplicar, no solo con nosotros mismos, también con aquellas personas que tenemos cerca: con nuestra pareja (o compañero de vida), con nuestros padres, hermos, primos y amigos cercanos... aceptarles, hablar de aquello que nos transmiten con normalidad es aceptar que realmente ellos forman parte de nosotros y nos influyen, hablar con naturalidad incluso de aquello en lo que diferimos, es parte de la magia cotidiana.

Dios nos hizo a su imagen y semejanza, lo bello que forma parte de nosotros y de los demás, aunque se salga de los dogmas estipulados y de los prototipos reconocidos, también forma parte de nuestra imagen y de la parte de Dios que llevamos dentro.

miércoles, 3 de septiembre de 2014

Expresandome.

No se si existen imágenes que puedan describir lo que siento, incluso dudo de mi conocimiento en palabras y recursos literarios para encontrar la manera de expresarlo... Me puse a meditar y al menos, yo misma, no se definirlo y sin definición no hay término y sin término no hay etiqueta.

Cuando algo a ese nivel carece de etiqueta, seguramente existen varias maneras de tomártelo pero la mía es que me parece algo tan abstracto que incluso pienso que por eso  me supera más. Quizás todo se encuentre en mi miedo a ser sincera conmigo misma, la verdad es un trago profundo que te lleva a una inquietante realidad: la realidad de la responsabilidad, aceptar y tomar determinaciones, elegir, meditar y verse a uno mismo... Es parte del proceso (creo) pero lo cierto es que a veces me planteo huir de todo, sinceramente se me hace bastante grande el nivel de exigencia en éste tipo de dimensión, es como si no estuviese hecha de éste material y necesitase constantemente algún suspiro y mucha ayuda.

Solo pido un poco de benevolencia a mi misma, al universo, al camino y a mis guías... Benevolencia con el modo de enseñarme, con sus pautas de aprendizaje, solo pido algunos pasos fáciles, un poco de rienda suelta, menos obstáculos, menos dolor, menos nudos en la garganta... Mas holgadez, más libertad, más fácil, MÁS AMOR.

Me siento en el suelo y espero que el eco me responda mis mismas palabras.


martes, 8 de julio de 2014

Autobiográfico.



No soy excepcional, jamás lo he creido.

Siempre me he sorprendido cuando he visto que había personas que me envidiaban y me pregunté porqué... mi vida es un subi y un baja, un estoy aquí y de repente ya no.

Lo que tengo es que a veces no tengo nada y en otros instantes lo tengo todo, pero todo eso que para mi es importante... siempre voy con la cartera vacia, debo dinero y mucho agradecimiento, pero cuando me doy cuenta que lo tengo todo lo que quiero decir con todo es: toda la capacidad para admirar el cielo estrellado, todas las palabras adecuadas, todo el amor para crear una esquinita mejor en éste mundo... A veces mi madre, asustada, ha intentado sobreprotegerme "tú no eres de éste mundo" meditaba cabizbaja cuando observaba mi sensibilidad como la mayor de mis capacidades, se heria a si misma al ver que el mundo en vez de aceptar con alegría corazones sensibles y llenos de ganas por dar amor, los atacan para achicarlos, para estrecharlos, para convertirlos en piedra... y entre esas brechas que se generaron, de que a cada abrazo que intentaba recibir o repartir terminaba llevándome un buen pellizco, un mordisco, un moratón en lo más profundo... se generaron los miedos, las incertidumbres y los juegos.

Pero yo como todos, en un principio, era más pura y más buena, carecía de maldad ni siquiera sabía lo que significaba realmente encontrarse con las uñas a la defensiva... aún hoy en día existen personas que me recuerdan quien fuí, esa actitud hiriente contra los demás y contra mi misma por sentirme fuera de lo establecido.

A veces me pierdo entre el subidón de mis sentimientos, os puedo asegurar que cuando amo es como un chute de adrenalina que me llena por dentro y es un chute sin final, infinito, hasta que alguien me provoca otra herida... en ocasiones me he cuestionado que quizás es culpa mía que sea tan fácil de herir, como veo a las personas justicando la mayoría de las cosas vividas en su entorno con un "me compensa" a mi hasta me cuesta escribir esas palabras.

No me mal interpretéis, tampoco pretendo ir de "eh, soy la mejor persona del mundo" porque me he dado cuenta que hasta por eso me flagelo. Pero en serio, no hay nada que envidiar en mi vida... lo que yo he logrado, mis pequeños tesoritos conseguidos con esfuerzo, no son únicos cada uno puede hacerlo, me ha costado mucho aprender a compartir, me ha costado mucho aceptar la humildad, me ha costado mucho matar de hambre a la parte de la queja constante y reiterativa y también a la parte critica y juzgona con los demás... me veis aquí sentada, en mi vida tranquila y relajada donde prefiero mil veces salir a tomar unas cervezas que ponerme unos tacones y tirarme la noche escuchando conversaciones vanales de borrachos vacíos que solo buscan una oportunidad de sexo con cualquier cuerpo que a la luz de la discoteca se vea decente... mi madre llama a eso madurez, yo no lo llamo pero a veces me doy cuenta que si sigo yendo a un ritmo más rápido que aquellos con los que comparto edad, aquellos que son de "mi quinta" es mucho más posible que me sienta aún más al margen o existe otra posibilidad y es que termine por construir mi propio mundo y aunque de vez en cuando mire con nostalgia a aquellos que se lo toman de la manera que es incompatible conmigo, quién sabe, quizás la fuerza de sentirme orgullosa conmigo misma sea más potente.

Reconozco que tengo la mala manía de ahogarme antes de que suceda un problema, pre-ocuparse: ocuparme antes del asunto, de un asunto que vaticino. Tengo esa piedra aún clavada en la planta de mi pie, ese patrón de conducta atascante y pesado... y hasta que yo no cambie no se separará de mi lado, es curioso en ese instante me doy cuenta de que tiendo a regalar a la gente un "date tiempo, no seas malo contigo mismo" mientras un poco más y me apuñalo sin piedad mientras me chillo "HAZLO YA, HAZLO YA"... y me cuesta hacer que la flor de la confianza renazca en mi vida cuando alguien, aunque sin intención de ello, la ha pisoteado.

Cuando me siento muy colpasada tiro de mi habilidad singular: la admiración; admiro mucho a las personas, incluso a los desconocidos, a veces me gusta sentarme a observalos y admiro esos pequeños detalles... admiro a las personas que han logrado realizar sus metas, a las personas que son buenas, a las personas que no guardan rencor, a las personas que son constantes, a las personas que perdonan, a las personas que sonrien a carcajadas casi todo el dia... admiro la belleza de la gente, la belleza de las personas de los ojos que son diferentes en cada individuo... admiro a las mujeres que se adaptan al concepto de feminidad pre-establecido y mucho más a aquellas que lo cogen y lo re-inventan, admiro la capacidad para la magia y la capacidad que tienen algunas parejas de aceptar el pasado de su otra mitad.

Y así vivo... de verdad, no tiene mucho más, a veces me observo, otras me pierdo, otras cierro los ojos, a veces lloro, a veces la melancolía puede conmigo y a veces rio hasta que casi me estalla la tripa, a veces me pierdo entra la realidad de ésta dimensión y el poder de mi imaginación... a veces es fácil hacerme sentirme querida y a veces me meto tan profunda en mi misma que ni siquiera yo soy capaz de encontrarme. A veces cambiaría el mundo, lo pondría patas arriba, a veces no... a veces admiro mi trabajo personal y otras veces me parece tan poco, a veces encuentro mi sitio y en otras ocasiones despierto y me pregunto "¿dónde estoy? ¿dónde debo ir?"... a veces me he creido el profeta de mis propios pasos, otras veces me he sentido tan integrada en el rebaño que era difícil sentirse única, a veces he añorado la libertad y a veces, hasta volando libre me he sentido cansada de eso... a veces he necesitado de etiquetas para comprender quién era, otras veces he roto con todo y he creado unos conceptos tan diferentes que ni siquiera las propias palabras podrian haberlo explicado.

Y con tantos "a veces" terminé chocándome siempre contra mi misma, mis diferentes versiones... soy cíclica, eso no lo voy a dudar nunca, cambiante... juzgada y admirada, como todos, seguida y perseguida, como algunos... En el pasado llegué a convertirme en mi propio Dios, para años depués rendirme a una fuerza aún superior que lo manejaba todo, he visto la peor parte de mi misma, el monstruo que llevo dentro que viste mi mismo traje de piel lo he visto en sus momentos más agresivos y me he repudiado por ello, he visto lo mejor de mi misma, el angel que comparte piel con ese monstruo, lo he visto en mis mejores momento en mis momentos donde ha existido compasión y donde la paz lo inundaba todo y me he sentido engrandecida por ello.

Quizás lo que ocurre es que estoy aprendiendo a ser más sincera conmigo misma, aceptando cuando me he atacado y cuales de las heridas que llevo con honor me las he provocado yo misma... quizás lo que ocurre es que aprender eso, a marchas forzadas, a veces puede llegar a ser muy desgastante y simplemente pido un instante para asumirlo con algo más de calma.