¿Sabes? todo hay que sentirlo, notarlo, palparlo en lo más profundo de tu ser...

martes, 26 de mayo de 2020

Viajar con alas de mariposa:

Imagen que he creado para publicaciones de mi página TAROT SANADOR EVOLUTIVO.

Reconstruirse y demostrar fortaleza y resiliencia es una de las cosas más "básicas" pero más importantes de la vida. Es una hazaña que llevamos a cabo una y otra vez. Sin embargo, en el meollo del asunto es cuando una descubre que los mejores viajes se realizan con alas de mariposa. 

La delicadeza de ese ''metamorfoseante'' insecto es precisamente lo que todo ser humano necesita para transitar por la vida, en todos los sentidos y en todas sus formas. Pasar de la vulnerabilidad de esa profunda transformación, siendo una pupa colgada y "camuflada" entre la vegetación de la naturaleza que nos rodea y que habíamos elegido aquel rincón cuando eramos pequeñas oruguitas, hasta convertirnos en la más "cercana" versión de una mariposa humana. 

Ésta imagen es el resultado de una interesante inspiración que evocó tras un psiconáutico viaje de encuentro, principalmente, conmigo misma y con lo que realmente quiero en mi vida: felicidad. 

Pude observar desde el profundo abismo del atrevimiento como lo más bello del humano es precisamente la humanidad más tierna y la que tanto sobre-protege. Cómo todo se confunde cuando el "yo" y el "ego" se fortalecen y sin embargo cuando se disuelven en un mar temporal de apertura, todo se simplifica. Simplificar, amar, caminar y experimentar, los cuatro pilares de una vida más enriquecida, más llena y posiblemente más feliz. 

Cuando uno se pregunta a si mismo el motivo de su existencia resulta extraño reconocer que es reconocerse a si mismo. Tu existencia primero existe para ti y luego, algo más tarde y de forma más consecutiva, para los demás. 

En un océano de preguntas internas y de complicaciones que se disolvían con facilidad, recuerdo haberme sentido plenamente feliz y libre, era muy libre en aquel instante donde comprendí que demasiada preocupación empequeñece el alma, que quien no perdona termina perdiendo en el juego de la vida, que la rabia es común en la mayoría y es porque en el fondo siempre buscamos amor y a veces en esa búsqueda nos encontramos lo opuesto... Un amargo trago de realidad que a todos disgusta. Atrapar aquel momento y traerlo al presente como una nueva realidad filosófica, material, psicológica y material habría sido una gozada, pero se me escapan esas habilidades (si es que pueden existir).

Que la sombra y la luz es inherente a la vida y que a la par que podemos estar siendo la mejor versión de nosotros mismos, es posible que con otros (o incluso con nosotros) estemos siendo la peor.

Aprecié con admiración como vivimos cerrados y sin embargo anhelamos vivir abiertos de par en par. En un mundo material donde todo se protege con barrotes, cerraduras, candados y cadenas, por miedo al robo, al hurto y al abuso. Nuestro corazón también está sobreprotegido bajo millones de kgs de hormigón compuesto por diversos comportamientos, diferentes patrones, una gran cantidad miedos, acumulación de enfados y la tan complicada desconfianza. Y por si eso fuese poco, parece que avanzamos hacia una realidad más encarcelada, donde se deben cumplir ciertas normas que establece la sociedad para poder denominar todo de una manera concreta, sin permitir su evolución o su libertad. 

Entre tanto pensamiento, alguno más concreto, otros más obtusos... Empecé a recordar personas que quiero profundamente y con el alma, porque realmente les amo. Y me di cuenta de que en esta sociedad tan encarcelada, cerrada y cuadriculada, el "te amo" solo es lícito para parejas, como si alguien no pudiese enamorarse o amar sin necesidad de tener una relación afectiva, romántica o ninguna clase de vínculo parecido... ¿en qué momento se nos ocurrió que era mucho mejor atrapar las emociones con palabras cuyas definiciones no dan para más y vincularlo a una "realidad inamovible"? .


jueves, 7 de mayo de 2020

Los amigos:



Echo mucho de menos a mis amigos. Quizás esta no sea la mejor manera de empezar este post, pero es la más auténtica y la más realista sobre todo a mis propios sentimientos, ya sabéis... me gusta serme fiel.

Será la pandemia, será la distancia, serán los cambios particulares en mi propia vida o no será nada de eso, a lo mejor simplemente soy yo que soy así, pero no veas cuánto quiero a mis amigos. Los amigos son esa gente que te elige con completa libertad de entre miles de cientos de personas y de probabilidades. Te acompañan a su manera y con su hermosa libertad también, y te quieren. Te quieren a su forma: presentes o ausentes, en círculo o en rombo, con palabras o con gestos, en silencio o de charla... Pero bueno, sabes que te quieren y ellos lo saben de ti. Es una de esas cosas que parecía que no había que decir en voz alta y sin embargo ahora, mucho más que nunca, me apetece decirles "os quiero". Os quiero mucho, no un poco. Y me gustaría poder saber aún más de vosotros y que nos re-elijamos una y otra vez, como todas esas veces en las que quedamos y preferimos nuestra compañía a la de otros. Porque precisamente ese "preferir", es la mayor y la mejor muestra de amor en una amistad.

Mis amigos son esa gente estupenda, con sus luces y sus sombras, y algunos tienen unas sombras que agüita... Pero me han elegido como compañera en esta experiencia terrenal y eso me llena de una indescriptible felicidad y bienestar. Me siento muy agradecida y es un agradecimiento que no puedo transmitir ni siquiera con mis mejores gestos.

Los amigos escuchan tus movidas y crecen contigo, algunos pasan a ser parte de tu "club selecto" de personas en muy poco tiempo, porque esas formas de conexión y de amor no entienden de distancias, no entienden de tiempos y no entienden de fronteras. Esas conexiones simplemente se crean y una vez creadas, se notan y se notan mucho y muy bien. Mis amigos son esas personas "del buen querer", ¿qué es del "buen querer"? Ellos saben que yo también estoy creciendo, me perdonan, me acompañan, me guían o simplemente están a mi lado. Y eso es "el buen querer".

Mis amigos me han salvado la vida porque con ellos he descubierto que hay personas que siempre te van a querer, y que son personas con las que no compartes un "enamoramiento" o una "relación de sangre", a pesar de que les ames con toda tu alma. Yo vivo locamente enamorada de que cada uno de mis amigos y de mis amigas. A veces yo no soy la mejor persona, pero la amistad que tengo con ellos me hace creer que quizás si soy una buena amiga.

Los amigos te perdonan en silencio y te ayudan a comprender las cosas que realmente tienen importancia, o que no. Me he reído con ellos, he llorado con ellos, he vivido momentos con ellos y pagaría por vivir muchos más. Recorrería el mundo con ellos... Porque para mi la amistad es el regalo más grande que puedo tener en esta vida.

Yo soy la pesada de todos los amigos que conozco, la intensita, la que siempre está pendiente, la que manda mensajes de amor... Y ellos lo aprecian, me dejan ser sin cortarme las alas y valoran que es mi forma de apreciar lo sagrado que hay en una amistad.

La amistad es esa energía que te permite flotar, estar en comunión con la pertenencia, con la sensación de tribu, con la familia sagrada que has elegido de verdad. La amistad es esa forma de reconocer, de ver, de entender... Que existen muchas formas de amor que te hacen sentirte vital, que te hacen sentir dichoso. Cuando tus parejas te dejan, tus amigos estan ahí. Cuando las cosas en el trabajo no terminan de salir como tú quieres, tus amigos están ahí. Cuando tus planes de futuro se cumplan, tus amigos estarán allí para celebrarlo y disfrutarlo contigo. Cuando no creas en ti, tus amigos estarán allí para recordarte quién eres. Cuando te equivocas, tus amigos están ahí para darte un bálsamo de consuelo en las heridas que quedan en el alma.

Porque a lo mejor tus amigos no te han arropado nunca cuando has tenido frío en la cama, pero sí te han escuchado cuando sentías que estaba algo roto dentro de ti. Y cuando tu madre estaba lejos, tus amigos han llenado un hueco familiar, de protección y de nutrir para calmar tu vacío.

Los amigos son esa magia que te hace brillar los ojos cuando estás sin energía. Porque puedes tener mil cosas en casa, puedes tener cientos de miles de euros en el banco... Pero ¿qué sería de la vida sin la amistad? Puedes vestir las mejores marcas, llevar tus zapatos favoritos, tener la casa de tus sueños.. Pero nada sería lo mismo si no puedes celebrar la vida con amigos.

La amistad es precisamente esa celebración de la vida, del camino, del estar, del presente... Es la sonrisa de quien te admira, de quien te cuida, de quien sigue sumando a tu vida. La amistad es ese lugar mágico donde puedes ser tu mismo, sin condiciones, porque eso es una buena amistad... El lugar donde te muestras tal cual eres y a nadie le importa, es más, lo aman y lo agradecen.


¿Qué sería del mundo sin la amistad? ¿Qué sería de la sociedad sin la amistad? No puedo ni siquiera llegar a imaginarme una realidad así. Yo por mis amigos haría lo más increíble, porque mis amigos son los que me han abrazado cuando ni yo misma quería abrazarme, los que me han querido cuando yo misma me he rechazado, los que me han motivado cuando estaba dándome por vencida... Los amigos están contigo en las trincheras de la vida.

Los amigos te motivan a ser mejor persona, a ser mejor versión... Y lo hacen dándote el amor que a veces ni tu mismo sabes darte. Aportándote el cariño que tanto necesitas en tus días bajos. Un mensaje inesperado, escribiéndote que eres querido o valorado, y ves el remitente... Es tu amigo/a, el semblante te cambia y la vida parece otra a partir de ese momento. Una llamada perdida, un mensaje en el buzón de voz, lo escuchas y es la voz de tu amigo/a, recordándote a qué hora os veréis la caras o apoyándote incondicionalmente en ese proceso de recuperación.

Los amigos son los maestros de la vida que te ayudan a estar mejor contigo, mejor con el mundo entero y mejor con la vida, a pesar de la adversidad inherente a ella. Un amigo puede que no solucione todos tus problemas, pero los problemas son menos pesados cuando podemos hablarlos con alguien que te escucha desde esa lealtad y fidelidad, desde esa integridad que aporta una amistad honesta y real.

Hay muchos amigos en la vida; los que estuvieron, los que están y los que estarán. Aquellos que eran colegas ahora son amigos y aquellos que eran amigos ahora son colegas. Los hay que se han marchado y no volverán y los hay que son firmes, fieles y leales y llevan años acompañándote de la manera que mejor saben y pueden. Los hay en la infancia, en la adolescencia y en la adultez. Los hay que ocupan rápido tu corazón y los hay que con el tiempo han sabido ganarse tu amor, y tú el de ellos. Hay amigos con los que imaginas el resto del camino y en tu cabeza no cabe otra posibilidad.

 A todos mis amigos les doy las gracias, de verdad.

viernes, 17 de abril de 2020

Poema en tiempos de confinamiento:



Estamos tan alejados los unos de los otros... Aunque para mañana seguramente lo habremos olvidado. Si queremos salvarnos está claro que cada uno no debe mirar solo por lo suyo.

No solamente es la guerra contra algo que a simple vista no podemos ver. Debemos saber arropar el corazón de aquellos que tienen frío, se trata de escuchar, de comprender, de entendernos, de hacer algo diferente aunque sólo sea posible con un mensaje.

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Si la noche cae
Como caen los días
Como caen los trastos...
Dime hacia donde mirarías...
¿Quién es la última persona a la que acariciarías?
Solo dime...

Y si en estos momentos
De soledad y tempestad
De introspección y de verdad
No eres capaz de sentir tu corazón latir...
Quizás es el instante que necesitabas
Para volver a vivir.

Entre las nubes de ese próximo atardecer
Hay una luz destellante que acaricia tu piel
Otro día más se disipa en el horizonte
Otra mañana nueva nace tras de ti...

Si hoy fuese un último adiós,
Dime que has dicho suficientes "te quiero",
Que comprendiste lo que es conectar con el mundo entero.
Dime que de verdad sentiste tu alma conectada,
Que fuiste más fuerte que tus miedos.
Dime que te atreviste siempre de nuevo
Aunque la última vez te hirieron...

Que este tiempo sin contacto
Con vacíos que saben amargos,
Con distancias cortas que son largas,
Con ausencias que hacen eco,
Con rutinas que se han roto...
Te ayude a comprender
Que la vida es para experimentarla a flor de piel.

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"Que a pesar de las circunstancias que podamos vivir (ahora o después) jamás nos abandone el arte, el amor y las ganas de reír. Que la aventura sea nuestra fiel compañera, que siempre nos atrevamos a besar, a tocar, a mirar, a escuchar y a disfrutar pensando tanto en nosotros como en los demás."

lunes, 30 de marzo de 2020

Siempre caes de pie:


Desde esa primera vez, ya siempre caes de pie. Hay un animal salvaje que habita dentro de ti, ese con el que conectabas cuando eras niño/a, que te empuja a cantar cuando te has quedado vacío/a, cuando se suponía que el mundo te tenía callado/a. Es el mismo que te empuja a luchar cuando los demás ya se dieron por rendidos/as, es quien te enseñó a lamerte cuando estabas mal herido/a. Desde aquella primera vez, siempre caes de pie. 

Siempre caes de pie como cuando tropiezas contigo mismo/a poniéndote excusas en los temas que más aportan a tu vida: autoestima, amor y mejora. Siempre caes de pie, incluso cuando los demás te tenían prácticamente contra las cuerdas, cuando sentías la presión en tu cara y comías el polvo de una vida que parecía únicamente desdicha. Incluso ahí, que terminaste sumergiéndote en la profundidad de un abismo, terminaste cayendo de pie. 

Caíste de pie cuando superaste tu terrible miedo a la soledad. Caíste de pie cuando te quedaste sin nada y con fuego en los ojos rugiste al universo, a la vida, al pasado, al presente y al futuro, sacando de tus entrañas una admirable capacidad para volver a dibujar un nuevo camino, un nuevo sendero y una nueva oportunidad. 

La primera vez solo fue la primera, pero hay cientos de miles de veces que vinieron después de esta. Estás repleto/a de esos instantes. Caíste de pie cuando encontraste belleza en una nube oscura que parecía teñirlo todo con una lúgubre e indigesta realidad. Caíste de pie cuando te encontraste, incluso después de haberte sentido perdido/a y sin solución. Caíste de pie cuando te sacudiste la pesadez y te salvaste a ti mismo/a de los peores momentos de tu vida. 

Caíste de pie cuando embriagado/a con la adversidad fuiste capaz de volver a ti, de encontrar la paz. Caíste de pie cuando reconociste tu fuerza indomable en ese reflejo que te devuelve el espejo cada mañana. Caíste de pie cuando, a pesar de la vulnerabilidad, te atreviste y dijiste tu "te quiero" más sincero... Aún arriesgándote a convertirte de nuevo en un ser roto en mil pedazos. 

Caíste de pie, aquella primera vez, no tenías otra opción. Y en ese momento aprendiste cómo hacerlo para volver a hacerlo una y otra vez, así hasta el día de hoy y también así será hasta el día de los próximos "mañanas" que nos esperan. 

Hemos perdido la cuenta, se ha quedado todo enlazado en un camino lleno de un montón de experiencias del pasado, donde sólo algunos contados recuerdos tintinean para llamar tu atención. He perdido la cuenta de todas tus propias experiencias, esos momentos donde te convertiste en la propia inspiración de tu existencia. 

¿Cuántas veces te sentiste atado/a de pies y manos? Y aún así sobreviviste sin ahogarte, como ese guerrero al que lanzan al mar amarrado con cadenas y le llevan al límite de su fuerza para enseñarle lo que de manera innata es capaz de hacer, de dónde es capaz de salir, cómo es capaz de sobrevivir y de volver a emerger... Eso es lo que ha hecho contigo la vida, desde aquella primera vez. 

Y ahora todas esas experiencias son la guía de tu propio camino, de tu propia vida. Es la luz que te está empujando para saber que de nuevo, pase lo que pase, caerás de pie. 

No vivimos con una bola de cristal para ser conscientes, con claridad, de lo que nos va a pasar. Pero pase lo que pase, somos resilientes indomables que sabemos levantarnos en cualquier circunstancia y por eso hoy te digo a ti que, por mucho que te pese esta situación, terminarás cayendo de pie. Porque tú siempre caes de pie. 

Que no te tiemble el pulso por un corazón lleno de miedo, porque la incertidumbre te ahogue en el pánico, en extremos pensamientos que te lleven a callejones sin salida... El Dios que imploras también vive en ti, la esperanza que deseas nace de ti, lo que ocurra de forma inevitable pasará de todos modos, pero a pesar de las sombras y de los grises oscuros, lo importante es que mientras sigas vivo/a seguirás cayendo de pie. 

Os escribo a vosotros, aquellos que dudan para darse por vencidos, aquellos que ha olvidado la magia del destino, aquellos que en estos días se olvidaron de sus propia fortaleza... Aquellos que ahora se sienten terriblemente desprotegidos, que les cuesta sonreír, que parecen haber perdido los motivos para seguir conectando con el entusiasmo particular de su vida. ¿Cómo les digo que a pesar de todo siempre existe una luz? ¿Cómo les hago entender que aunque ahora no tengamos tanta alegría, volverá con más fortaleza que nunca? ¿Cómo les puedo ayudar a curar las heridas que ahora se han quedado en carne viva? Porque la soledad, la falta de contacto y el aislamiento nos han colocado cara a cara con algunas realidades incómodas de nosotros mismos y son partes que aún nos toca abrazar. 

Les puedo decir, a todos ustedes y a ti particularmente, que siempre caen/caes de pie. Quizás suene a poco pero caer de pie es lo que les salva la vida a los gatos, es la oportunidad que siempre emerge en ese momento que parecía imposible, es el loto que se alza en ese lodo donde florece, es el sol después de una larga y densa época de oscuras lluvias, de tormentas y de huracanes.

Caer de pie es el capítulo siguiente para nuestra vida y siempre, siempre, es un nuevo comienzo.

sábado, 28 de marzo de 2020

Tus ganas de vivir no están pausadas:



Habitan dentro de ti con ganas de ser reconocidas. Viven efervescentes bajo tu piel, en ese lugar cercano al corazón, que es como otro motor que nos impulsa y nos llena de chispa vital. Tus ganas de vivir se nutren de tu resiliencia y tu resiliencia es lo que te ha hecho salir más fuerte de todas las situaciones extremas que has podido vivir. Es el "súper poder" que te hizo comenzar con tu propio proyecto personal cuando estabas aterrado/a y no sabías si era lo correcto.

Tu resiliencia convirtió tus heridas y tus experiencias en unos pilares fundamentales dentro de tu  vida, se convirtieron en las tablas de tu sabiduría y de tu conocimiento, transformándote en alguien con más habilidades para salir adelante y con una enorme capacidad resolutiva.

Tus ganas de vivir se nutren de todos esos acontecimientos del pasado que parecían el fin de tus días y ahora se mueren de ganas por ser reconocidas dentro de ti. Porque a pesar de que tu vida parezca temporalmente pausada, lo cierto es que es imposible pausar las ganas de vivir.

Tus ganas de vivir te empujan a ser consciente de que siempre hay una poderosa luz detrás de amargos acontecimientos. Tus ganas de vivir son como esa lupa que te permiten ver con claridad y objetividad y así ayudarte a encontrar soluciones en un entorno que parece caótico y desbarajustado. Tus ganas de vivir estaban ahí mucho antes de tu actual existencia física, existían cuando en el camino del destino de tus antepasados tu futura presencia ya estaba escrita.

De hecho tus ganas de vivir son el resultado de cientos de antepasados que se aferraron a su propia luz vital para mantenerse cuerdos cuando las circunstancias eran especialmente adversas. Eres la llama que todos ellos dejaron encendidos esperando que todo pasara y manteniéndose lo más optimistas posibles con su propio camino, sin rendirse siguieron adelante en su propio sendero de vida y siguieron construyendo, aportando, rehaciendo... A pesar de la cantidad de veces que toda su vida se vino abajo o amenazaba con venirse abajo.

Eres el resultado de una compleja evolución, de un complejo linaje familiar, de un complejo y paradójico encuentro que unió causalidad y casualidad para que ahora estés justo aquí, viviendo esto, leyendo esto, aprendiendo de esto, creciendo con esto... Desde que venimos al mundo hasta que nos marchamos nuestro camino es una montaña rusa de experiencias inesperadas (y esperadas) que marcan nuestra personalidad y también marcan nuestro futuro inmediato y a largo plazo.

Nacer es un acto de valentía y coraje para la madre que trae esa nueva vida al mundo, pero también lo es para esa vida que inicia su propio camino. Desde ese primer instante todo es una prueba constante para mostrar nuestras ganas de vivir y esto no es algo que ocurra solamente con los humanos, es una parte fundamental de cualquier forma de vida. Estar vivo es precisamente aprender a conectar con las ganas de vivir y ahí se encuentra uno de los tesoros más importantes de esa experiencia, el tesoro que aporta sentido a todo.

Fuiste el espermatozoide más rápido. Sobreviviste a la experiencia de esa gestación. Naciste. Te has formado y te has hecho a ti mismo/a como has sabido y esa forma es tan válida como cualquier otra, has ido conformando aún más partes de ti según la vida venía dándote las experiencias que podías necesitar. Has vivido tu propia destrucción en varias situaciones y aún así has seguido con vida, te has recompuesto. Has conocido lo peor de ti y también lo mejor. Has salido bien parado/a de momentos que no le desearías a nadie a pesar de los daños colaterales que te han podido ocasionar... Es cierto que ahora el mundo al que estamos acostumbrados está en esa pausa temporal, es cierto que tu vida ha cambiado inesperadamente y que eso puede afectarte, pero tus ganas de vivir nunca paran y ahora menos.

La vida sigue su curso aunque nuestra zona de confort esté sufriendo una transformación importante  que nos obliga a adaptarnos con rapidez a las circunstancias. Circunstancias que escapan completamente de nuestro control, pero como suelo decir ahora toca colaborar con lo inevitable, fluir sin que nada influya y aceptar que siempre hay algo, por encima de nuestros propios planes personales y de nuestra necesidad de tenerlo todo bajo nuestras premisas, que va a escapar a nuestro alcance, saber esto y aceptarlo te hará más feliz.

Te hará más feliz porque puedes tirar toda una vida trazando el plan perfecto, pero hay tantos aspectos, detalles y acontecimientos que ocurrirán cuando menos te lo esperas y que afectarán de forma directa a ese plan, que lo mejor es aceptar y saber fluir a pesar de que esas circunstancias no encontremos una razón o un motivo que nos permita estar más tranquilos.

Tus ganas de vivir solo se pausarán el último día de tu vida y ese día no es hoy. Todos deseamos una vida con facilidad y sin obstáculos ni dificultad, pero eso no deja de ser una utopía porque precisamente vivir es para valientes y los valientes, como héroes de su propia existencia, tienen que enfrentarse a todas las pruebas que supone estar aquí. Recuerda esto cuando tu mente catastrófica te engañe y sobre-alimente a la ansiedad haciéndote sentir peor.

Todo esto pasará. Las respuestas que buscas están detrás de todo este extraño presente. Y cuando todo pase y volvamos a donde nos habíamos quedado, todos y cada uno de nosotros será alguien diferente.

Y esta experiencia quedará grabada a fuego en los registros de tu psique y tu espiritualidad y marcarán un punto de referencia importante dentro de quién eres, te ayudarán a verte con más autoestima, con más fortaleza, con más capacidad... Y las cosas que ocurran en el futuro, también inesperadas (porque siempre en la vida ocurren cosas que no son como esperábamos) te darán mucho menos miedo y te sentirás más preparado/a para afrontarlas.

Porque amigos/as míos esto es vivir de verdad, aunque a veces se nos olvide qué es.

martes, 17 de marzo de 2020

Del caos también nacen flores y luces:


Somos la resistencia y estaremos ahí cuando todo pase.

Volveremos a viajar por el mundo, a quedar, a vernos las caras, a comernos a besos, a abrazarnos y a compartir cervezas, pitis, charlas, risas cercanas, abrigos, bufandas, volveremos a salir de fiesta, a correr por el campo, a disfrutar el mar... volveremos para lo que caiga. Volveremos a compartir las calles, las horas, los días. Pero ahora no, ahora toca estar unidos cada uno desde su propio nido, desde su propio rincón. 

En estos tiempos de caos verdadero que vivimos y que nos acontecen, me gustaría compartir mis pensamientos, mis percepciones, mis visiones, mis sentimientos y todo aquello que he logrado vislumbrar entre tanto revuelo. 

Les hablaré de una historia hermosa, aunque para los que me siguen de hace tiempo puede que les resulte familiar, e hilaré esa hermosa historia con lo que nos ocurre ahora. 

En la mitología griega hay unos relatos cosmogónicos que hablan del dios Caos. Se dice que del Caos nació el universo ahora conocido. Que era aquello que existía antes de cualquier otro dios o de cualquier otra realidad conocida. La palabra en griego "caos" es un término que hace referencia a "algo que se abre" y que está relacionado con formas derivadas como "abrir una herida" o "herida" o incluso "abrir una caverna". 

Quizás todo el Caos que ahora emerge de la situación actual que estamos viviendo todos nos permita abrirnos a una nueva realidad. Es innegable que esta situación nos abre heridas e incluso que nos abre en canal.

 La soledad, estar encerrados en casa, las normas impuestas, las restricciones, estar separados de quienes amamos, el pánico colectivo, el lógico miedo que podemos sentir, separarnos de esa seguridad que habíamos convertido en rutina y estructura. Sentir como momentáneamente todo se viene abajo y nosotros nos encontramos caminando en la incertidumbre, sin ningún tipo de seguridad sobre lo que ocurrirá o hacia donde nos llevará todo; ahí hay heridas, incómodas, que escuecen mucho. Posiblemente nos toque trabajar directamente con sombras que desconocíamos, nuestras y de aquellos que forman parte de nuestra vida. 

Al margen de todo ese aspecto más difícil de digerir, no podemos negar que somos la resistencia. 

Somos capaces de crear donde muchos otros no ven ninguna oportunidad. Hemos salido de otras circunstancias difíciles, nos hemos recompuesto cuando alguien nos rompió el corazón, nuestra propia vida individual ha podido ser ya un Caos a pesar de que el entorno habitaba en una aparente armonía, en un aparente orden, en una aparente estabilidad y en un aparente "todo está bien, todo va  bien".

Hemos podido ver a gente que amábamos morir antes de lo que nos correspondía, hemos podido vivir ya la soledad en primera persona... Ya hemos pasado por muchos Caos desde lo más profundo de nuestras entrañas y hemos sobrevivido. Hemos vivido a flor de piel crisis contra nosotros mismos. Hemos visto como alguien se rompía a pedazos y hemos estado muy preocupados esperando que recuperase la esperanza hacia la vida y que no tirase la toalla. Nosotros somos la resistencia, nosotros los de la vida intensa. 

Les puedo asegurar que como la mitología griega decía, del Caos nace vida, una vida nueva. Y eso es lo que vamos a ver que ocurrirá, eso es lo que se mostrará frente a nuestros ojos y lo que viviremos en primera persona. 

A veces para generar orden hay que poner toda la casa patas arriba y a partir de ahí encontrar la armonía y colocar cada cosa en el lugar que le corresponde. A veces para conseguir más cosas hay que dar un paso atrás y así tomar más impulso. Porque lo oscuro siempre esconde una belleza genuina difícil de describir, que sólo somos capaces de encontrar una vez que nos hemos metido hasta el fondo de esa oscuridad. 

Puede que les suene a "típico" pero de verdad les puedo asegurar que todo irá bien. Nos tenemos los unos a los otros y ahora, más que nunca, podemos disfrutar, observar y apreciar el valor de ser humanos, la magia de ser humanos, la verdadera humanidad. 

Como ocurre en el tarot, la carta de "La Torre" no es un sufrimiento infinito, no es un dolor constante que nos acompañará hasta el final de nuestros días. La Torre, que es "La casa de Dios", iguala al mismo nivel a todos, nos pone a la misma altura. Nos enseña a despojarnos, a cortar de raíz, a despedirnos, a ver como todo cae indiferentemente de quienes creíamos que éramos... Pero también nos enseña la fuerza de recomponerse, del renacimiento como el ave fénix que somos, nos enseña a encontrar infinidad de oportunidades entre los escombros de aquello que se ha venido abajo. 

No se rindan. Entre tanto humo, entre tanto bombardeo... Lo mejor es ahora quedarse en casa porque objetivamente es en la cueva donde uno puede encontrarse a si mismo, y encontrándose a si mismo hallará la manera de conectar con esa nueva realidad que está naciendo. Ya me lo dijo mi Oso una vez "mantente a salvo en tu propia cueva, encuentra dentro de ti y una vez que lo halles, alza la vista hacia fuera y mira qué se dibuja en el infinito... Siempre hay una luz de esperanza para todo proceso, por duro que pueda ser". 




jueves, 5 de diciembre de 2019

Lo que no compartes, te pudre:


Somos contrariedad constante. Todos nos podemos contradecir. Todos podemos regalar buenos consejos que luego nosotros no seguiremos. Todos podemos pensar una cosa, decir otra y hacer una tercera completamente diferente. Todos somos varios en uno. Todos somos sacos de miedos. Todos somos el resultado de influencias. Todos somos dudas, somos respuestas, somos vacíos y somos llenos. 

Pero al margen de todo esto, lo cierto es que seas quien seas, en el hoy, necesitas y mereces compartir lo que tienes dentro. No importa si cambias de opinión. No pasa nada si cambias tú. No importa si era algo que te hacía reír y ahora te hace llorar. No importa si antes te atrevías y ahora te hace temblar. Te voy a decir algo: todo lo que no compartes, te hace pudrirte.

Quien guarda mucho dentro de si mismo, con recelo bajo mil millones de capas, pierde la capacidad para comunicarse. Se vuelve hermético. Quien guarda mucho dentro de si mismo pone a disposición de los miedos un montón de información con la que alimentarse y nutrirse. Quien guarda mucho dentro de si mismo no puede esperar que otros se abran delante de sus ojos. 

Hay que desarropar esas partes. Todos hemos sido engañados. Todos hemos sido humillados. Todos somos niños tiernos en vidas adultos y con disfraces de madurez y sensatez. Todos erramos. Todos estamos heridos... Pero a toda herida le hace falta tomar el sol, cicatrizar con al aire fresco. Igual que la piel que se cuece y se reblandece cuando la tapamos con un apósito si tiene una herida, hay partes dentro de nosotros que sufren de la misma manera. 

Lo que no compartes te pudre, porque hace eco dentro de ti y alimenta lo peor de tu personalidad, acrecienta las inseguridades, los miedos y te arrastra a tu lado más oscuro, así madura la sombra sin que le de el sol. Lo que no hablas te mata lentamente, te rebosa de tu propia basura mental, te conviertes en un estercolero de tu propios desechos, resultado de esas conversaciones íntimas interiores. Lo que no compartes, lo que no comunicas, asesina a tu corazón lentamente. 

Las cosas que no se utilizan se terminan olvidando, con el paso del tiempo. Uno se hace experto y se siente cómodo tras mucha práctica. Igual que ocurre con lo que aprendes o con la conducción, el comunicar lleva su tiempo y practicarlo solo te volverá más hábil. 

Comienza poco a poco, sin el pavor constante de que sea un arma arrojadiza que alguien pueda usar en tu contra, con o sin información quien quiere hacerte daño lo hará igual. Recuerda que comunicar es más por ti que por otros, compartir es para liberar la carga que hay dentro. 

La mayoría de las personas que arrastran terrible pánico a comunicar su sentir y que esconden lo que sienten, lo que piensan, lo que hay dentro... Sufren una ansiedad, que no son capaces de reconocer. Esa incomodidad que les empuja a esconderse dentro es precisamente ansiedad. Es una ansiedad a exponerse y convertirse en vulnerabilidad. 

Comunicar te permite a otros introducir luz, amor, calma, cariño... Conectar desde la comunicación te ayuda a entender que no estás completamente a solas para sostener lo que tanto te aflige. Te permite dar orden a los pensamientos (porque es más fácil ordenar el armario de alguien que sea fashion victim que lo que hay en el coco). Verbalizar te permitirá dar una estructura a las emociones, te permitirá identificar qué es lo que te ocurre y eso bajará considerablemente la intensidad de tus emociones, de tus sensaciones, de lo que pesa dentro. Verbalizar permite espantar los males, permite aprender más de ti a través de aquellos que te ven desde fuera. 

Cuando compartes lo que hay en ti, abres las puertas como quien ventila una habitación que ha estado mucho tiempo cerrada. Cuando compartes, todo crece porque emergen nuevas semillas, nuevos brotes ya que tras abrir una ventana, desatrancar la puerta y correr esas cortinas que tapan con ahínco tu interior... Entrarán los rayos de sol que tanto mereces y necesitas. 

Compartir lo que tienes dentro es la profunda respiración que libera la carga contenida en el alma y el corazón.