¿Sabes? todo hay que sentirlo, notarlo, palparlo en lo más profundo de tu ser...

martes, 11 de agosto de 2020

Mar.

- Mallorca -

Navegaremos en otros océanos. Nos sumergiremos en otros mares. Surcaremos otras olas. Nos empaparemos de la sal de mil lugares diferentes. Agua salada, sagrada, como la que hay en una mirada. Nos sentiremos hijos del agua, como siempre fuimos y nunca creímos ser. Fluiremos, como fluyen las corrientes, frías y calientes, mientras azotan el fondo arenoso y levantan a su paso un irrepetible y efímero cuadro pintado por la madre naturaleza. 

Volveremos nadando, bucearemos, nos quedaremos suspendidos en la superficie simplemente dejándonos llevar. Y sentiremos como todas las cargas se disipan, se deshacen, desaparecen. Y así romperemos cualquier desilusión que nos atrapa el alma y nos acongoja el corazón. 

El agua salada nos hará llorar y saborear la vida, nos purificará por dentro y por fuera... Y durante ese instante de danza en un elemento del que hemos emergido pero del que nos hemos separado, desaparecerán todas esas piedras mentales que nos mantienen cautivos, atrapados. 

Compartiremos espacio con seres que parecen de otro planeta, escucharemos el rugido de los antiguos dioses que ponían a los humanos a sus pies y cantaremos nanas profundas de sirenas que lo único que buscan es un amor que no salga corriendo. Veremos las reglas no escritas de un mundo completamente distinto, mientras en el más profundo de los silencios podremos escuchar lo más importante de nuestra existencia: nuestro propio corazón latiendo. 

Iremos hacia otros rumbos, como las tortugas que recorren cientos de km en búsqueda del propio propósito de su existencia. En nosotros el sol nacerá y se ocultará, cada mañana y cada noche, será el mismo sagrado ritual. Lo que ahora nos parece un lugar para ahogarnos, nos parecerá entonces un lejano recuerdo sin sentido. 

Nos mojaremos sin cesar y en las noches sin luna nos dejaremos cautivar por el brillo de infinitas estrellas parpadeando sobre nuestras cabezas, mientras la marea nos mece en un suave vaivén. 

Ojalá todo me pareciese tan fácil como disfrutar del mar...

miércoles, 5 de agosto de 2020

Necesitamos abrirnos y amarnos más:



Hemos normalizado lo más endemoniado del mundo: el refuerzo negativo. Vivimos esperando esa puñalada, ese dolor y lo tenemos tan integrado que es como si fuese parte de nuestra rutina. Lo positivo nos genera rechazo, desconfianza... Como la caricia que un perro recibe después de una vida de maltrato. 

Y es que esta sociedad se ha perdido demasiado en si misma y en su deshumanizada naturaleza, hemos dejado de nutrir lo importante y parece que nos da igual cómo eso repercute en el interior de aquellos que están con nosotros. Pero llega un día en el que nuestro interior, harto de esa falta de cariño y de amor, explota porque ya no puede más... Y es normal. 

No somos consecuentes de la cantidad de veneno que tragamos a diario porque lo justificamos, pensamos que eso debe ser lo común y que es inevitable. Veneno en ambientes personales, profesionales... Que poco a poco van mermándonos y llevándonos también a envenenarnos a nosotros mismos, de forma autómata y sin necesidad de que nadie nos empuje a ello. 

Estamos acostumbrados a que no nos digan nada bueno de nosotros y pensamos que no lo necesitamos, nos enfriamos con esa actitud sin darnos cuenta... Pero llega un momento que con tanta carencia lo único que quedan son durezas. Nos miramos al espejo y ni siquiera somos capaces de reconocer que hemos perdido brillo en la mirada, como si la tristeza se hubiese instaurado en la profundidad de nuestra esencia sin poner fecha límite para abandonarnos. 

Nos hablan mal jefes, compañeros, vecinos, gente por la calle, familiares, algunos amigos... Casi de manera reiterada y esputando una cantidad de odio, asco y rechazo que no es normal. Hemos dejado de desear los buenos días caminando por la calle y nos parece extraño y sospechoso, así como peligroso, si una persona desconocida nos saluda con una sencilla sonrisa. Nadie nos recuerda qué hacemos bien y entre tanto machaque se nos olvida a nosotros mismos también recordárnoslo, así creamos una nueva versión de nosotros; dubitativos, agotados, emocionalmente heridos, inseguros y dañados. 

Estamos acostumbrados a los ruidos estridentes, a los silencios incómodos, a la excusa para no sentir, a huir cuando algo parece profundo, a quedarnos sobre superficies contaminadas, a llorar mucho más que a reír. Estamos acostumbrados a caminar abatidos, con tiros en nuestro interior y a enseñar los dientes si una mano amiga se acerca a ayudarnos para darnos un poco de amor. Vivimos en modo automático, desilusionados, sin ganas, intentando separarnos lo máximo posible de los demás porque tenemos miedo a que "los demás" sean quienes decidan separarse de nosotros y antes de caer heridos por eso, nos aislamos en nuestra propia cueva de protección. Nos pasa a todos. 

En ocasiones nos volvemos adictos a los productos melodramáticos que hablan de sufrimiento, consumiendo en bucle mil productos de dolor, de desamor, de desilusión, de tristeza... Como si no pudiésemos estar ni un solo segundo sin esa dosis. Y finalmente, ocurre que nos sentimos asfixiados por esa sobredosis innecesaria de negatividad. Para cuando queremos darnos cuenta nos hemos vuelto pálidos, opacos, grises y no recordamos el último ataque de risa que nos dio, ni la última vez que disfrutamos como niños. Para cuando queremos darnos cuenta ya no podemos mirar con los ojos del alma, ni asombrarnos por las cosas pequeñas, ni disfrutar los detalles que no tienen precio pero tienen un valor incalculable. 

Deambulamos con excusas, con pesos, con cargas, con frenos y con miedos... Y todos ellos parecen llevar las riendas de nuestra vida. No nos permitimos darnos una oportunidad más porque pensamos que así es mejor, sin arriesgar y en nuestra zona de confort donde nadie puede venir a hacernos daño, pero tampoco nos pueden venir a sentir, a cuidar, a amar, a acompañarnos. 

Estamos agotados mentalmente y también "corazonadamente", este duelo de titanes en nuestro ser nos pasa factura, nos envejece antes de tiempo y nos lleva a paralizarnos por completo. Es en esa paralización donde seguimos tolerando lo intolerable y seguimos huyendo de lo único que quizás nos estaba aportando un poquito de luz entre tanta bruma densa. 

A veces no tenemos problemas grandes exteriores, pero tenemos tanta falta de amor del entorno que eso nos genera un problema mucho más grande. Porque anhelamos ese apoyo, esa luz y esa sensación, no somos adictos... Somos humanos sociables que viven en comunidades, que necesitan conectar para dar un sentido a su existencia. No somos sequoias canadienses que emergen solitarias en altas cordilleras montañosas donde observan cómo sale el sol o cómo ruge el océano a lo lejos, somos seres con piel y como siempre digo... Lo que nos late por dentro es un corazón, no un hueso. 

Nos tratan mal y agachamos las orejas. Nos tratan bien y nos alejamos. Sumergidos por completo en ese circulo vicioso pasamos años y el tiempo no se recupera. Y lo único que queremos es cariño y el que diga que no, se miente a si mismo. 

A todos nos sienta bien que nos digan que somos valiosos y suficientes, porque nos hace sentir descansados... Toda una vida luchando por dar lo mejor de nosotros, aunque sea con palos de ciego, para que nada ni nadie nos diga que lo estamos haciendo bien. Las palabras que oímos y leemos no son solo meras palabras sin sentido, son la forma en la que otras realidades interactúan con nosotros. Con las palabras uno también crea, genera y consigue cosas. 

A todos nos sienta bien que nos digan que nos quieren, porque precisamente eso da un sentido extra a nuestra vida. Me hace reír la gente que me dice "a mi me da igual que no me quieran" yo sé que eso no es cierto, de hecho normalmente quienes dicen eso son quienes más necesitan ser queridos. Cuando un hijo o una hija recibe de sus padres un "te quiero" una parte dentro de si se siente aliviada y sanada automáticamente, pero hemos nacido en un mundo donde ni se dice ni se demuestra y parece que cada día eso está más de moda. 

A todos nos sienta bien que nos digan que somos importantes, que no estamos solo de paso, que hay algo más que nos hace estar aquí. O que nos digan que somos buenos profesionales, grandes amigos, buenos compañeros, buenas personas... Cuando conseguimos hacer que alguien tenga un día mejor, aunque sea solo con las palabras, nos damos cuenta de lo que aquí estoy escribiendo y que no se tiene en cuenta tanto como deberíamos. 

Nos estamos deshumanizando a pasos agigantados y me preocupan especialmente esas nuevas generaciones que nazcan en un mundo donde la gente no sepa apoyarse los unos a los otros. 

Tendríamos que poner de moda amar de nuevo. Y no amarnos solo a nivel pareja, amar todo. Amar a tus amigos, amar lo que haces, que te amen a ti por quién eres y cómo eres, que ames las cosas que a priori parecen insignificantes, que ames el hecho de la que la gente te está ofreciendo algo que no te va a recuperar jamás: el tiempo. Pero sin embargo, lo que prima es la competición, el pisar al otro, la lucha constante, el imponer, la ausencia, los ghostings, la falta de responsabilidad afectiva (no solo en pareja, también con amigos o familia), la falta de empatía, el egoísmo, la falta de comunicación... Y por supuesto, las corazas. 

Hasta Milan Kundera en su libro "la insoportable levedad del ser" deja por escrito que el amor es algo fundamental para la vida, para el hecho de vivir. Porque quizás el amor sea la única medicina efectiva para la consciencia humana. 

lunes, 3 de agosto de 2020

3 de agosto:


Leon el profesional. 

Y aunque el tiempo pase, habrá heridas que sigan sangrando. Una vez que se rompe la parte más valiosa de ti, nada vuelve a ser igual que antes de ese suceso. Porque entre tanta rotura y batalla, lo que realmente estamos buscando con nuestros pasos son lugares donde estar a salvo, sentirnos protegidos y poder respirar mientras alguien nos cubre las espaldas por un instante, luego volveremos otra vez a esa zona de conflicto, pero mientras por un segundo necesitamos esa protección, ese cariño. 

Valientes aquellos que no han perdido la humanidad, a pesar de la adversidad. Valientes aquellos que no han perdido los principios, a pesar de los golpes. Valientes aquellos a los que les cuesta horrores seguir caminando, pero no se rinden ni se lo plantean. Valientes aquellos que incluso hartos, hechos jirones y destrozados, cuando te miran a los ojos te sonríen y te preguntan cómo estás, a pesar de que quienes merecen esa pregunta son ellos antes que nosotros. Valientes aquellos que aguantan con su mejor temple y no pierden esperanza. 

Todos hemos sido revoleados varias veces en el pasado hasta llegar a este presente, convirtiéndonos entonces en personas muy diferentes. A veces echamos un vistazo a los recuerdos, a los cuadernos, a las memorias, a las fotos... Y cae de golpe y porrazo la realidad de cada suceso. Volvemos a sangrar de nuevo donde nos hirieron, volvemos a sentirnos abatidos, volvemos a sentir esos pedazos que se rompieron y que pensábamos que ya no teníamos o que se habían ido. 

La vida no es un camino de rosas para nadie que merezca la pena, es una prueba continua de voluntad, intención y principios. Es un examen para el alma y para el corazón. Nos rompemos, nos recomponemos como podemos y salimos de nuevo al sendero y así infinitas veces hasta que ya no estamos más aquí.  Nuestros espíritus son valientes por elegir esta experiencia por encima de cualquier otra, por habernos traído hasta aquí, porque aunque pensemos que no... Siempre estamos preparados para todo aquello que pueda venir. 

El mejor regalo que podemos recibir es un lugar donde sentirnos completamente seguros y poder entonces ir cosiéndonos, poco a poco, con lo que aún nos quede, con lo que no se ha esfumado. El mejor regalo que podemos ofrecer es permitir a los demás abrirse frente a nosotros y hacerles sentir que es un lugar sagrado, un encuentro importante, una conexión valiosa... Y que no serán juzgados por sus brechas, sus heridas, sus cargas, sus llantos, sus miedos, sus pánicos, sus inseguridades, sus percepciones... 

La vida muchas veces es, literalmente, una mierda pero sería mucho más llevadera si entre todos nos cuidásemos con empeño para sentir que aunque estemos a cachos, aunque nos falte de todo, aunque no podamos con lo que vamos cargando... Hay alguien que nos abraza y nos permite apoyarnos hasta recuperar fuerzas de nuevo y devolver ese valioso gesto haciendo lo mismo. 

Si no hacemos esto, solo somos zombies perdidos dando tumbos sin sentido dañando por el odio almacenado, por la falta de amor, porque nadie nos ha dejado expresar con honestidad nuestros sentimientos y estos quedan presos en nuestro interior pudriéndonos conforme pasa más tiempo. 

domingo, 26 de julio de 2020

El alud de Kali:


Me han dado tantos palos que aún quedan moretones hasta en zonas inexistentes de mi ser. Se me rompió la sonrisa del alma con una innumerable cantidad de hostias, se fragmentó mi motivo de existencia al poco de tomar consciencia de mi misma y hay una parte de mi que murió y que jamás volverá. Quizás sea esa a la que siempre echaré de menos. 

A pesar de los daños y a pesar de los años, siempre me propuse ser la mejor versión de mi misma y desgraciadamente no es algo que pueda cumplir a diario. Todo esto me hace bailar entre el miedo y el amor, en un vaivén no apto para personas que sufran de vértigo.

Adquirí patrones que detesto porque fueron los únicos que me mantuvieron a flote, empecé a fumar a la edad de los 26 años porque la vida me consumía tanto que quise tomarme algo que me diese una pausa entre tanta guerra, a pesar de destruirme por dentro... Ya me sentía llena de escombros.

A nadie le recomendaría pasar ni por la mitad de lo que he pasado. Dentro de mí vive una bestia que lo único que le importa es que salga lo menos herida posible, cuida con recelo lo más importante de mi, porque es lo único que me queda. 

Empecé vidas desde 0 y las perdí con mucha más facilidad que como las construí, dejé mi confianza en manos que escondían puñales y he visto la traición detrás de la palabra familia. La soledad siempre ha sido una fiel compañera y gracias a ella, a pesar de mi carácter sociable, me he mantenido curándome las suturas del alma. Me gusta pensar que hay un cambio en mi, pero a veces creo que quizás es solo una falsa ilusión. 

Me he esforzado por no rendirme del todo cuando me quedé sin nada y aún hoy no siento cual es ese lugar donde encajo, como una pieza en este inmenso puzzle. Todo me llega directo al corazón y es que a pesar de las corazas y del radicalismo, lo cierto es que lo vivo todo tan intenso que parece como si las paredes de mi interior fuesen de papel de fumar. Dejé de serme fiel y sé lo que duele, es como una sensación de auto-rechazo y un castigo que se arrastra de por vida, porque esos recuerdos jamás se olvidan. 

Con pena, reconozco que cuando me sobrepasa algo soy un alud que embiste todo, escupo arrasando con lo que hay por medio. Aunque he de decir que jamás lo escondí, llevo tatuada en la piel el símbolo de esa parte de mi. No me hace mejor, pero intento consolarme sabiendo que dentro de mi hay dos yo: Kali y Adi Shakti. 

Kali, salvaje e irrefrenable. Adi Shakti con la luz más constructiva del mundo, la más potencial, la más poderosa desde esa claridad. 

A veces soy incapaz de sostenerme cuando el miedo se convierte en una ansiedad que me quita el poco calor que me mantiene estable. Y en contra parte, intento hacer del mundo un lugar mejor o aportar la comprensión que tanta gente a mi alrededor necesita. No me enorgullezco de mis propias sombras y de mi parte oscura, pero al menos soy lo suficientemente fuerte como para reconocerlas. 

Si me siento especialmente enamorada de mis amigos es porque todos ellos han visto todas mis caras y aún en el camino siguen conmigo, demostrando una intachable lealtad que está por encima de cualquier comprensión humana. Me llenan de amor recordándome lo mejor de mi misma y siempre me devuelven una sonrisa y una escucha activa que tiene un valor incalculable. 

Yo cuando digo algo lo cumplo, porque como muchos de mis amigos dicen "eres el ejemplo de la más pura integridad", pero eso no quita que para que esté ahí todos ellos han tenido que aprender a convivir con Kali para poder disfrutar después de Shakti. Esta metáfora con el hinduismo no es más que el claro ejemplo de luces y sombras que componen la propia vida y nosotros somos la vida hecha humanos. 

Yo he ondeado como la más valiente la bandera a favor del amor, creyendo en hacer todo por esta emoción y he terminado pisoteada sin saber ni siquiera qué había pasado. He perdonado lo imperdonable y he cedido ante lo más cruel. He perdido amigos por esa decisión, algo que no me perdonaré jamás... Y me he alejado, física y emocionalmente, de personas que eran mis pilares de existencia. Perdóname, resulta que ahora el amor me da un pánico que te cagas y cuando todo parece que puede ir por ahí como en un pequeño detalle parezca que no, Kali sale para arrasar con todo aquello que pueda hacerme volver a caer... Generando un caos destructivo. 

No tengo ni idea de muchas cosas importantes en la vida y a pesar de las profundas sabidurías en mi, muchas veces me siento como una niña desvalida y desnuda, perdida en cualquier sitio sin comprender cómo he llegado hasta allí. Me faltan muchas herramientas y posiblemente me sobran otras tantas, que quizás ya no sean tan necesarias.

A veces despertar algunos demonios internos míos es tan sencillo como un sutil gesto que de repente me ocasiona un infierno en mi interior. Me gusta escuchar canciones que hablan de que el equilibrio es imposible, me hace sentir mejor conmigo... A veces luz, a veces sombra, a veces sonrisa y a veces enseñar los dientes. A veces feliz y a veces triste.

No quiero seguir lamentándome, no eres el basurero emocional de mis errores, ni quiero que te conviertas en una lista interminable de cagadas que cometa a nivel emocional. Me hago cargo de eso... 

sábado, 25 de julio de 2020

Sparring emocional.



No somos sparring emocional de aquellos que no supieron vivir la vida desde lo más pleno de si mismos. Y hasta que no seamos conscientes de esto seguiremos atrayendo este tipo de personas, como polillas que se sienten atraídas por la luz o quizás nos sintamos nosotros atraídos por ellos.

Las polillas, en las noches cálidas de verano, se dejan freír en viejas bombillas que aún iluminan los porches de las casas bajas en pueblos y campos. Se chocan incesantes hasta reventar, a pesar de que saben que morirán y finalmente por los golpes o por el calor que desprende la electricidad, terminan fritas, muertas o exhaustas. La paradoja de sentirnos atraídos por lo que nos daña, la falta de valor hacia nosotros mismos... Y cuando ocurre de nuevo, ese amargo sabor de "otra vez".

Llegó un momento en mi vida en el que me di cuenta, no soy el sparring emocional de alguien que desordena sin permiso. Si quieres entrar, límpiate los pies, sacúdete el corazón y vístete con una sonrisa. Porque si diésemos el valor que tiene a cada ser humano, comprenderíamos la inmensidad de la belleza que cada uno porta dentro de su alma. Sin embargo todo parece lo contrario, entre complejos de polilla y desatada inocencia nos rompemos, nos dejamos romper, nos enredamos y nos permitimos herir.

Me faltará un ala, un montón de patas, pero resulta que ahora ya no me apetece perder mi sagrado tiempo en falsas luces, que lo único que hacen es asesinarte en los momentos de tu vida donde todo parece eternas noches de oscuridad. Y aunque caiga en el intento, soy más de buscar flores. Necesito el néctar de la vida, dejar de morir en la hazaña de intentar salvar a quien no sabe apreciar en plenitud los regalos de la existencia. No hemos nacido para sufrir, aunque la vida esté desgraciadamente rebosante de sufrimiento, porque a veces todo puede parecer una soez mierda repleta de purpurina, habrá momentos, segundos, instantes... Que darán un sentido a todas esas cosas que nos hicieron agonizar.

No nos volvamos a perder a nosotros mismos, ese es mi deseo cuando veo cruzar una estrella en el despejado cielo que observo tumbada en la orilla del mar. ¿Existe acaso algo más doloroso que estar vivo y no sentirte contigo? Yo ya sé a qué sabe esa basura, no podría volver a abandonarme, jamás. Prefiero los golpes por ser como soy, que los golpes por dejar de ser.

Me gusta ver las mariposas volando a la luz del día, ellas entendieron todo, no como esas polillas nocturnas... lejos de convertirse en Ícaro, las mariposas comprendieron la belleza de detenerse entre suaves vuelos, con una vida corta pero intensa, aprendieron a nutrirse de lo más hermoso de su entorno. Poder sentir como sus alas se mueven al ritmo de los latidos del universo. Y tomarlo como ejemplo.

El Principito decía "lo esencial es invisible a los ojos" y es que por los ojos nos dejamos embelesar con suaves juegos que poco tienen para aportar... Y si cerramos los ojos y vemos con claridad, distinguiendo qué es luz de verdad, qué es un pétalo y qué es la vida, sin esa adicción a las cosas que no podemos cambiar. Encontrar ese orden mental, conmigo. Compartir cuando siento que he logrado algo hermoso. Y vivir desde la felicidad, porque yo sé lo que es vivir sin felicidad y no quiero volver a esa sensación nunca más.

Me he prometido a mi misma que jamás dejaré de quererme. Y mi amor propio está por encima de cualquier otro amor, el sentido de mi vida nace del corazón que late cada día para mantenerme aquí y ahora. Quiero tatuármelo en la frente para verlo cada vez que me mire al espejo... La teoría la tengo muy aprendida, tocará ponerse con la verdadera práctica.

Sigo sin poder volar, voy andando lenta con las pocas patas que me quedan intactas, trepando por la hierba que crece a mis pies, con la esperanza de transformarme en algo diferente, conservando el deseo de una metamorfosis que supere las leyes de la biología.

Y que no te engañe, aunque ahora sonría, el miedo sigue estando a mi lado, de momento sin intención de abandonar. 



viernes, 5 de junio de 2020

Tipos de "pause":


"Ponlo en pause" te dicen cuando quieren que pares el juego para ponerte a hacer otra cosa. Tu madre quizás te llamaba a la hora de comer y tú estabas enganchado/a a lo que ella llamaba 'la maquinita' y te pedía, por favor, que lo pusieses en pause para poder hacer lo que realmente te correspondía a esa hora. 

Así aprendimos a que uno puede "pausar" o "tomarse una pausa", que en el mundo adulto es transcribe de muchas maneras... Por ejemplo, en el horario de trabajo esa pausa es tu "descanso" donde dejas pausado, interrumpes, la actividad que estabas realizando para poder respirar aire fresco y recargar fuerzas. Tenemos "medio normalizado" el acto de pausar, quizás algo más común en el ámbito de los vídeo juegos, pero sin duda muchas veces pausamos cosas en nuestra vida terrenal y material. 

Una pausa es una interrupción temporal, quizás no tenga un tiempo "ajustado" o "determinado" en lo que se refiere a vida práctica, quizás procuramos que ocupe la menor cantidad de tiempo posible. A veces necesitamos pausar, es como un impulso, una voz animal que nos empuja a ello, algo que nos lleva a esa sensación o sentimiento. 

Pausamos cuando nos recostamos a descansar, incluso cuando dormimos hay cierta sensación de pausa, pausamos cuando dejamos un proyecto a medio terminar lo retomamos días después, generalmente pausamos nuestro horario habitual gracias a los fines de semana, también pausamos nuestras rutinas laborales gracias a las vacaciones... Pero hoy quería hablar desde otro enfoque en relación a los tipos de pause. 

Creo que es necesario que las personas tomemos responsabilidad en relación a aprender a pausar a favor del descanso. Tomar una pausa para descansar, en cualquier ámbito de nuestra vida, considero que es algo fundamental para el bienestar mental, físico y para conseguir una armonía saludable en nuestra vida. A veces es como si no supiésemos y como si algunas situaciones exteriores nos empujasen, obligatoriamente, a tomarnos esos descansos. 

He llegado a la conclusión de que tenemos tan interiorizado y normalizado el hecho de estar "realmente ocupados" o de trabajar tantas horas, que se nos hace extraño tomar una pausa para recuperarnos. Es como si el cansancio, el desgaste y toda la apatía que le puede acompañar se convirtiese en una mala droga de la que nos volvemos adictos. Pero lo cierto es que la vida enseña duro y generalmente la mayoría de personas que viven a ese nivel y con esas revoluciones, se ven al final en circunstancias que les enseñan a través de terapia de "choque" a pausar.

Ese es el principio, al final uno aprende a sacarle el lado positivo a la pausa, a quererla y a coexistir con ella de una forma constructiva y positiva. Aprende a que es algo realmente necesario y bueno, muy bueno de hecho. Nuestras formas de pensamiento cambian en ese momento, pasamos de un programa de producción a un programa de comprensión individual relacionado con el auto cuidado. 

Hay personas que se toman años sabáticos como esas necesarias pausas de las que hablo. Otros se toman pausas para estar más tiempo a solas y conocerse más a si mismos y recortan o reducen su vida social, otros se toman pausas para hacer planes más tranquilos, pausas en las redes sociales... En fin, una gran cantidad de posibilidades que tienen un mismo punto en común: son pausas reales. 

Aquí viene lo interesante de esta reflexión y que quería compartir a través del blog, es cuando creemos que estamos en pausa o llamamos pausa porque hemos parado o porque hemos reducido algo, pero realmente no es una pausa auténtica. En la vida el discernimiento y es saber objetivamente qué es cada cosa es fundamental para todo y en el desarrollo personal también es un pilar esencial. 

Todos en alguna ocasión hemos podido llamar "pausa" a algo que realmente no lo era ¿a qué me refiero? Veréis a veces paramos algunas cosas de nuestra vida o incluso nuestra auténtica forma de vivir para en seco, y lo que realmente está ocurriendo es algo más profundo y más complicado. Puede que n ese momento nos encontremos en un bajón personal, que más que una pausa es una auto-trampa donde estamos cavando nuestro propio hoyo y poco a poco nos enterramos vivos en él. Por eso es tan importante compartir tus sentimientos y conocerte a ti mismo/a, para saber realmente en qué punto te encuentras... ¿es realmente una pausa auténtica o estoy en uno de esos pozos que crean falsas imágenes pero que realmente te detienen la vida de una forma negativa?. 

Y no me mal interpretéis, es fundamental que cada uno conozca la profundidad de sus propios pozos, pero también es importante saber hasta cuándo queremos regocijarnos en ellos y cuánto tiempo merecen, dicho con otras palabras, cada instante que estás dentro de tus pozos es un instante perdido e irrecuperable. Descansar para recuperarse es una forma saludable de invertir tu tiempo, porque el auto-cuidado te devuelve toda la energía que has estado utilizando para realizar algo. Por otro lado, pasar demasiado tiempo en esos profundos agujeros es como exponerse a tirar en un saco roto toda tu energía personal, no obtendrás nada saludable a cambio y puede que el precio a pagar sea demasiado. 

Descansar está bien, llamar descanso a un hábito que realmente es una comodidad en un punto bajo de nuestra vida, puede ser peligroso. 

Este texto es una simple reflexión para que cada lector alcance su propia idea y su propia percepción de si mismo y sea honesto consigo mismo, para sacar aún más partido a su vida y a su presente. 


sábado, 30 de mayo de 2020

La importancia de los viajes sutiles:


La sutileza es apreciable de una forma muy particular; se puede admirar la belleza sutil de un gesto, de la naturaleza, de un instante... Hay un reconocimiento al poderío que habita en lo sutil, tanto para bien como para mal. Sutilmente se pueden comunicar mensajes importantes, dar a entender algo o encender una situación. Una parte muy importante de nuestra forma de comunicación se encuentra apoyada en la sutileza. Ocurre igual con nuestras formas de conexión o nuestras percepciones emocionales y psicológicas. 

Dentro de lo sutil, aunque a priori parezca algo pequeño y sin fuerza, se esconde una cantidad de información y conocimiento muy importante. La sutileza, además, suele llevarse muy bien con nuestro "yo" intuitivo, salvaje y espiritual. 

Hoy quiero compartir algo interesante relacionado con la psiconáutica y la experimentación en relación al desarrollo y la consciencia. El otro día caí en la cuenta de la importancia que existe en los viajes sutiles. De hecho, los primeros síntomas para cualquier viaje psiconáutico se denominan "síntomas/percepciones/sensaciones sutiles". La sutileza es apreciada por aquellos que realmente conectan con el propósito y con las herramientas que tienen a su alcance. La sutileza también tiene sus propios niveles, hay sutilezas ligeras y livianas y otras un poco más intensas, hasta que los síntomas son tan evidentes que dejan por completo de ser sutiles. 

Los cambios sutiles en el cuerpo pueden ser suaves percepciones en la piel, ligeras sensaciones de cambios emocionales, ligero cambio de pensamiento, repentina sensación de un suave y ligero bienestar... En fin, hay una gran cantidad y varían dependiendo de cada persona. 

Muchas psiconáutas buscan solo experiencias intensas, algunas de ellos no se han parado nunca a apreciar la belleza de lo sutil y cómo lo sutil también te conecta con propósitos, experiencias, conocimiento, sabiduría y entendimiento. Mi experiencia personal es que apreciando lo sutil y disfrutando de ese punto, sin buscar algo más intenso o fuerte, he llegado a comprender muchas cosas de mi misma con una claridad y un entendimiento brutal. Igual que ocurre con una práctica sexual, el "climax" no es el único placer de la práctica, valorar el resto de placeres y apreciarlos con objetividad nos abre a un abanico más amplio de sensaciones. También viajar desde lo sutil me ha proporcionado importantes herramientas para sacar más provecho a las experiencias intensas. 

Creo que no puedo ubicar un único motivo para definir"la importancia de los viajes sutiles" y por eso prefiero compartir lo que he ido viendo, lo que me ha pasado a mi. Los viajes sutiles me permiten estar comprendiendo con más apertura mental, mientras mantengo una presencia más terrenal. Eso me ayuda a ordenar mis pensamientos sin que, como puede pasar a veces, llegue un chorro excesivo de información que parezca desordenarlo todo, hasta que después consigues darle forma (aunque a veces no a todo).

La sutileza es como una caricia bien dada en el momento oportuno, como un pequeño beso que se ha podido saborear más que uno largo porque se compartió justo cuando había que hacerlo. La sutileza es como una mirada que dura un instante pero que te hace sentir vivo/a, la sutileza es ese toque especiado en esa receta que tanto te gusta. 

La importancia de los viajes sutiles se halla en la habilidad que terminas adquiriendo para apreciar la grandeza de cualquier forma sutil que entra en conexión contigo. Te permite apreciar aquello que está más allá de un simple gesto. 

También siento que lo viajes sutiles son maravillosos porque, en su mayoría, son percepciones más físicas a las que con los ojos cerrados y meditación se le puede sacar mucho más partido. De esta manera puedes controlar el aquí y el allí con más responsabilidad. Me pareció sentir que los viajes sutiles son una forma de colocar información en nuestro interior sin que resulte excesivamente abrumador, como unos pre-eliminares para más experiencias futuras o para más información a fondo en otra ocasión. 

Las emociones son mucho menos desbordantes cuando estamos en esa percepción sutil y a pesar de lo que la gente cree, aunque en el punto de sutileza de los viajes no existe una evidente división con el "yo", sí que puede llegar a existir un consenso con la mente y con el interior, permitiendo que ambos disfruten esa experiencia desde sus propias herramientas. 

Me gustó apreciar la belleza de lo sutil y al terminar, comprender que esa belleza habita en todo lo sutil que nos rodea. Todas las formas de sutileza que están a nuestro alrededor también desbordan esa belleza y sabiduría. Creo que precisamente las "causalidades" casuales que nos ocurren y las sincronicidades emergen del poderoso canal "de lo sutil", una vía por la que transcurren situaciones, momentos, aprendizajes, experiencias, instantes... Que serán sumamente importantes en nuestro propio camino personal y en nuestra persona.