martes, 5 de abril de 2016
Hay vida después del despido.
Lejos de creer que me lo tomaría, como todas esas veces anteriores, con un mar de llanto incontrolable y una ansiedad venenosa por dentro, lo que hice fue respirar hondo, en serio, varias veces. Acto seguido me senté y me puse a pensar en mi vida.
Me encontraba en el retrete sentada, porque justo me llamaron cuando acababa de salir de la ducha. Así que ahí estaba como un sushi envuelta por una toalla blanca y con otra, algo más pequeña, en la cabeza. Tenía el samsung en la mano y a la vez, la sensación de que sabía que aquello había ocurrido ya antes... bueno, mejor dicho, esa sensación de que iba a ocurrir la llevaba arrastrando días, una semana concretamente.
Después de ese pequeño momento de reflexión, me levanté con fuerza. Aquel instante me hizo plantearme todas mis capacidades, calculé rápidamente con el coco para saber de cuántos ahorros disponía y pensé en todas esas personas, que antes de que me ocurriese nada ya me habían ofrecido soluciones para "por si acaso".
Me vestí, llamé a las personas más cercanas para contarles sobre mis novedades de vida y me dije a mi misma "24 años, toda una vida por delante, sin hijos..." y salté, salté de la alegría. Y es que quizás, para otra persona en una situación de desempleo más extremo este texto puede resultarle doloroso y por ello le pido disculpas de antemano, pues para nada es esa mi intención. Al contrario, lo que pretendo es que la gente soñadora, de mi edad, coja en ese momento su vida cara a cara y haga algo que jamás olvide: cumplir su sueño.
Y ahí me puse, a plantearme mi vida. A repetirme "soy fuerte para aceptar negaciones" "soy fuerte para volver a construir ilusiones" "soy fuerte, por si acaso me quedo sin dinero, soy fuerte". Cabe destacar que vivo sola y dependo única y exclusivamente de mis ahorros y además que mis únicos compañeros de piso son mis gatos y mi perra, que también dependen exclusivamente de mis ingresos.
Pero me siento tan bien, porque tengo la sensación y la paz de que hay vida después del despido, algo que brilla más, que resuena más, que encaja más conmigo... algo que me haga sentirme orgullosa de verdad y que no me lleve por el camino de la duda ni de repetirme "y si hubiese..." porque ya no hay "y si", estoy en el preciso momento de eliminarlos todos de mi vida, haciéndolos realidad.
Cuando te encuentras en una situación así rodeado de personas maravillosas que esperan a que despliegues tus alas, te das cuenta de lo mucho que vales.
Gracias al cielo por ayudarme a conectar con la vida de verdad. La pasión por luchar por mi realidad, por mi sueño, la pasión de crear mi presente y de no sentirme atada a una rutina en un sitio vacío donde mi voz no era escuchada.
Buscar mi sitio no va a ser fácil, pero mantenerse en un trabajo que no te hace feliz tampoco lo es. Adoro estos golpes de la vida que te llevan a reflexionar y sobretodo, a conectar.
jueves, 31 de marzo de 2016
Ama libre, pero ama.
Ama libre, pero ama.
Ama incluso cuando tu corazón solo sea añicos. Ama a todos los seres nuevos que van a llegar a tu vida, ama a los que se marcharon y ama, sobretodo, a los que se quedaron.
Ama a los que creen en ti, ama la oportunidad. Ama la miel del presente, ama la poesía.
Ama tus errores accidentales que te llevaron a donde están ahora. Ama a ese amor que te ha cogido desprevenido y que tanto te cuesta reconocer que puede ser quien cambie toda tu vida.
Ama a quien te pone patas arriba, ama a quien libera tu alma. Ama a aquellas personas que como ángeles del cielo, aparecen junto a ti para ayudarte.
Ama a todos esos que ya no viven pero que siguen intactos en ti, dentro de tu sangre, latentes en tu alma.
Ama a quien te da los buenos días y a quien no, ámalo también ¡porque quizás no tenga nada más valioso en la vida!.
Ama encontrar a alguien con quien conectar, dure lo que dure, ama el instante de besar. Ama los "hasta luego", los "llego pronto" y los "te espero".
Ama la nostalgia y el reencuentro. Ama el instante de mirar a los ojos y decirse "ahora sí".
Ama la valentía de verdad... porque valiente no es aquel que se tira de lo más alto de un puente, valiente es aquel que entiende el compromiso sin ponerle etiqueta, valiente es aquel transparente que te habla desde su verdad... valiente es aquel que no tiene miedos porque ya se ha enfrentado mil veces a ellos.
Y sobretodo, ama tu pasado sin resentimiento, tu presente sin queja y tu futuro sin ansiedad. Ámate a ti mismo.
Ama libre... porque cuando uno ama, ya sabe que lo está haciendo y si uno duda, eso ya no es amor.
viernes, 25 de marzo de 2016
En este camino...
Y en este camino que se forja, casi sin buscarlo, casi sin pedirlo y casi sin llamarlo, te encuentras.
Te encuentras a ti misma, deseando y amando, despeinando la vida y pidiendo que ella te despeine también a ti. No esperas sorpresas a la vuelta de la esquina, ni ramos de flores en el felpudo de casa... y es que de los desengaños has sacado lo más sagrado, el deseo de lo humilde, el acercamiento a lo terrenal y esa efervescente excitación por la palabra bien dicha, la caricia bien puesta y la intención sin intención que llena dentro.
Cuando de repente te ves así, te vacías, y es que ya no quieres nada con tiempos, tampoco deseas etiquetas, porque un sentimiento lo vale todo y si no es sentimiento, por lo menos la sensación de vivir algo.
Cuando algo acaba es porque algo mejor empieza y quizás lo más interesante de todo se encuentre en ese comienzo dentro, en tu interior. Dejas de esperar y te tropiezas con que las expectativas no son más que otra carga y ya de cargas estas cansada.
Este es el preciso momento en el que te conviertes en una mujer. Tienes claro que si alguien quiere algún milímetro de tu piel tendrá que aguantar algo de ti, le guste o no y que la puerta esta abierta para los que se quieran ir y para los que quieran llegar también. Y estableces unos límites sagrados, que no hacen más que acrecentar tu valor personal y ese erotismo que parece haber resurgido, por momentos, de lo más profundo de tu ser.
Te encuentras entonces en la perfecta floración, del que nacerá ese fruto maduro que todos llaman poder, yo lo llamo pasión... pasión por ti misma y pasión por la vida.
Entonces quizás te pase como a mi. No te llena que un hombre te mantenga con las piernas abiertas si no indaga un poco más dentro, un lugar donde no se alcanza con la lengua, ni los dedos y mucho menos con el pene... y no hablo del corazón, a mi me llena que rebusquen en mi curiosidad y la tienten ¡eso sí que es meter mano!. Es este momento que no buscas solo un polvo de piel con piel, que aunque divertido en el recuerdo no deja de ser vanal, tampoco estas loca por enamorarte, te encuentras en un punto de curiosidad y de aventura donde quieres seguir sabiendo más a la par que sientes la libertad.
Que el gemido que compartas sea más que un afrodisíaco, que sea valorado como algo más sagrado. Y si no es el gemido, que sea la conversación después del sexo que esa también llena y calma, serena y reúne.
Y dejame que te diga, que en este final que a la vez es empiece es cuando estás bella de verdad, más que bella. Que nadie absorba tu seso, ni deje de nuevo tu corazón tiritando... tomate tu tiempo para saborear la piel, la boca y la saliva y todo lo demás irá viniendo si así tiene que ser. Y cuando en tu soledad te encuentres de nuevo con esa libido que parecía haberse perdido, dedicate unos minutos y ese orgasmo que está esperando reencontrarse de nuevo contigo, recuperarte de ese pozo... dedicate esa sensación de tocar el cielo con las manos aún estando tumbada en tu cama.
Eres sagrada mujer, no das vida solo cuando pares, das también vida cuando sanas.
martes, 1 de diciembre de 2015
La soledad.
Son procesos y rachas, soy consciente, pero a pesar de ello el sabor a hiel sigue siendo el mismo.
No hay muchas más palabras que expliquen como me siento.
martes, 27 de octubre de 2015
Carta de una mujer fuerte a otra mujer fuerte :
Soy una mujer fuerte, es importante que este sea el comienzo de la carta para que te lo repitas mentalmente. Aunque a veces dudo, me entrego en cuerpo y alma a las pruebas de la vida, las supero exitosamente y sigo adelante orgullosa de mi misma.
El día que me di cuenta que era una mujer fuerte, con más capacidad de superación que de miedo, con más confianza que duda, con más ambición y sueños que pereza y desilusión... Era un día normal, o no tanto, pero algo resonó del alma a la cabeza, al cuerpo y al corazón: soy una mujer fuerte y no tengo miedo de serlo.
Me he demostrado que soy una mujer fuerte cuando miro atrás en el tiempo y soy capaz de observar con tranquilidad cómo he logrado salir de las profundidades, del cieno que a veces la vida pone en el camino... Y he seguido adelante, completamente entera, erguida, más segura. Me he dado cuenta que soy una mujer fuerte, porque a pesar del llanto que a veces me afecta tanto, a pesar del agobio... Solo con tragar saliba y dar una bocanada de aire, vuelvo a recuperar energía.
Soy fuerte, aunque sé que me he equivocado más de mil veces, pero a pesar de ello soy consciente que hay personas que me aman como un pilar de fortaleza, como una palabra de aliento, como una energía para mantenerse atento.
Soy fuerte porque sin ayuda de nadie soy capaz de soportar, mantener y llevar a cabo varias responsabilidades a la vez, porque no me rindo a la primera de cambio y porque soy fiel a mi misma.
Soy fuerte cuando mi ambición no me asusta y aún viéndola, intento conservar lo máximo posible mi humildad. Soy fuerte aunque me lamente en silencio delante de un gran público y aunque me sienta culpable de cosas que, sean lo que sean, al final siempre terminan bien o son lo mejor para esa situación.
Soy fuerte cuando no me asustan las nuevas pruebas, cuando aún sintiéndome encaprichada termino aceptando cambiar de actitud ante una situación y aprendo de ello.
Soy fuerte cuando soy sincera conmigo misma, cuando prefiero la transparencia aunque a los demás les moleste y les duela.
Soy fuerte porque me permito crecer por dentro y por fuera, mientras me tomo un momento para asombrarme con mi propio crecimiento.
Soy fuerte aunque me aleje de mi misma, y aunque a veces me mantenga dubitativa pero finalmente me demuestro ser fuerte porque me agarro a la confianza.
Soy fuerte cuando me propongo que nadie jamás podrá tacharme de lo contrario, cuando trabajo duro en todos los ámbitos de mi vida, cuando me esfuerzo y agradezco cada cambio.
Soy fuerte cuando escucho a los que necesitan, cuando interpongo mi corazón a todo porque sé que es lo más correcto, lo más sano para el alma y lo más tranquilizador para la conciencia.
Soy fuerte cuando me cago en todo porque siento que en ese momento me flaquean las piernas, cuando a pesar de faltarme el aire sigo corriendo, cuando consigo metas por mi misma a pesar de la ausencia de apoyo de otros y cuando eso me da igual porque me doy cuenta que lo único que importa es recordarme cada día que soy fuerte.
Como ves, tenemos todo eso en común, ambas somos mujeres fuertes, animales salvajes llenas de energía creadora capaz de cualquier cosa que de vez en cuando necesitan tomarse un tiempo para si mismas y no perderse entre las preguntas.
Que no te asuste ser fuerte, aunque serlo te ponga en situaciones comprometidas, es un regalo que te ha otorgado la vida.
lunes, 26 de octubre de 2015
La distancia.
Otoño
Cómo lo haces para ser tu mismo.
Otoño, cuéntame como te despojas de lo que te hace ser tú sin sentir dolor, sin sentir miedo. Otoño, comparte cómo te muestras en el viento y como emborronas el sol a pesar del que dirán.
Otoño, cuéntame esa magia de unir y separar, de recordar y de amar, de llorar, saludar y despedir.
Otoño, que viniste a nosotros para separarnos del verano, para prepararnos para el invierno, para iniciar de nuevo, para hibernar... Otoño, que te muestras en aroma a canela, en castañas asadas, en bufandas eternas y cuerpos envueltos en lana.