¿Sabes? todo hay que sentirlo, notarlo, palparlo en lo más profundo de tu ser...

miércoles, 12 de abril de 2017

P A R A N O I A


La realidad se deshace entre pensamientos, sentimientos y sensaciones físicas. Tienes dos opciones; la primera es dejarte llevar por esa lluvia repentina y la segunda es verla pasar delante de tus ojos, manteniendo, a poder ser, la voz de la cordura que te hace seguir presente dentro de tu propio cuerpo, responsabilizándote y sin perder la consciencia sobre quién eres y qué es la realidad. Esto es más o menos lo que sientes cuando eres consciente de que estás en un estado paranoico; desplome de lo que hasta ahora era toda (o casi toda) tu cordura y bombardeo interior, que parece infinito, epicentro del resto de tus emociones, actos, pensamientos, necesidades y prácticamente toda tu vida.

Tengo la sospecha de que existen diferentes grados de paranoia. Y dentro de esta sospecha, además, crece mi propia teoría de que todos hemos pasado por algunos estados paranoicos aunque nos cueste aceptarlo (si al final el ser humano está como las maracas de Machín).

La paranoia te separa de una realidad para introducirte en otra. Introduciéndote de un espejismo a otro porque... ¿Quién dice que la vida que vivimos es real al 100%?. Hay tantas cosas irreales e ilusorias que nos rodean constantemente, que nos impregnan con su sibilina manera de conquistarnos y manipularnos. En si mismo el capitalismo es un sistema basado en ilusorias necesidades que se han convertido es adicciones primarias. Si eres capaz de ver esto, quizás seas capaz de desmigar otros pedazos de tu momento actual y de tu vida.

Recuerdo un ataque de paranoia que me dio hace más de 7 años. Ya he escrito en varias ocasiones que yo soy una persona con una fuerte característica, sobretodo hacia mi misma y es la admirable habilidad del control. Da igual cómo esté, jamás voy a rebasar los límites que puedan poner en peligro o dañar a otras personas. Esta es una bonita manera de relacionarte con el prójimo, pero en ocasiones se carga como una losa. Y no está tan relacionado con la empatía, es más mi auto-juicio de tener que hacer bien las cosas para no ser una mala persona.

La paranoia te hace saltar a un estado donde el mundo que te rodea esta fuera de sí, aunque mejor dicho dentro de ti mismo el mundo está fuera de si y ahí nace todo. El pensamiento repetitivo y una imperiosa obsesión por una idea, sentimiento, necesidad... Es parte de lo que se centró aquella experiencia conmigo misma.

Aquello me generó un sufrimiento y durante las horas que duró la situación me aislé por completo, precisamente para evitar hacer daño a los demás. Me encerré en un cuarto de baño y me puse a examinar el porqué de aquellos sentimientos, pensamientos y estados alterados. Tengo que especificar que esto no ocurrió porque sí, digamos que tomé demasiado hachís y esto me ocasionó una experiencia, que a priori puede ser negativa, sin embargo nada más lejos de la realidad. Toda esta vivencia me hizo despertar con otros ojos, sobretodo afinando aún más mi habilidad analítica.

Me observaba desde fuera, a mi misma, encerrada en un bucle infinito de repetición donde temía, entre otras cosas, perder el control y literalmente matar a alguien. Precisamente porque escuchaba y "veía" una repetición constante de diferentes situaciones inexistentes. Pero esa paranoia me llevó a comprender la belleza del autocontrol que existe en mi.

Precisamente este autocontrol es también quien me lleva a ser capaz de hacer análisis objetivos de mi persona y a aceptar, cuando sé que son acertados, análisis que otras personas me hacen. Por otro lado, este era un gran extremo, donde se supone que cualquiera puede perderse a si mismo. A pesar de ello, fui fiel a mi sentimiento de cuidar a los demás aunque tuviese una imperiosa y extraña necesidad por volverme loca de remate. Aquello era ya un estado de locura, que estaba "cercado" por mi misma, de lo cual me siento muy orgullosa. Aquí descubrí la poderosa fuerza que existe dentro de uno, cuando tiene claro quién es al margen de los acontecimientos y de las situaciones exteriores. Al margen incluso de "ingredientes" que nos afectan directamente, como puede ser el exceso de una droga que te sienta mal.

Entiendo que no todo el mundo puede llegar a ese razonamiento y más en la situación que yo me encontraba. Comprendo que no todo el mundo es capaz de encontrar serenidad incluso cuando tu cerebro parece bombardearte desde lo más profundo, tentando a tu fortaleza mental y espiritual. Sin embargo para mi aquello fue una revelación en toda regla y conforme más pasan los años y vuelvo atrás en el recuerdo, conforme más lo examino, más aprendizaje obtengo y mejor me siento conmigo.

Después de aquella experiencia me di cuenta que eso era solo el reflejo, más extremo, de la paranoia existente en todas las personas. Todos tenemos una semilla de paranoia que se enciende y apaga a su gusto y en la intensidad que le place, y digo que le place y no que nos place porque la mayoría no sabe ni que eso existe.

La paranoia es lo que te lleva a pensar que las personas te la pueden jugar. También es lo que te hace aferrarte a refranes como "piensa mal y acertarás...", es lo que te hace encerrarte en ti mismo o tener la terrible pesadilla interior de que se repita de nuevo una situación que para ti ha podido ser desgarradora. La paranoia te separa del equilibrio contigo mismo y con tu entorno, porque te construye tantas pajas mentales que acabas por creer que eso es la realidad y que ahí se halla una verdad absoluta.

Es paranoia aquello que tienen los que están obsesionados con que la gente les va a hacer daño, con que tienen que cuidarse mucho y muy profundo por si alguien les absorbe lo que son. La paranoia habita en el miedo, en la rabia y sobretodo te engaña diciendo que si eres vulnerable, todos, sin excepciones, tomarán esa vulnerabilidad para machacarte hasta no dejar ni un solo pedazo intacto.

Entiendo que hay paranoias más "justificadas". Por ejemplo, las personas que hemos sufrido abusos sexuales podemos arrastrar durante toda la vida una paranoia que nos hace construir una fortaleza de protección hacia los demás, sobretodo hacia el genero que nos hizo aquel abuso. Aquí existe un trauma, los traumas son como cicatrices aún más profundas. Mucho más. Como un rift infinito que se abre dentro de tu persona, una frontera que marca un antes y un después en tu personalidad, en tus recuerdos, en tu forma de crecer y todo ello en tu vibración energética. Entonces esa paranoia sirve como un método de sobreprotección, que hasta cierto punto es comprensible (o quizás justifico que es comprensible porque lo vivo en primera persona).

Sin embargo no soy capaz de justificar la paranoia de aquellos que se obsesionan por otras cosas que no tienen tantas raíces, por aquellos que no son capaces de disfrutar de la vida sin pensar que hay mucha gente que les quiere hacer daño o que todo lo que hacen, en todo momento, corre riesgo de que otros lo roben, manipulen o abusen de ello.

Y digo que no soy capaz de justificar la paranoia en estas personas que NO ESTÁN DIAGNOSTICADAS, si no, que como comentaba antes tienen la semilla que todos tenemos y a veces dejan que salga interfiriendo en una realidad que para ellos podría ser mucho más enriquecedora. Con ese sobrecogimiento interior ¿quién se expande ante la vida?.

Entiendo las personas que están diagnosticadas y que la paranoia ya ha cruzado los límites de la cordura y comprendo, por supuesto, que necesitan compasión y tratamiento, ambos al mismo porcentaje de importancia.

Si queréis hacerme caso; observar durante varios días a las personas de vuestro entorno y después disponeos a observar la sociedad. Vais a alucinar con la cantidad de pilares que se apoyan en la paranoia como un método de manipulación, estructuración, influencia y gestión.

Generar paranoia en los demás es demasiado fácil y hacer que esa paranoia tome el control de la vida, es aún más sencillo. Yo es como lo sentí, cuando lo viví en primera mano a un nivel tan alto. De hecho, en aquel momento lo difícil era mantener la cordura y decirme a mi misma que aquello no era real... ¿cómo vamos a ser capaces de decirnos a nosotros mismos que una parte de nuestra vida y sistema no es real? Que es humo de una paranoia inyectada desde el primer momento que venimos al mundo. Está tan arraigada a nuestra vida, a nuestro mundo cotidiano y rutinario que nos llamaríamos locos simplemente por imaginarlo.

¡Ay Matrix! que bien encajada estás en la vida, te han hecho con la forma y el tamaño adecuado para pasar desapercibida. Y cuanto te quiero, porque aunque seas en ocasiones una especie de condena perpetua, eres una realidad maestra de nuestras habilidades, y sin ti, la otra cara de la moneda no podría ser posible.

Bienvenido a la realidad de que vives en estados mentales desequilibrados de los que casi nadie quiere oír hablar, pero que precisamente esa montaña rusa, tan delicada y eficaz, es también la que forma parte de todas tus grandezas.


martes, 11 de abril de 2017

MODO BUCLE



Cuando nos da por repetirnos con un tema, entramos en una sistemática dinámica cíclica de pensamientos y actos. Pensamos que si repetimos, en voz alta y compartiendo con otros la misma situación, unas diez, once o doce veces, todo cambiará repentinamente... Pero es mentira. No cambia nada y pareces un disco rayado que se queda atascado en la misma canción.

Nuestra cabeza pasa a ser una lavadora que no para de dar vueltas y esa repetición constante nos hace parecer el ajo que le echa tu madre al gazpacho, que sí está buenísimo pero no te engañes ¡a veces se repite! (y mucho, aunque no tanto como cuando te pones en modo bucle).

El modo bucle nace, en ocasiones, de la necesidad imperiosa por no querer separarnos de un vínculo. De nuevo debemos ser francos, se nos da fatal eso de decir adiós ¡incluso a lo que nos hace daño! y se nos da requetebien (pero requetebien, requetebien) adaptar patrones de conducta poco constructivos, adictivos y reincidentes. Porque parece que los hemos dejado pero... ¡no! Y vuelven de nuevo a nuestra vida con otra situación distinta.

Podemos estar dándole machaqueo a un tema hasta que nos quedemos sin fuerzas y a veces ni eso consigue pararnos (si fuésemos tan comprometidos e insistentes en otros ámbitos de nuestra vida, seguramente seríamos bastante más felices).

El modo bucle llega sin avisar y cuando te quieres dar cuenta ya estás de lleno metido en su lodazal. Puede ser por cualquier motivo, desde una obra para remodelar tu casa, un asunto con un familiar, algo relacionado con tu propio negocio... El caso es que si llevas más de un par de meses pensando en la misma historia y no sacas nada en claro, si parece que aunque sepas la solución no tomas medidas para ponerte a arreglar eso que tanto comedero de tarro te trae (y que parece que te gusta porque no lo sueltas) ¡ENHORABUENA! Estás en modo bucle. Como casi toda la humanidad. Sí, esto es lo que me suelo decir para consolarme... ya sabéis "mal de muchos, consuelo de tontos" y a tonta no me gana nadie porque soy la fan number one del modo bucle.

El modo bucle es tan absurdo como dar vueltas y vueltas y vueltas sobre ti mismo esperando que eso te lleve a alguno otro lado porque ¡eh! te estás movimiendo. Y sí, es cierto, te estás moviendo, lo que no quieres ver es que ese movimiento no es constructivo, que no avanzas. Literalmente es una pérdida de tiempo porque ni siquiera quieres ser objetivo y aceptar que quizás sea momento de para un instante, quitarte el mareo de tanto giro y ponerte a caminar como una persona normal.

El bucle funciona así, te mantiene entretenido y agarrado con un pensamiento que no terminas de soltar, acompañado por supuesto de sus propias emociones y mientras crees que estás haciendo algo por solucionar el problema, lo cierto es que de nuevo te vuelves a levantar otro día más y con la misma sensación. Aunque te duela es momento de que te des cuenta que estás perdiendo un tiempo que jamás vas a recuperar y que eres un crack encontrando excusas para acostarte todos los días con el mismo peso mental (yo también soy una crack en eso...).

Mientras te repites el mismo cuento, que seguramente hasta te genera ansiedad y sea la brecha principal por donde pierdes tu preciada energía, la vida sigue avanzando viendo como tú sigues enganchado, engañándote con un ausente progreso.

Y ahora que lo sabes ¿te atreves a salir del modo bucle? Él parece que ha hecho buenas migas con tu zona cotidiana de confort. Que si no quieres, puedes tirarte toda la vida metido en esa infinita espiral, ya sabes que eres muy libre para elegir lo que realmente deseas en tu vida.

lunes, 10 de abril de 2017

Lo que quiso la vida...


Follamos como adultos y nunca dejamos de ser críos. Me daba igual el riesgo y los daños colaterales... ¡qué ingenua!. Igual que cuando eras pequeño y te peleabas con tu hermano, tu madre observaba la situación  y advertía desde su experiencia que uno de los dos saldría mal parado... Al final aquello terminaba por cumplirse y uno de los dos acababa llorando.

Entre tú y yo, he sido claramente yo. A veces el echar de menos se lleva mal, francamente mal. Y yo creo que te echo de menos... demasiadas veces.

No le imploré a la vida ni un segundo más a tu lado... pero recuerdo las lágrimas que me caían cuando te dije que dejar de verte me haría daño. Una parte de mi sabía que eso iba a pasar y supongo que lo lloré delante de ti y antes de tiempo para ser consciente y estar preparada, aunque creo que no existe una preparación adecuada para un final inevitable (¿o evitable?).

¿Sabes? Quise creer que las leyes del universo harían una excepción conmigo y contigo, pero supongo que no existen excepciones, al menos no en este tipo de ocasiones.

Ahora vivo en medio de dos emociones muy diferentes, por un lado pienso cómo me sentiría verte por la calle, deseando en secreto que eso ocurra. Y por otro lado espero que eso nunca pase. Estoy entre la ilusión de un imaginario reencuentro y el temor de saludarte, sabiendo que un efímero "hola ¿qué hay de nuevo?" seguirá siendo parte de este eterno y presente "adiós".

He preguntado cómo estás, qué tal te va todo... Se lo he preguntado al cosmos (ventajas de ser bruja) y me dice que no te va tan mal y que brota dentro de ti una nueva ilusión. ¿Será amor? Espero que sea amor, porque tal y como eres mereces amar y que te amen con toda la pasión que forma tu persona, que te amen sincero, a tu medida y que te amen fuerte... Y tú poder devolverlo exactamente igual. 

Precisamente todo el amor que brota de tu corazón es el que te ha llevado a querer ayudar a los demás, a encontrar esperanza y a dar lo mejor de ti hacia aquellos que son importantes en tu camino.

Te mando un abrazo muy fuerte, desde lo más profundo de mi corazón.

(Qué difícil es encontrar de nuevo a alguien que cuadre y te quiera tal cual eres, cuando la mitad de tu mundo es cielo y la otra mitad un abismo. Resulta increíble pero lo peor de todo es que es cierto... Durante poco viví en un cielo de ser yo misma y admirada por ello... No entiendo estos regalos que duran poco y te dejan luego, cuando ya no están, como si estuvieses cojo, mudo y ciego.)

viernes, 7 de abril de 2017

Mi corazón roto me hace mejor persona:


En la vida se te rompe el corazón muchas veces. Muchas. Más de las que crees y de las que vas a pensar. No siempre se rompe por un problema sentimental, a veces una parte de tu corazón se rompe cuando alguien muere, cuando tu vida cambia repentinamente o cuando te encuentras con un problema con el que quizás tengas que convivir mucho tiempo o todo lo que te quede de vida.

El corazón es ese órgano, ese hermoso órgano, que bombea la sangre por nuestro cuerpo. Pero también es esa parte emocional, llena de vulnerabilidad, que nos hace ser quienes somos. Yo creo que energéticamente es una de las fuentes principales para la inspiración y precisamente el buen arte (visual, musical, corporal...) nace de uno o varios corazones armonizados con su deseo y con su sueño. El corazón guarda diferentes fuerzas primigenias, fundamentales para seguir creciendo.

¿Cuáles son esas fuerzas primigenias? Pues podemos encontrar el entusiasmo, la ilusión, la capacidad creadora, la fortaleza interior, el amor propio, la autoestima, la confianza, la fe... y muchas otras que seguramente me he dejado en el tintero.

Esta fuente de vida y energía, a la que yo llamo corazón, es sensible y frágil a la par que resistente y con una admirable capacidad reconstructora y metamórfica. Suena a paradoja que algo tan delicado sea a la vez uno de nuestros pilares más sólidos. He aquí la magia de ser humano y con ello también encontramos la magia de todo lo que viven nuestros corazones.

Cuando caminas por la vida te expones de forma natural a encontrarte situaciones que te rompan diferentes fibras de tu corazón y no hay nada malo en ello. Realmente es sano sufrir estos encontronazos que, seamos sinceros, nunca hemos deseado. Son estos duros choques contra la realidad lo que nos lleva a descubrir realmente quienes somos.

Las heridas de tu corazón y cómo has reaccionado al sufrirlas, al vivirlas y posteriormente al seguir teniéndolas como parte de tus experiencias, muestran quien eres hoy en día. Es fascinante cómo la propia vida va haciendo y deshaciendo dentro de nosotros y cómo decidimos amoldarnos a cada acontecimiento, a cada situación y a cada nuevo instante.

El corazón se "recompone", pero yo creo que nunca lo hace al 100%. Os explico porqué creo que no lo hace al 100%; porque pienso que siempre hay una huella imborrable de cada vivencia. Y esto es primordial, es esencial y es grandioso que sean imborrables. Lo es, incluso si hoy aún algunas te duelen (como me duelen a mi) es maravilloso que no se borren, es maravilloso que cambien, como las heridas de la piel que pasan de ser costra a ser un tejido rosado al que llamamos "cicatriz". Mi corazón, el tuyo, el de ella, el de él... Está cosido y recosido, compuesto por microscópicas y también por gigantescas cicatrices que muestran una realidad firme y contundente de tu presente y muy posiblemente también de una parte de tu futuro.

La frustración con las heridas del corazón, sobretodo con aquellas que son recientes, es una actitud de lo más humana. Nos frustra el daño interno y sentimos más daño cuando algo nos toca esa hebra y esa energía. Entonces surge en nosotros una incomodidad natural que compone a cualquier ser humano, porque no estaremos de acuerdo y no nos parecerá nada justo. He observado que parte de nuestra actitud es buscar de manera constante la justicia sobre nosotros y sobre nuestro entorno, en ese momento introducimos un subjetivo punto de vista sobre lo que nosotros creemos que es justicia y nos alejamos de la confianza hacia la vida y hacia todos los enigmas que nos regala.

Esta emoción de incomodidad, de tristeza apagada y de rebeldía nos hace experimentar las heridas del corazón en diferentes fases, desde el dolor, a la rabia pasando por la brutalidad mental de encararnos inconscientemente a nuestro mayor bien, que aunque cueste creerlo en muchas ocasiones emerge de los momentos más duros que podemos vivir y precisamente son los momentos más duros los que suelen dejarnos más huella en el corazón.

El corazón tiene un registro infinito: desamores, despedidas, cambios, rupturas de situaciones, decisiones que te hacen madurar de golpe y porrazo, presiones, pesos personales... Y no, no puedes evitar que las cosas no te cambien, lo cual también es genial. Es genial que seamos estos increíbles animales con capacidades transformativas y que constantemente nos podamos permitir tomar una oportunidad tras otra e ir construyéndonos hasta el fin de nuestros días.

Yo reconozco que tengo un corazón roto, que está lleno de remiendos, de recuerdos, de pasados... De esos instantes que quedaron atrás pero que indiscutiblemente, y gracias a Dios, me han traído a este presente. Y reconozco que ese dolor, esa dureza de los acontecimientos y de mi misma ha hecho emerger partes sobre quién soy, rebosando una belleza indescriptible.

Es precisamente esta belleza, sobretodo a nivel de personalidad, la que hace que tenga la valentía para perdonarme a cada error, para liberarme, para hacerme responsable de que en ocasiones soy demasiado exigente conmigo misma y me hiero con un machaqueo constante para lograr cumplir los objetivos de ser mejor que ayer, pero y espero que un poco peor que mañana.

Sin embargo mi corazón roto me ha dotado de la capacidad empática, la verdadera empatía, para observar la tristeza ajena. Ser empático no supone que nunca vayas a hacer daño a nadie, pero sí te dota de humildad para aceptar cuándo has sido tú quien ha metido la pata y colocarte en el otro lado, transmitiendo así una disculpa verdadera. También me ha convertido en una persona muy cuidadosa con aquellos que realmente me importan y en muchas ocasiones me ha llevado a enamorarme rápido por miedo, precisamente, de convertirme en una piedra sin sentires o en una persona que manipule el entorno (consciente o inconscientemente) generando aún más heridas, tanto en mí como en aquellos que estén involucrados conmigo.

Mi corazón roto me ha hecho llorar y de ese llanto he obtenido una verdad real de mi persona: SOY MUY FUERTE. Mi corazón roto me ha hecho valorar realmente a aquellos que se quedan a mi lado, me ha hecho aprender a desenvolverme estando completamente sola en momentos muy duros, me ha hecho aprender a defenderme del ataque ajeno que intenta dañar por dañar, me ha hecho tomar decisiones para darme más amor y me ha hecho ser capaz de mirar atrás y decirme a mi misma "ya has salido de momentos que no resultaron fáciles, todos los que te toquen de ahora en adelante serán pan comido". Es mi corazón roto quien ha hecho que sea más fiel a mis principios y que me afiance, con más fuerza y energía, en la realidad de quien soy.

Mi corazón, con pedazos de menos, ha sido de las mejores compañías que he podido tener hasta ahora. Y es también el que me ha guiado a vivir experiencias que repetiría una y mil veces, a pesar de que quizás los resultados del final no han sido los deseados. Además es mi corazón el que me ha mostrado como ser yo misma sin que eso signifique quedarse al margen y es el que me ha dado siempre ganas de tirar adelante.

En mi corazón se encuentra viviendo una parte divina de mi ser, que precisamente es quien lo apaña cuando yo voy directa a una de esas experiencias imborrables y maestras. Mi corazón roto me ha hecho mostrar los dientes ante aquellos que pasean la maldad como si fuese un perro bonito, también me ha hecho sentirme enamorada de mis padres y comprender cada una de sus decisiones. En esas cicatrices de mi ser se observa la luz más bonita de mi mirada y junto a ella las partes más vulnerables de mi verdadera personalidad, sin caretas, ni muros, ni excusas.

Desde dentro de mi corazón, y conforme más se ha ido rompiendo, ha emergido mi facultad comunicativa y comprensiva, mi facultad espiritual y conectiva y sobretodo una fe que me inunda cuando nadie más puede hacerlo. Una fe sobre mi misma y sobre lo que me depara la vida que es precisamente la que me salva de sentirme perdida o de dejarme vencer por los miedos que se encuentran propagándose a través del colectivo.

Mi corazón roto me ha ayudado a tener más tacto para aprender a perdonar, también me ha enseñado que el orgullo corrompe la parte de amor que podemos compartir con los demás. Mi corazón roto es también una parte indivisible de mis sombras, algunas de ellas ya tienen más luz que oscuridad.

Y es mi corazón roto, de oso, quien me ha traído hasta aquí para hacerte llegar que, incluso con un corazón lleno de heridas pasadas, de cicatrices inolvidables y de una frágil sensibilidad, puedes seguir sintiendo el amor de la vida, porque es precisamente eso lo que bombea y llena de energía todo tu cuerpo físico y astral.

jueves, 6 de abril de 2017

NO SOY TU RETO...


En cuanto dices algo, referente a ti, que se sale de lo común o lo habitual hay muchas personas que te colocan en una posición de lograr cambiar tu opinión, de influenciarte, de conseguirte a nivel sexual, de dominarte, de introducirse en tu vida o en ti (seguramente solo momentáneamente) y dárselas con que llevan razón. Tu cuerpo y parte de tu esencia pasa a ser un trofeo que se debe conseguir sí o sí. 

Convencidos por sus propios impulsos intentan ponerte a prueba, de manera casi constante (como si no tuviese suficiente con las pruebas de la vida) para tantear el terreno y ver cómo de convencida estás de tus propias decisiones, desvaloran tus opiniones con subjetivos puntos de vista y se jactan, consciente o inconscientemente, desde un ángulo donde se les ve el plumero de lejos. 

¡¿PERO QUÉ PASA?! Yo tomo decisiones, no para que los demás me vean como un trofeo, las tomo para mi misma. No soy la recompensa de SU EGO que de manera constante les ha convencido para que obtengan lo que les apetece de mi. No entiendo... ¿es tan difícil comprender que no me interesa conocer a nadie a nivel sexual ni sentimental? ¿tan difícil es respetar que no quiero sexo? Que no me apetece. Tengo que estar defendiendo mi decisión ante el prejuicio de unos pocos que se creen con derecho a decirme cómo, cuándo, dónde... y con quien. Por si eso fuese poco, sus indirectas, que se veían venir de lejos porque tienen un perfil predecible, lo único que hacen es intentar atacarme.

Intentan de manera sibilina colármela (literal y metaforicamente) y se encuentran con un enorme muro, una distancia, una decisión con conciencia. Sus "quiero conocerte" encierran una realidad, normalmente sexual, que al poco se va descubriendo... porque aquí en la vida las intenciones no se pueden disimular por mucho tiempo. 

No quiero que suene ególatra ni victimista, pero lo cierto es que parece que hay cierto radar. Algunas personas buscan casi de manera constante parejas sexuales y a mi eso me agota, por eso decidí alejarme voluntariamente. Esta búsqueda constante me repercute cuando coinciden conmigo y les digo, viendo sus primeros pasos y su impulso, que yo no voy por ahí, que no me interesa y que gracias pero ya nos veremos. Entonces todo se tuerce, nace cierta tensión la cual se han decidido a relajar intentando por todos los medios hacer que sea infiel a mi misma, a mis decisiones, a mi razón, a mi conciencia, a mi tranquilidad... Que no hombre, que no te enteras, te crees especial e irás con tu orgullo caminando como un pavo si logras lo que con tanto esmero (o no tanto) te estás esforzando por "conseguir", pero es que a mí no se me consigue. Repito de nuevo: A MI NO SE ME CONSIGUE. 

Me siento cosificada, desvalorada y enjuiciada. Entre comentarios como "vas de monja" se esconde la realidad de "me cago en la leche... vaya mierda querría follar contigo" y aquí está la verdad, una verdad acojonante del mundo: NOS CUESTA RESPETAR A LOS DEMÁS. Si alguien no cumple con nuestras expectativas o con lo que pensamos que debe ser, vamos a ir hacia esa persona a atacarle disimuladamente entre "bromas" y con comentarios, que más que apoyar y respetar la decisión individual que ha tomado, intentando generar una herida. 

No soy un premio, ni un triunfo, ni una ganancia.  Me apetecería decirles que esto no es un concurso donde deban mostrarse como el pavo más bonito del jardín. En primer lugar es amor propio, el de ellos no debería verse ninguneado ni dañado por decisiones que tomo sobre mi persona. A priori no tengo ningún juicio sobre este tipo de personas, excepto cuando ya empiezan con un taladro constante de pruebas para intentar llevarme a un límite al que no tengo ni ganas de aproximarme. 

Estoy decidiendo sobre mi cuerpo físico y energético, no creo que sea tan difícil de comprender y si te resulta tan difícil de comprender simplemente vete. El machaqueo continuado solo me agota y genera precisamente, y aún con más intensidad, todo lo contrario a lo que les gustaría. No soy capaz de entender cómo no lo ven.

Me resulta molesto y pesado, me siento perseguida cuando ocurre este tipo de situación. Hasta que finalmente saco todo mi carácter y digo la verdad: "ME AGOBIAS, me enfadas, no me respetas, te crees que soy como una niña tonta sin ningún tipo de lealtad hacia mi misma pero te estás equivocando... que me dejes." Y... ¿qué pasa aquí? Surge en ellos un fuego indomable donde se sienten heridos, a pesar de las constantes negativas que han recibido hasta llevarme a la frontera de mi tolerancia y aguante. 

Siempre he tenido mucho cuidado y discernimiento a la hora de elegir mis parejas sexuales. Es una elección íntima y personal que nunca me he tomado a la ligera y en 3 ocasiones, solo en 3 verdaderas ocasiones me he enamorado de esas parejas. Porque precisamente me conozco, sé como soy, no elijo a cualquiera, cumplen todos ciertas cosas en común y entre ellas es que, a pesar de sus resistencias y de sus trabajos personales a medias, son buenas personas. Es así. 

Sin embargo a día de hoy no me apetece nada con nadie, ni aunque sea buena persona. Estoy por y para mi y no creo que eso deba ser una ofensa. Ofendida es como yo me siento cuando determinados personajes se proponen tirar abajo en lo que me apoyo actualmente. 

Me encantaría decirles a cada uno de ellos: "Aquí no hay un elegido mágico, no eres el mesías de mi vagina y tampoco de mis orgasmos (en compañía que es lo que deseas). Tampoco eres un rey y yo no soy la conquista de nadie, precisamente las personas con las que me he acostado (y sobre todo he ido mejorando con el tiempo) no me han tratado como un objeto del que presumir, se han quedado admirando mi profundidad, funcionase o no funcionase y eso es una parte primordial del respeto. Un respeto que siento ausente cuando tu polla habla por tu boca, metiendo indirectas en cosas que tú llamas “humor”. Cuando te ríes y me dices "jeje quería ponerte a prueba..." ¿a prueba de qué? Y ahí te conviertes en el más payaso que he visto. Sin más. Que te vaya bonito, que es lo que te hace falta para que cambies bastante tu forma de tratar a los demás en relación a sus sagradas e incorrompibles decisiones."

Necesitamos un curso urgente de respeto hacia el prójimo. Un curso obligatorio, donde tengamos que sacarnos el título sí o sí y así dejemos en paz a cada uno con su vida. Porque en serio... como nos cuesta comprender que los demás no quieran cumplir con nuestros deseos.

miércoles, 5 de abril de 2017

Breve nosotros...

- Sé exactamente lo que quiero.
- No sabes una mierda.


A veces los "nosotros" se disipan y lo sabemos de ante mano aún así nos lanzamos a ellos, entre ilusionados y aturdidos, porque quizás merece el tiempo. Preferimos la gloria de un solo instante de "nosotros" por encima de toda una vida de desolado "solo yo". Tenemos demasiados "nosotros" que al quedarse a medias, en solo un tú y solo un yo, nos han hecho dudar y construir muros de hormigón indestructible (en plan viga de carga).

A ver quien es el guapo que tira eso abajo, necesitaremos estar provistos hasta las cejas de todo tipo de armamento y la verdad, al final de ninguna guerra nace ningún amor. Eso son historias que jamás se cumplen porque en las tierras del dolor no puede germinar el entusiasmo de la pasión, ni del afecto, ni del cariño, ni de la ternura, ni de la complicidad y por supuesto tampoco del querer. 

Aquí tenemos dos vertientes, la primera es que caigamos una y otra vez en esos engatusamientos de un "nosotros" y la segunda que nos volvamos duros como rocas y helemos un corazón que ha nacido, principalmente, para llenarnos la vida de amor (lo del sistema circulatorio es algo secundario, su segundo curro a jornada completa porque está la cosa fatal como para no herniarse trabajando...).

En esas estamos, compañeros, la que nos ha tocado.

sábado, 1 de abril de 2017

Muescas: mercurio retrógrado.

Los valientes hallan la manera. Los cobardes huimos y perdemos la oportunidad.

Mercurio está retrógrado, quizás ese sea el motivo de esta inundación interna (esto es una excusa, llevo semanas pensando en ti). La manera que tengo de inmolarme(de echarte de menos) cuando exploto por mis propias muescas, huellas de un pasado imborrable que no pueden ser presente. (Todo lo que pasa en el cielo me afecta de una forma tan directa que a veces los propios cambios la luna me ahogan con su energía)

Me habría gustado poder decir con seguridad "Hagamos de lo difícil algo fácil. De lo imposible algo posible y del amor... nuestra vida". Qué bonito suena cuando lo lees, que difícil es cantarlo y esperar lo mismo de vuelta. 

Las muescas sin presente son esas pequeñas brechas de las experiencias que nos componen, lo que ocurre es que a veces la piel sigue tierna, la herida sigue sangrando o incluso aún nos escuece si lo rozamos. Ahí estoy yo, con esa sensación que me hierve la sangre, porque es como tener una parte de mi en carne viva. 

No tuvimos pasado, tuvimos efímeros segundos e instantes intensos. Dos voces distintas, dos caminos y al final... todo se ha quedado lejos. Es difícil llegar al otro lado y es difícil mantenerse en este, que difícil resulta todo cuando quieres sin ser querido y cuando amas en silencio, un amor no correspondido.

Me agotan los "arrepentimientos" y las oportunidades al viento que al final se quedan en vacío. Si yo fuese más de cabeza y menos de corazón habría encontrado el algoritmo indicado para dar salida a todo esto y seguramente lo habría reducido rápidamente a cero. Para que ni sume, ni reste, ni importa, ni duela, ni guste ni nada.

La condena es que nadie puede ensuciar tus besos, son el único recuerdo de tu presencia. 

Pero antes de volverme loca me repetiré a mi misma: mercurio está retrógrado, deja que pasen los días y quizás todo vuelva a su cauce liberándote de esta opresión de querer desde lejos sin ni siquiera poder acercarte (o no, quizás nada vuelva a ningún sitio y esto necesite más de una dosis de amarga realidad).