¿Sabes? todo hay que sentirlo, notarlo, palparlo en lo más profundo de tu ser...

lunes, 18 de septiembre de 2017

Levantemos polvo:


Y que más da quién esté y quién no, si lo que importa va más allá de eso, de hecho, eso mismo es humo.

Levantemos polvo. Digamos las cosas sin dejarnos ni un poco, ni un poquito. Claras, como agüita del río.

Si todo está en paz y tranquilo dentro de ti, dentro de uno mismo, en el centro de tu hermoso corazón... Entonces todo se puede. Si todo es desde el amor, el verdadero amor y la impecable paz... solo si es desde ahí, desde ese bien mayor.

Qué más da los "ya no sueño contigo" y los "ya no nos vemos tanto/pronto/nunca"... Al final, el alma y el cuerpo, la mente y el corazón, la esencia y la vida, comen y se nutren de quien uno se siente consigo mismo, sin nadie más dentro.

Es lindo el amor compartido, decidido, recosido y trabajado. Con sus experiencias, su crecimiento, su madurez, su mucho que aprender y enseñar... Pero hasta que esos vientos lleguen a estos puertos, reales y humanos, solo nos queda/me queda la verdad de nosotros/de mi. Donde también hay, en muchas ocasiones, que decidirse, recoserse, trabajarse duro, aprenderse con dulzura y enseñarse con firmeza.

Hasta ese momento... Levantemos polvo construyéndonos. Como quien inicia una obra o quien talla mármol plasmando algo realmente bello.

Echándome de más:


Y es que en tu ausencia me di cuenta que me quedé con muchos te quieros... Y sé que esto me hace más esclava. No sabía cuánto podía encadenarme por no compartir amor, del verdadero. Y cuando la oportunidad pasa, empieza ese movimiento interno, ese miedo y ese aprendizaje por haber dejado todo hasta después, esa insana procrastinación de las emociones. 

Y echándote de menos, me encontré echándome de más. Con un miedo a que todo vuelva a suceder; a no compartir ni comunicarme lo suficiente, a quedarme demasiadas palabras atrancadas entre el corazón y los labios, mientras sufren muertes agónicas por la cobardía y la vergüenza.

Desde que diste ese adiós, inesperado o natural, me di cuenta que cuando pierdes a alguien se pierde también una pequeña parte de tu persona, supongo que es como funciona el destino. Y por mucho que quieras y ames muy fuerte, las personas se marchan sin poder evitarlo. Se van. Sin embargo algo en mí, me dice que merece la pena, aunque el adiós se prologue más que cualquier "para siempre".

Merece la pena la esperanza, aunque todo tenga ya su final predestinado e inevitable. Aunque nos condene, deberíamos sentirnos más libres, sobretodo porque es lo único que nos empuja a abrir las alas y atrevernos,para expresar todo aquello que callamos, para mostrar todas esas cosas que ya no hacemos. 

Ya no puedo abrazarte, al menos no desde el mismo lugar. Ya no puedo escucharte, al menos no de la misma manera, porque creo que no me llegará lo que realmente quieras decirme. Tengo tantas preguntas agolpadas en mi interior y me lamento porque siento que no encontraré una respuesta clara, no ahora, no en este momento.

Y aunque esto ya no cambie, no podamos cambiarlo, todo lo que queda siempre serán algo más que recuerdos... No puedo evitar echar de menos el amor que me dabas. Seguro que ahora me amas más, con más ternura y comprensión, pero eso no sé si lo podré saber, porque quizás solo sean ideas para no perderme en un mundo sin un hueco para la esperanza.

Supongo que es por esto que a veces me pongo a pensarte...

Me aferro a lo que pude observar en ti, sobretodo para aprender a vivir. 

-A mi abuelo.

domingo, 10 de septiembre de 2017

El fruto de mi(tu) vida:


Te comprendo, de verdad. Es horrible estar en un mundo que solo da valor a lo material. Es horrible intentar priorizar por algo más y encontrar una ausencia de apoyo. Y en ocasiones es difícil aceptar que, de alguna manera, siempre se necesita dinero y cosas tangibles para poder avanzar, incluso para poder crecer en el ámbito espiritual. 

Comprendo tu sentimiento, comprendo tus emociones, comprendo incluso tu frustración. Y comprendo, también, cuando te sientes fuera de lugar porque no encuentras personas afines a ti que sepan mirar en la misma dirección y que abracen tu forma de entender, sentir y experimentar la vida. Y como sé lo que es eso, lo sé de primera mano, hoy he decidido escribirme(escribirte) esto para que te ayude. Te invito a imprimirlo y re-leerlo cada vez que lo necesites. 

En el siguiente texto voy a intentar compartirte cómo yo me siento en ocasiones, en diferentes ámbitos de mi vida y si por casualidad te ves reflejada o reflejado, quizás deberías tomártelo como una señal privada que te envía el cosmos:

Te voy a decir, a ti, que desde tu mundo de la seguridad material me observas negando con la cabeza y creyendo que soy una loca incrédula, a la que en ocasiones le faltan raíces o que no sabe de alguna manera tener los pies en La Tierra, que sé perfectamente cuál es el fruto de mi vida. Lo tengo bien claro. Tú, crees que estoy muy perdida y estás convencido de alguna manera en que lo único que hago es un recorrido sin sentido en zigzag donde terminaré perdiendo, donde me caeré con todo el equipo... Y yo, te miro y te digo "¿qué es para ti un equipo?" Para mi un equipo de mi propia existencia, mi autoequipo, es precisamente el fruto de mi vida.

Para ti todo hay que tocarlo, ponerle un precio. Sin embargo, para mi todo tiene un valor que no es numérico, los humanos me parecen seres increíbles y admirables, los animales son Dioses convertidos en carne y hueso, las plantas son madres y padres que no abandonan, La Tierra es, en si misma, la mayor riqueza que podemos disfrutar en esta vida. 

Tú crees que yo solo tengo ideas bobas. Piensas que es humo todo lo que habita mi cabeza, que el tema de ser una persona de corazón no tiene mucho futuro, que aquí solo importa una nómina sustanciosa, una hipoteca, el último modelo de Audi y esa cuenta en Netflix. A ti, que me etiquetas de utópica hasta niveles enfermizos, te chirría tanto mi forma de ver el mundo que haces de cualquiera de mis ideas el ataque perfecto para intentar destrozar todo aquello en lo que me apoyo... Pero se te escapa, porque aquello en lo que me apoyo no es lo que tengo, es en lo que me convierto como ser humano, como persona íntegra, como alma en cuerpo físico, como ejemplo, como coherencia entre mi corazón-mente-alma... Y eso poco tiene que ver con tu mundo, donde todo se resume a algo llamado economía, sistema, piezas de un puzzle que manejan otros.

No sé si es por tu desconocimiento o por tu miedo, no sé si es por ignorancia o porque nadie te dijo jamás que nosotros tenemos potencial para más, para mucho más, pero que cada cual requiere de su propio tiempo... Cada persona necesita un tiempo de gestación para hallarse y una vez que te encuentras, todo fluye a su ritmo. 

Para ti todo lo que importa es ese título en la pared, ese CV interesante, ese máster que está aceptado porque alguien dijo que era importante invertir miles de euros en estudiar algo que, muy seguramente, terminarás olvidando. Para ti, desde tu perspectiva, es importante esa competencia donde demostrar quién es el mejor y no solamente te resulta importante, crees que es prioritaria, necesaria y que no existe otra forma para vivir pleno, sin que te falte de comer y pudiendo conseguir todos los caprichos que se te antojen. Me parece bien, me parece bien para ti. Y me parece aún mejor si me confirmas, de manera sincera, que eso te hace feliz. Si lo admites con un pleno "sí, esta forma mía de pensar es la que más dichoso, lleno, feliz y enriquecido me hace sentir" pues entonces, solo entonces, te diré que me alegro profundamente por ti y por haber encontrado tu forma de pensamiento, tu vibración personal, tu hueco en este mundo... Ese hueco personal, intransferible y que ocupa la mente, el corazón, el alma, las emociones y sobretodo tu existencia, tu única existencia en esta vida. 

Me parece genial, te lo digo de corazón. Sin embargo, y aquí vengo, para mí tu mundo no encaja conmigo. Tu mundo me hace infeliz, desdichada, fuera de lugar, me hace sentir menos, me hace compararme, me hace no verme, me hace sentirme insignificante, me hace perderme y me hace daño, mucho daño. 

Mi mundo es diferente y ambos mundos, ambas formas de llevar la vida, conviven dentro de una misma realidad espacio-temporal y eso es hermoso, te lo aseguro. Sé, soy consciente, que necesito dinero para vivir y sobrevivir. Sé, soy consciente, que necesito de unos resultados para crear un futuro. Sé, soy consciente, que necesito de una madurez para plantear un camino que no sea inestable. Sé, soy consciente, que necesito de tiempo, de sacrificio, de trabajo (y todo lo que pueda significar la palabra trabajo). 

Ahora, comprendo algo que va mucho más y que creo que es ahí donde diferimos y no pasa nada. Acepto tu forma de vivir, solo te pido que aceptes la mía.

Viéndome tan sola, experimentando estas cosas tan profundas que me han ido ocurriendo en el margen de un año y medio, sobreviviendo, reponiéndome, mejorando, perdiendo la esperanza y recuperándola de nuevo, sufriendo terribles miedos, haciéndome daño, fustigándome por dentro... Intentando seguir el ejemplo de pasos como los tuyos, de ese mundo de materia y organización fisica-tangible-sistemática... Enfermé.

Enfermé muchísimo, enfermé hasta el punto de que cada día de esta vida para mi suponía una ansiedad constante, imparable. Me ahogaba solo con abrir los ojos cada mañana. Y me di cuenta que al valorar el fruto de mi vida solo y exclusivamente con ejemplos físicos, con un precio... Me dejaba lo más importante por el camino y enfocaba mi energía hacia aquello que realmente no era fruto, si no, que era entretenimiento. Proyectaba mi visión hacia lo que era humo, lo que realmente no te acompaña a tu próxima vida, a tu próxima experiencia, a tu próximo aprendizaje... Y cuando comprendí esto, cuando lo abracé fuerte, todo empezó a ir mucho mejor.

Me di cuenta que debía valorar el verdadero fruto de mi vida ¿y cuál es? Pues evidentemente no es lo que tengo, es lo que crezco como ser humano, es lo que maduro, es lo que siento, es lo que transmito, es lo que comparto, es el pensamiento hecho palabra, es la emoción hecha arte... Y el fruto de mi vida, y el de muchas personas como yo, es ese desarrollo que hemos logrado dentro de nosotros mismos. El fruto de nuestra vida es nuestro propio mundo interno, ese que no tiene comparación y al que jamás se puede llegar poniendo única y exclusivamente retos y objetivos materiales de por medio. 

Lo veo... El fruto que doy, como árbol de mi propia existencia, es precisamente esto: lo que estás leyendo, lo que estoy sintiendo, lo que estoy creciendo, lo que estoy despertando. 

Y cada día que avanzo a favor de este camino más frutos internos crecen y maduran ¿y qué pasa después? Que poco a poco, con cada paso, el universo responde con su habilidad de materializar. El mayor testigo de nuestra historia individual siempre agradece, siempre devuelve, en mayor medida y como nosotros decidamos y deseemos recibir... Por eso sé, que si mi jardín interior está florecido y lleno de frutas, también lo estará ese mundo exterior, el mismo en el que tú te has entretenido sin mirar un poco hacia dentro preguntándote cómo están esas praderas a las que no se llega de otra manera más que valorando lo que realmente no se puede coger, pagar, vender, cambiar, comprar... Y ahora, más que nunca, te agradezco que lo entiendas y que poco a poco lo comprendas, porque yo sí admito que esta forma de pensar, esta filosofía de vida, es la que me hace sentir plena, dichosa y llena, es la única que me aporta seguridad y que me hace comprender la importancia de mi existencia en este mundo, porqué nací y porqué sigo disfrutando de la vida y ante todo, porque jamás debo rendirme.


Soy polvo de estrellas.


Como una noche de verano, mirando al cielo, puede que te tires toda la vida. Cargado con la esperanza de que algo se cruce por nuestro techo cósmico, un cuerpo celeste que marque un antes y después y confiando en que al enviarle, al contarle, al compartirle... Esa profunda realidad que habita en nuestro interior, con la ambición de vivirla, ese astro lo hará realidad.

Pedir deseos a las estrellas fugaces nunca ha estado sobrevalorado, de hecho, es como una de esas pocas cosas que nos quedan de inocencia, de esas que nos conectan de verdad con volver a creer y con dejar abierta la puerta de la posibilidad. 

Yo hace bien poco me cansé. Quizás me cansé de esperar el momento único que ocurre cada tiempo cuando el cielo se llena de verdaderas lágrimas de fuego que embellecen, aún más, el misticismo de cualquier noche con olor a mar, brisa suave y sensación de plenitud. Quizás ha ocurrido porque precisamente este año no he podido disfrutar de uno de esos momentos clave o quizás porque Dios a predispuesto que llegue a la conclusión y que lo entienda de una vez por todas: soy polvo de estrellas. 

Soy polvo de estrellas. Eres polvo de estrellas. Las mismas que cantan, tintinean y bailan en esa profunda oscuridad que nos abriga del universo. Venimos de allá, estamos aquí, iremos a... quién sabe. 

El latido de la magia que estudia la astrofísica también vibra y late en cada una de mis células. Somos del mismo material que esos átomos escurridizos donde se puede hallar mucho más que un par de fórmulas matemáticas. Soy, somos, del mismo lugar donde las estrellas se estrellan, renacen y mueren dejando una luz que parece eterna hasta que el tiempo, el bendito tiempo, termina por hacer que se pierda... Somos del mismo material que ese vacío que nunca está vacío. 

Soy de la misma materia que todo eso que admiro y que acaricia cada una de mis ideas. Soy de los mismos componentes químicos, vibro, tengo fuego en mi cuerpo, aire, tengo tierra, tengo agua y a veces hielo. 

Soy polvo de estrellas, aunque me ha costado mucho verlo. Como soy polvo de estrellas hoy le pido a esa misma magia que acoge a esos admirables cuerpos celestiales curiosos y comprometidos. 

Hoy le digo a ese torbellino energético que al menos solo por esta vida, si es que no puede ser por todas, se cumpla cada deseo que sienta dentro. Pero no cualquier deseo, porque soy humana y puedo equivocarme mucho, quiero que me ayuden a saber pedir con discernimiento, claridad, comprendiendo... Que se cumplan los deseos, única y exclusivamente, aquellos que me harán sentir plena, dichosa y realmente en consonancia con la mejor naturaleza que habita en mi. 

Hoy le pido a ese polvo de estrellas, que engalana el cielo y a cada habitante de esta tierra y en esos habitantes me incluyo, que me haga conseguir cada objetivo hermoso, lleno de paz, ayudando a un bien mayor, sintiéndome orgullosa y auto-admirándome por ello.

Soy polvo de estrellas... A si que por último, hoy le pido como deseo a ese polvo de estrellas, que se lleve todos mis dolores, mi mal estar, que me ayude a transmutar cada herida que aún está abierta, que jamás me pierda, que nunca me convierta en roca, que pueda seguir mostrándome desde el corazón porque viva lo que viva mi naturaleza abierta y dispuesta jamás mute... Hoy le pido, como deseo, que me limpie por dentro ese roto que encuentro cuando indago en tardes tranquilas donde convivo conmigo para no perderme. Hoy le pido que me convierta en alguien aún mucho más valiente, aún mucho más dispuesta, aún mucho más comprometida, aún mucho más buena.

Y se lo pido a mi propio polvo de estrellas... Porque yo, y tú y todos, somos estrellas que vagamos fugaces en una existencia temporal la cual seguirá emitiendo luz, por un tiempo definido, incluso una vez que nosotros nos apaguemos.

miércoles, 6 de septiembre de 2017

¿Quién te ama de verdad?.


La luna está llena y en piscis, es la excusa ideal para cualquier humano-lobo y para cualquier persona con el sol en piscis (o sin estar en piscis) que siente que la gasolina del mundo es el puro amor. 
Excusa también perfecta para escribir unos cuantos párrafos y dejarse llevar por el bendito diálogo interno:

"¿Quién te ama de verdad?" Me pregunto mientras miro el oscuro cielo de Madrid. Las pobres estrellas no pueden hacer frente a la contaminación lumínica, sin embargo, la impresionante cara bella de la luna siempre está presente... No hay ninguna artificial luz que se pueda enfrentar a su increíble reflejo. Pego una calada, pongo Spotify (porque soy una millennial de esas) y decido dejarme llevar por la sugerencia de una influencer, que además es astróloga, abro esa lista de reproducción que aconseja para un día como hoy. 

Se supone que debería ser un día feliz, más que nada porque es mi último día libre en mucho tiempo. Otra calada. Esta vez dejo que el humo se quede dentro de mi más tiempo "Al menos algo que me de calor desde dentro" me digo mientras me intoxico. Se me pasa por la cabeza que quizás soy un poco idiota o que quizás he nacido en el año equivocado, quizás soy de otra generación y qué narices hago aquí... Esa cantidad de burradas. 

Mis parpados se bajan un poco y las pupilas se dilatan. La suavidad me vence, el hormigueo asciende y la paz aparece, cada vez suena más lejos esa pregunta "¿quién me ama de verdad?" "¿quién nos ama de verdad?" "¿quién ama?"... Aunque suene lejos no me deja, no se despega de mi. 

Me observo "yo me amo. Me parezco una persona bonita y fuerte, algo que no es fácil. Yo me amo." 

Pero te das cuenta que no siempre es suficiente el amor de uno mismo, que mucho de cómo nos amamos y porqué también viene de que otros nos aman. Entonces pienso en esos otros y esas otras, esos amigos, esos colegas, esos compañeros y compañeras, esas citas esporádicas, esos polvos, esos besos, esas aventuras revoltosas, esas ilusiones rotas y vuelvo a este ahora. 

Colocada, literal y metafóricamente, en este presente. No le quito el ojo al cielo, porque me gusta preguntarme imaginando que una estrella me chillará la respuesta. A veces pienso que cuando dices algo mirando al cielo, al no haber intermediarios, llega antes. Sigo escuchando esa lista de reproducción "llevaba razón esa blogger..." me digo mientras poco a poco el papel se consume entre mis dedos, a suaves caladas, juego con el humo.

Me miro de abajo hasta arriba,  lo máximo que llego de arriba es el pecho y lo lleno de aire. Purifico. Le doy las gracias a la vida, pero a pesar de eso aún no me he respondido. 

Me he dado cuenta de que los humanos estamos constantemente amando y que para amar no es necesario estar enamorado. Son dos cosas muy distintas. 

Me he dado cuenta de que podemos, aunque no siempre lo hacemos, amar a todo nuestro entorno y decirnos "te amo" sin que implique algo complejo y con final dramático. Me he dado cuenta, aunque no sé si es lo que yo tengo del todo en mi vida.

"¿Qué significa amar a alguien?" Me pregunto y acto seguido me respondo sin dejarme mucho tiempo para la paranoia  "Significa ayudarlo sin compromisos ni miedo. Significa acompañarlo, apoyarlo, estar de verdad a pesar del tiempo, a pesar de la distancia, a pesar de los cambios. Creo que amar a alguien es la mayor representación de comprensión, empatía y conexión. Es el ejemplo de la generosidad, alejada de todo tipo de egos.... Entonces ¿quién me ama de verdad?". 

"Sometimes I feel so happy..." Dice la canción que escucho en este instante y habla de los momentos que cambian, de lo que es correcto y de aprender de ello. 

¿Quién te ama de verdad? Te ama quien se queda a tu lado a pesar de toda tu mierda, aquí quiero ser muy sincera, todos tenemos una parte horrible que la aceptemos o no está ahí, quien la tolera y se queda a tu lado, te ama. Te ama quien es franco, sincero, transparente. Te ama quien te habla desde el corazón, quien te busca y se sumerge en tu dolor para que salgas a flote. Te rescata como un socorrista. 

Te ama quien te descuelga el teléfono a pesar de las horas. Te ama quien se pone en silencio escuchando todo lo que tienes que decir porque comprende que en ese instante solo necesitas que te escuchen así, sin añadir nada más, sin aconsejar y sin opinar. Te ama quien te respeta, y te respeta aquella persona que desde el minuto uno ve quien eres y admira tu naturaleza única e irrepetible.

Te ama quien va de cara, quien te dice las cosas que te duelen y no te duelen pero que sabe que necesitas observar y trabajar. Te ama quien comprende tu llanto, tu rabia, tu anhelo... También te ama quien no te juzga, simplemente acepta que a veces tomes esas decisiones que te llevan por caminos parecidos y termines hecho mixtos porque ella te dejó, porque él se fue con otra, porque aquello era sin futuro y hasta tú lo sabías pero te gustó jugar al autoengaño. 

Te ama quien no añade la odiosa coletilla del "te lo dije". Te ama quien no permite que te insultes ni que te arrepientas, porque en esa incertidumbre que sientes te dice todo lo bueno que te has llevado de la experiencia.

Te ama quien no te olvida, te ama quien te dice todo lo que a veces ni tú misma eres capaz de decirte frente a un espejo, como por ejemplo lo mucho que vales, el potencial que tienes, la energía con la que puedes construir todo lo que deseas. 

Te ama quien realmente te lo dice, quien no se anda con niñerías, quien comprende que cualquier tipo de relación sana (emocional-familiar-amistad) implica un compromiso desde el corazón. Te ama quien te perdona, quien olvida tus meteduras de pata, quien sabe que eres humano y puedes errar muchas veces. Te ama quien sabe que eres capaz de estampar un vaso cuando la rabia te puede, sin embargo a pesar de escucharlo te coge de la mano o te dice lo mucho que vales y que eso es bastante más natural de lo que crees.

Te ama quien no te permite odiarte a ti mismo, quien te limpia las cargas de una actitud autodestructiva. Te ama quien no te abandona, quien prioriza por el cariño antes que por los miedos. 

Y entre tantos ejemplos de quien te ama y quien no, la brisa y yo hemos agotado esta hierba que se quemaba entre mis dedos. 

Entonces, ahora que lo sabes... que te quede bien claro quién realmente te ama y mi recomendación es que los y las ames igual. Aunque todos podemos amar 24/7 a mogollón de personas, no todos quieren hacerlo porque a veces el egoísmo es más tentador que vivir una vida donde buscar la importancia de darle valor y cariño a los demás. 



Mostrarse fuerte para no preocupar:


Me destrocé las manos aporreando...
Azotando una existencia que observaba...
En ocasiones amarga...
En otros momentos dura...
Y en otros instantes era agua que fluye...
Colina abajo, viento arriba...
Aire y brisa.

Con mis ojos puedo observar...
La ventana abierta de mis adentros...
Adentros como vísceras, dolores y esfuerzos...

Respondo con sonrisas...
Para aquellos que buscan una mano...
Porque Dios se muestra en humanos
Dispuestos y fieles...
Comprometidos y guerreros.

Y resulta que no hay muchos...
El compromiso siempre nos dio miedo.

Sin embargo, en mí habita un corazón...
Valiente y bravo...
Inquieto y aventurero...
Que poco le cuesta abrazar a quien 
Entre las sombras se ha hundido...
Escondiéndose de su propia luz,
Destruyendo su belleza,
Perdiendo su fuego.

En las noches grises, con puentes derruídos...
Cuando las guerras no cesan...
Y las bombas suenan...
Cuando las trincheras están llenas...
Cuando todo es ceniza en el tiempo...
Cargada de compasión puedo comprender...
El proceso personal del prójimo...
El vecino que está aún por crecer.

Y ahí me quedo, quieta...
Miro desde lejos esa futura embestida...
Y reposo mi cuerpo...
Siendo cobijo, hogar, familia, amiga...
O cualquier otro personaje loco...
De este juego llamado vida.

Y en la repisa de mi mundo...
Con los pies colgando...
El nudo en la garganta, los pesos cargando...
Porque entre este sonido de chiflados...
Hay alguien que se detiene...
Que llama desde el centro...
Que te indica que el hogar está cerca...
Que la pena pasa...
Que la mochila es ligera...
Que el amor habita...
Aunque existan km de por medio...
Aunque existan miedos...
Aunque existan pasados...
Aunque existan brechas y cicatrices...
El amor está cerca...
Lo presiento.

Dime... 
Solo dímelo....
Ayúdame si es cierto...
Que por mostrarme fuerte...
Para no preocupar a otros...
Es posible que me esté quebrando...
Que me estoy rompiendo.

La fina línea que separa...
La sana restricción...
Con los equilibrados límites...
Del egoísmo y el cerrarse...
Volverse hermético...
Sin esperanza...
Sin brillo...
...

Te escribo, a ti...
Para que me guíes...
Hoy, mañana y pasado...
No me sueltes...
Porque sé que no es casualidad...
Tener estas cualidades...
En un mundo habitado ahora...
Por personas que se sienten incapaces...
Perdidas, dolidas, rabiosas...
Y necesitan la fortaleza de aquel...
Que sigue erguido a pesar de los golpes...
De aquel que no se apaga...
Ni se apagará nunca...
Aunque el sol se consuma...
Aunque nos conquiste la bruma...

Una vez más te pido consejo...
No es nada sin motivo...
Y aquí la causalidad quedó bien lejos...
Hoy te pido que yo sea la que recibe...
Un abrazo...
Un "te amo"...
Un "te quiero"...
Porque mantenerme al otro lado...
En ese canal de comunicación...
A veces es la cuesta hacia arriba...
Que nadie más quiere recorrer...
Y yo valiente de mi lo digo mil veces:
Allá voy yo, con mi corazón bandido...
Mi bandera blanca...
Mi sonrisa al viento...
Mi última palabra...
Mi eterno "te quiero". 

Un paso mío...
La esperanza de que otro dé el siguiente...
Te espero al otro lado, compañero...
Hagamos de este mundo...
Un lugar calmado, rebosante de valientes.

Para todos aquellos que lo están pasando mal en los tiempos que corren.

sábado, 2 de septiembre de 2017

Mal aprendiendo.


Amamos tanto en silencio que no se cuantas veces habremos puesto la cara de otros en cuerpos que nos han tocado efímeramente.

Tenemos ese anhelo por encajar, encontrar esa pieza porque aunque vamos de independientes todos creemos en un amor donde encajar, donde hacer clic, eso no significa que nos falte nada personal y propio de nuestra persona... Pero igual que ocurre con el sexo, que todo encaja, buscamos que también encaje dentro.

Y es que nos lo ponemos cada vez más difícil. Hemos aprendido a mal callar, a temer más que a atrevernos, a tener en un plan B con otras personas sin pensar ni siquiera en cómo se pueden sentir, hemos pensado en sexo porque sí ¿por qué no? y en otra historia nueva sin haber terminado la anterior. Hemos aprendido a vivir con recuerdos que se convierten en peso que nos hunden en nuestros océanos, cambiándonos completamente, sin dar segundas oportunidades al cariño real.

Hemos aprendido que el orgullo nos mentiene erguidos y eso es bueno, hasta cierto punto, porque cuando lo pasamos de rosca nos jode la vida, nos jode a nosotros, nos machaca vivos porque nos intoxica hasta tal punto que hace que perdamos lo más bonito que podríamos haber conseguido.

Hemos aprendido a atacar al ataque, a besar al destape, a morder, a follar, a agarrar igual cualquier nalga sea de quien sea por propio gusto personal... Hemos aprendido a remolonear en lo carnal y a veces llega un punto, y lo sabes, que te levantas una mañana sin resaca y te das cuenta de que la has cagado.

Hemos aprendido a desvalorar el orgasmo, a no dedicarlo, a poner el mismo estribillo a todas las relaciones, hemos aprendido lo volátil que es el tiempo y nos agarramos a eso como única excusa para que si algo no sale bien (aunque tenga solución) no demorarnos más de la cuenta, que la vida son dos días y al menos uno y medio sabe a Gin.

Tenemos segundos platos y velas encendidas por si las moscas, porque del rechazo y de los corazones rotos lo que hemos aprendido es a ser unos capullos sin vergüenzas. Nos da igual si la gente puede terminar igual de destrozada que nosotros... Porque hemos aprendido en esa penumbra del desamor que nosotros vamos primero desde una perspectiva ególatra y egoísta, sacudiéndonos la responsabilidad que acarrea cada pequeño gesto cuando hay otra persona más implicada.

Y es que... Se nos hace tan difícil abrirnos, quitarnos esas capas. Se nos hace difícil porque pensamos que no compensa ¿qué puede compensar un dolor tan tremendo? pensamos que no compensa, que no merece el esfuerzo trabajar a favor de algo más que una relación de unos pocos meses... Y elegimos, conscientes o inconscientes, esas mismas situaciones una y otra vez, porque vamos arrastrando el patrón del miedo antes que la verdad, del orgullo antes que el amor, de la rabia antes que la humildad, del egoísmo antes que comprender a quien realmente nos ve desde el otro lado.

Conforme más nos regocijamos en estas actitudes, más nos pringan y más forman parte de nosotros y entonces, solo entonces, sí que será difícil quitarlas de encima, desprogramarlas.

Hasta entonces, seguiremos amando en silencio mientras nos entretenemos con cuerpos, con almas, con seres humanos que realmente no queremos tener al lado pero que temporalmente nos quitan el mal estar, esa sensación a la que tanto nos cuesta enfrentarnos y transformar.

Ahora me pregunto en qué caras pensaban cuando estaban conmigo...