¿Sabes? todo hay que sentirlo, notarlo, palparlo en lo más profundo de tu ser...
martes, 11 de abril de 2017
MODO BUCLE
Cuando nos da por repetirnos con un tema, entramos en una sistemática dinámica cíclica de pensamientos y actos. Pensamos que si repetimos, en voz alta y compartiendo con otros la misma situación, unas diez, once o doce veces, todo cambiará repentinamente... Pero es mentira. No cambia nada y pareces un disco rayado que se queda atascado en la misma canción.
Nuestra cabeza pasa a ser una lavadora que no para de dar vueltas y esa repetición constante nos hace parecer el ajo que le echa tu madre al gazpacho, que sí está buenísimo pero no te engañes ¡a veces se repite! (y mucho, aunque no tanto como cuando te pones en modo bucle).
El modo bucle nace, en ocasiones, de la necesidad imperiosa por no querer separarnos de un vínculo. De nuevo debemos ser francos, se nos da fatal eso de decir adiós ¡incluso a lo que nos hace daño! y se nos da requetebien (pero requetebien, requetebien) adaptar patrones de conducta poco constructivos, adictivos y reincidentes. Porque parece que los hemos dejado pero... ¡no! Y vuelven de nuevo a nuestra vida con otra situación distinta.
Podemos estar dándole machaqueo a un tema hasta que nos quedemos sin fuerzas y a veces ni eso consigue pararnos (si fuésemos tan comprometidos e insistentes en otros ámbitos de nuestra vida, seguramente seríamos bastante más felices).
El modo bucle llega sin avisar y cuando te quieres dar cuenta ya estás de lleno metido en su lodazal. Puede ser por cualquier motivo, desde una obra para remodelar tu casa, un asunto con un familiar, algo relacionado con tu propio negocio... El caso es que si llevas más de un par de meses pensando en la misma historia y no sacas nada en claro, si parece que aunque sepas la solución no tomas medidas para ponerte a arreglar eso que tanto comedero de tarro te trae (y que parece que te gusta porque no lo sueltas) ¡ENHORABUENA! Estás en modo bucle. Como casi toda la humanidad. Sí, esto es lo que me suelo decir para consolarme... ya sabéis "mal de muchos, consuelo de tontos" y a tonta no me gana nadie porque soy la fan number one del modo bucle.
El modo bucle es tan absurdo como dar vueltas y vueltas y vueltas sobre ti mismo esperando que eso te lleve a alguno otro lado porque ¡eh! te estás movimiendo. Y sí, es cierto, te estás moviendo, lo que no quieres ver es que ese movimiento no es constructivo, que no avanzas. Literalmente es una pérdida de tiempo porque ni siquiera quieres ser objetivo y aceptar que quizás sea momento de para un instante, quitarte el mareo de tanto giro y ponerte a caminar como una persona normal.
El bucle funciona así, te mantiene entretenido y agarrado con un pensamiento que no terminas de soltar, acompañado por supuesto de sus propias emociones y mientras crees que estás haciendo algo por solucionar el problema, lo cierto es que de nuevo te vuelves a levantar otro día más y con la misma sensación. Aunque te duela es momento de que te des cuenta que estás perdiendo un tiempo que jamás vas a recuperar y que eres un crack encontrando excusas para acostarte todos los días con el mismo peso mental (yo también soy una crack en eso...).
Mientras te repites el mismo cuento, que seguramente hasta te genera ansiedad y sea la brecha principal por donde pierdes tu preciada energía, la vida sigue avanzando viendo como tú sigues enganchado, engañándote con un ausente progreso.
Y ahora que lo sabes ¿te atreves a salir del modo bucle? Él parece que ha hecho buenas migas con tu zona cotidiana de confort. Que si no quieres, puedes tirarte toda la vida metido en esa infinita espiral, ya sabes que eres muy libre para elegir lo que realmente deseas en tu vida.
lunes, 10 de abril de 2017
Lo que quiso la vida...
Follamos como adultos y nunca dejamos de ser críos. Me daba igual el riesgo y los daños colaterales... ¡qué ingenua!. Igual que cuando eras pequeño y te peleabas con tu hermano, tu madre observaba la situación y advertía desde su experiencia que uno de los dos saldría mal parado... Al final aquello terminaba por cumplirse y uno de los dos acababa llorando.
Entre tú y yo, he sido claramente yo. A veces el echar de menos se lleva mal, francamente mal. Y yo creo que te echo de menos... demasiadas veces.
No le imploré a la vida ni un segundo más a tu lado... pero recuerdo las lágrimas que me caían cuando te dije que dejar de verte me haría daño. Una parte de mi sabía que eso iba a pasar y supongo que lo lloré delante de ti y antes de tiempo para ser consciente y estar preparada, aunque creo que no existe una preparación adecuada para un final inevitable (¿o evitable?).
¿Sabes? Quise creer que las leyes del universo harían una excepción conmigo y contigo, pero supongo que no existen excepciones, al menos no en este tipo de ocasiones.
¿Sabes? Quise creer que las leyes del universo harían una excepción conmigo y contigo, pero supongo que no existen excepciones, al menos no en este tipo de ocasiones.
Ahora vivo en medio de dos emociones muy diferentes, por un lado pienso cómo me sentiría verte por la calle, deseando en secreto que eso ocurra. Y por otro lado espero que eso nunca pase. Estoy entre la ilusión de un imaginario reencuentro y el temor de saludarte, sabiendo que un efímero "hola ¿qué hay de nuevo?" seguirá siendo parte de este eterno y presente "adiós".
He preguntado cómo estás, qué tal te va todo... Se lo he preguntado al cosmos (ventajas de ser bruja) y me dice que no te va tan mal y que brota dentro de ti una nueva ilusión. ¿Será amor? Espero que sea amor, porque tal y como eres mereces amar y que te amen con toda la pasión que forma tu persona, que te amen sincero, a tu medida y que te amen fuerte... Y tú poder devolverlo exactamente igual.
He preguntado cómo estás, qué tal te va todo... Se lo he preguntado al cosmos (ventajas de ser bruja) y me dice que no te va tan mal y que brota dentro de ti una nueva ilusión. ¿Será amor? Espero que sea amor, porque tal y como eres mereces amar y que te amen con toda la pasión que forma tu persona, que te amen sincero, a tu medida y que te amen fuerte... Y tú poder devolverlo exactamente igual.
Precisamente todo el amor que brota de tu corazón es el que te ha llevado a querer ayudar a los demás, a encontrar esperanza y a dar lo mejor de ti hacia aquellos que son importantes en tu camino.
Te mando un abrazo muy fuerte, desde lo más profundo de mi corazón.
(Qué difícil es encontrar de nuevo a alguien que cuadre y te quiera tal cual eres, cuando la mitad de tu mundo es cielo y la otra mitad un abismo. Resulta increíble pero lo peor de todo es que es cierto... Durante poco viví en un cielo de ser yo misma y admirada por ello... No entiendo estos regalos que duran poco y te dejan luego, cuando ya no están, como si estuvieses cojo, mudo y ciego.)
viernes, 7 de abril de 2017
Mi corazón roto me hace mejor persona:
En la vida se te rompe el corazón muchas veces. Muchas. Más de las que crees y de las que vas a pensar. No siempre se rompe por un problema sentimental, a veces una parte de tu corazón se rompe cuando alguien muere, cuando tu vida cambia repentinamente o cuando te encuentras con un problema con el que quizás tengas que convivir mucho tiempo o todo lo que te quede de vida.
El corazón es ese órgano, ese hermoso órgano, que bombea la sangre por nuestro cuerpo. Pero también es esa parte emocional, llena de vulnerabilidad, que nos hace ser quienes somos. Yo creo que energéticamente es una de las fuentes principales para la inspiración y precisamente el buen arte (visual, musical, corporal...) nace de uno o varios corazones armonizados con su deseo y con su sueño. El corazón guarda diferentes fuerzas primigenias, fundamentales para seguir creciendo.
¿Cuáles son esas fuerzas primigenias? Pues podemos encontrar el entusiasmo, la ilusión, la capacidad creadora, la fortaleza interior, el amor propio, la autoestima, la confianza, la fe... y muchas otras que seguramente me he dejado en el tintero.
Esta fuente de vida y energía, a la que yo llamo corazón, es sensible y frágil a la par que resistente y con una admirable capacidad reconstructora y metamórfica. Suena a paradoja que algo tan delicado sea a la vez uno de nuestros pilares más sólidos. He aquí la magia de ser humano y con ello también encontramos la magia de todo lo que viven nuestros corazones.
Cuando caminas por la vida te expones de forma natural a encontrarte situaciones que te rompan diferentes fibras de tu corazón y no hay nada malo en ello. Realmente es sano sufrir estos encontronazos que, seamos sinceros, nunca hemos deseado. Son estos duros choques contra la realidad lo que nos lleva a descubrir realmente quienes somos.
Las heridas de tu corazón y cómo has reaccionado al sufrirlas, al vivirlas y posteriormente al seguir teniéndolas como parte de tus experiencias, muestran quien eres hoy en día. Es fascinante cómo la propia vida va haciendo y deshaciendo dentro de nosotros y cómo decidimos amoldarnos a cada acontecimiento, a cada situación y a cada nuevo instante.
El corazón se "recompone", pero yo creo que nunca lo hace al 100%. Os explico porqué creo que no lo hace al 100%; porque pienso que siempre hay una huella imborrable de cada vivencia. Y esto es primordial, es esencial y es grandioso que sean imborrables. Lo es, incluso si hoy aún algunas te duelen (como me duelen a mi) es maravilloso que no se borren, es maravilloso que cambien, como las heridas de la piel que pasan de ser costra a ser un tejido rosado al que llamamos "cicatriz". Mi corazón, el tuyo, el de ella, el de él... Está cosido y recosido, compuesto por microscópicas y también por gigantescas cicatrices que muestran una realidad firme y contundente de tu presente y muy posiblemente también de una parte de tu futuro.
La frustración con las heridas del corazón, sobretodo con aquellas que son recientes, es una actitud de lo más humana. Nos frustra el daño interno y sentimos más daño cuando algo nos toca esa hebra y esa energía. Entonces surge en nosotros una incomodidad natural que compone a cualquier ser humano, porque no estaremos de acuerdo y no nos parecerá nada justo. He observado que parte de nuestra actitud es buscar de manera constante la justicia sobre nosotros y sobre nuestro entorno, en ese momento introducimos un subjetivo punto de vista sobre lo que nosotros creemos que es justicia y nos alejamos de la confianza hacia la vida y hacia todos los enigmas que nos regala.
Esta emoción de incomodidad, de tristeza apagada y de rebeldía nos hace experimentar las heridas del corazón en diferentes fases, desde el dolor, a la rabia pasando por la brutalidad mental de encararnos inconscientemente a nuestro mayor bien, que aunque cueste creerlo en muchas ocasiones emerge de los momentos más duros que podemos vivir y precisamente son los momentos más duros los que suelen dejarnos más huella en el corazón.
El corazón tiene un registro infinito: desamores, despedidas, cambios, rupturas de situaciones, decisiones que te hacen madurar de golpe y porrazo, presiones, pesos personales... Y no, no puedes evitar que las cosas no te cambien, lo cual también es genial. Es genial que seamos estos increíbles animales con capacidades transformativas y que constantemente nos podamos permitir tomar una oportunidad tras otra e ir construyéndonos hasta el fin de nuestros días.
Yo reconozco que tengo un corazón roto, que está lleno de remiendos, de recuerdos, de pasados... De esos instantes que quedaron atrás pero que indiscutiblemente, y gracias a Dios, me han traído a este presente. Y reconozco que ese dolor, esa dureza de los acontecimientos y de mi misma ha hecho emerger partes sobre quién soy, rebosando una belleza indescriptible.
Es precisamente esta belleza, sobretodo a nivel de personalidad, la que hace que tenga la valentía para perdonarme a cada error, para liberarme, para hacerme responsable de que en ocasiones soy demasiado exigente conmigo misma y me hiero con un machaqueo constante para lograr cumplir los objetivos de ser mejor que ayer, pero y espero que un poco peor que mañana.
Sin embargo mi corazón roto me ha dotado de la capacidad empática, la verdadera empatía, para observar la tristeza ajena. Ser empático no supone que nunca vayas a hacer daño a nadie, pero sí te dota de humildad para aceptar cuándo has sido tú quien ha metido la pata y colocarte en el otro lado, transmitiendo así una disculpa verdadera. También me ha convertido en una persona muy cuidadosa con aquellos que realmente me importan y en muchas ocasiones me ha llevado a enamorarme rápido por miedo, precisamente, de convertirme en una piedra sin sentires o en una persona que manipule el entorno (consciente o inconscientemente) generando aún más heridas, tanto en mí como en aquellos que estén involucrados conmigo.
Mi corazón roto me ha hecho llorar y de ese llanto he obtenido una verdad real de mi persona: SOY MUY FUERTE. Mi corazón roto me ha hecho valorar realmente a aquellos que se quedan a mi lado, me ha hecho aprender a desenvolverme estando completamente sola en momentos muy duros, me ha hecho aprender a defenderme del ataque ajeno que intenta dañar por dañar, me ha hecho tomar decisiones para darme más amor y me ha hecho ser capaz de mirar atrás y decirme a mi misma "ya has salido de momentos que no resultaron fáciles, todos los que te toquen de ahora en adelante serán pan comido". Es mi corazón roto quien ha hecho que sea más fiel a mis principios y que me afiance, con más fuerza y energía, en la realidad de quien soy.
Mi corazón, con pedazos de menos, ha sido de las mejores compañías que he podido tener hasta ahora. Y es también el que me ha guiado a vivir experiencias que repetiría una y mil veces, a pesar de que quizás los resultados del final no han sido los deseados. Además es mi corazón el que me ha mostrado como ser yo misma sin que eso signifique quedarse al margen y es el que me ha dado siempre ganas de tirar adelante.
En mi corazón se encuentra viviendo una parte divina de mi ser, que precisamente es quien lo apaña cuando yo voy directa a una de esas experiencias imborrables y maestras. Mi corazón roto me ha hecho mostrar los dientes ante aquellos que pasean la maldad como si fuese un perro bonito, también me ha hecho sentirme enamorada de mis padres y comprender cada una de sus decisiones. En esas cicatrices de mi ser se observa la luz más bonita de mi mirada y junto a ella las partes más vulnerables de mi verdadera personalidad, sin caretas, ni muros, ni excusas.
Desde dentro de mi corazón, y conforme más se ha ido rompiendo, ha emergido mi facultad comunicativa y comprensiva, mi facultad espiritual y conectiva y sobretodo una fe que me inunda cuando nadie más puede hacerlo. Una fe sobre mi misma y sobre lo que me depara la vida que es precisamente la que me salva de sentirme perdida o de dejarme vencer por los miedos que se encuentran propagándose a través del colectivo.
Mi corazón roto me ha ayudado a tener más tacto para aprender a perdonar, también me ha enseñado que el orgullo corrompe la parte de amor que podemos compartir con los demás. Mi corazón roto es también una parte indivisible de mis sombras, algunas de ellas ya tienen más luz que oscuridad.
Y es mi corazón roto, de oso, quien me ha traído hasta aquí para hacerte llegar que, incluso con un corazón lleno de heridas pasadas, de cicatrices inolvidables y de una frágil sensibilidad, puedes seguir sintiendo el amor de la vida, porque es precisamente eso lo que bombea y llena de energía todo tu cuerpo físico y astral.
jueves, 6 de abril de 2017
NO SOY TU RETO...
En cuanto dices algo, referente a ti, que se sale de lo común o lo habitual hay muchas personas que te colocan en una posición de lograr cambiar tu opinión, de influenciarte, de conseguirte a nivel sexual, de dominarte, de introducirse en tu vida o en ti (seguramente solo momentáneamente) y dárselas con que llevan razón. Tu cuerpo y parte de tu esencia pasa a ser un trofeo que se debe conseguir sí o sí.
Convencidos por sus propios impulsos intentan ponerte a prueba, de manera casi constante (como si no tuviese suficiente con las pruebas de la vida) para tantear el terreno y ver cómo de convencida estás de tus propias decisiones, desvaloran tus opiniones con subjetivos puntos de vista y se jactan, consciente o inconscientemente, desde un ángulo donde se les ve el plumero de lejos.
¡¿PERO QUÉ PASA?! Yo tomo decisiones, no para que los demás me vean como un trofeo, las tomo para mi misma. No soy la recompensa de SU EGO que de manera constante les ha convencido para que obtengan lo que les apetece de mi. No entiendo... ¿es tan difícil comprender que no me interesa conocer a nadie a nivel sexual ni sentimental? ¿tan difícil es respetar que no quiero sexo? Que no me apetece. Tengo que estar defendiendo mi decisión ante el prejuicio de unos pocos que se creen con derecho a decirme cómo, cuándo, dónde... y con quien. Por si eso fuese poco, sus indirectas, que se veían venir de lejos porque tienen un perfil predecible, lo único que hacen es intentar atacarme.
Intentan de manera sibilina colármela (literal y metaforicamente) y se encuentran con un enorme muro, una distancia, una decisión con conciencia. Sus "quiero conocerte" encierran una realidad, normalmente sexual, que al poco se va descubriendo... porque aquí en la vida las intenciones no se pueden disimular por mucho tiempo.
No quiero que suene ególatra ni victimista, pero lo cierto es que parece que hay cierto radar. Algunas personas buscan casi de manera constante parejas sexuales y a mi eso me agota, por eso decidí alejarme voluntariamente. Esta búsqueda constante me repercute cuando coinciden conmigo y les digo, viendo sus primeros pasos y su impulso, que yo no voy por ahí, que no me interesa y que gracias pero ya nos veremos. Entonces todo se tuerce, nace cierta tensión la cual se han decidido a relajar intentando por todos los medios hacer que sea infiel a mi misma, a mis decisiones, a mi razón, a mi conciencia, a mi tranquilidad... Que no hombre, que no te enteras, te crees especial e irás con tu orgullo caminando como un pavo si logras lo que con tanto esmero (o no tanto) te estás esforzando por "conseguir", pero es que a mí no se me consigue. Repito de nuevo: A MI NO SE ME CONSIGUE.
Me siento cosificada, desvalorada y enjuiciada. Entre comentarios como "vas de monja" se esconde la realidad de "me cago en la leche... vaya mierda querría follar contigo" y aquí está la verdad, una verdad acojonante del mundo: NOS CUESTA RESPETAR A LOS DEMÁS. Si alguien no cumple con nuestras expectativas o con lo que pensamos que debe ser, vamos a ir hacia esa persona a atacarle disimuladamente entre "bromas" y con comentarios, que más que apoyar y respetar la decisión individual que ha tomado, intentando generar una herida.
No soy un premio, ni un triunfo, ni una ganancia. Me apetecería decirles que esto no es un concurso donde deban mostrarse como el pavo más bonito del jardín. En primer lugar es amor propio, el de ellos no debería verse ninguneado ni dañado por decisiones que tomo sobre mi persona. A priori no tengo ningún juicio sobre este tipo de personas, excepto cuando ya empiezan con un taladro constante de pruebas para intentar llevarme a un límite al que no tengo ni ganas de aproximarme.
Estoy decidiendo sobre mi cuerpo físico y energético, no creo que sea tan difícil de comprender y si te resulta tan difícil de comprender simplemente vete. El machaqueo continuado solo me agota y genera precisamente, y aún con más intensidad, todo lo contrario a lo que les gustaría. No soy capaz de entender cómo no lo ven.
Me resulta molesto y pesado, me siento perseguida cuando ocurre este tipo de situación. Hasta que finalmente saco todo mi carácter y digo la verdad: "ME AGOBIAS, me enfadas, no me respetas, te crees que soy como una niña tonta sin ningún tipo de lealtad hacia mi misma pero te estás equivocando... que me dejes." Y... ¿qué pasa aquí? Surge en ellos un fuego indomable donde se sienten heridos, a pesar de las constantes negativas que han recibido hasta llevarme a la frontera de mi tolerancia y aguante.
Siempre he tenido mucho cuidado y discernimiento a la hora de elegir mis parejas sexuales. Es una elección íntima y personal que nunca me he tomado a la ligera y en 3 ocasiones, solo en 3 verdaderas ocasiones me he enamorado de esas parejas. Porque precisamente me conozco, sé como soy, no elijo a cualquiera, cumplen todos ciertas cosas en común y entre ellas es que, a pesar de sus resistencias y de sus trabajos personales a medias, son buenas personas. Es así.
Sin embargo a día de hoy no me apetece nada con nadie, ni aunque sea buena persona. Estoy por y para mi y no creo que eso deba ser una ofensa. Ofendida es como yo me siento cuando determinados personajes se proponen tirar abajo en lo que me apoyo actualmente.
Me encantaría decirles a cada uno de ellos: "Aquí no hay un elegido mágico, no
eres el mesías de mi vagina y tampoco de mis orgasmos (en compañía que es lo
que deseas). Tampoco eres un rey y yo no soy la conquista de nadie,
precisamente las personas con las que me he acostado (y sobre todo he ido
mejorando con el tiempo) no me han tratado como un objeto del que presumir, se
han quedado admirando mi profundidad, funcionase o no funcionase y eso es una
parte primordial del respeto. Un respeto que siento ausente cuando tu polla
habla por tu boca, metiendo indirectas en cosas que tú llamas “humor”. Cuando
te ríes y me dices "jeje quería ponerte a prueba..." ¿a prueba de
qué? Y ahí te conviertes en el más payaso que he visto. Sin más. Que te vaya
bonito, que es lo que te hace falta para que cambies bastante tu forma de
tratar a los demás en relación a sus sagradas e incorrompibles
decisiones."
Necesitamos un curso urgente de respeto hacia el prójimo. Un curso obligatorio, donde tengamos que sacarnos el título sí o sí y así dejemos en paz a cada uno con su vida. Porque en serio... como nos cuesta comprender que los demás no quieran cumplir con nuestros deseos.
miércoles, 5 de abril de 2017
Breve nosotros...
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| - Sé exactamente lo que quiero. - No sabes una mierda. |
A ver quien es el guapo que tira eso abajo, necesitaremos estar provistos hasta las cejas de todo tipo de armamento y la verdad, al final de ninguna guerra nace ningún amor. Eso son historias que jamás se cumplen porque en las tierras del dolor no puede germinar el entusiasmo de la pasión, ni del afecto, ni del cariño, ni de la ternura, ni de la complicidad y por supuesto tampoco del querer.
Aquí tenemos dos vertientes, la primera es que caigamos una y otra vez en esos engatusamientos de un "nosotros" y la segunda que nos volvamos duros como rocas y helemos un corazón que ha nacido, principalmente, para llenarnos la vida de amor (lo del sistema circulatorio es algo secundario, su segundo curro a jornada completa porque está la cosa fatal como para no herniarse trabajando...).
En esas estamos, compañeros, la que nos ha tocado.
sábado, 1 de abril de 2017
Muescas: mercurio retrógrado.
![]() |
| Los valientes hallan la manera. Los cobardes huimos y perdemos la oportunidad. |
Mercurio está retrógrado, quizás ese sea el motivo de esta inundación interna (esto es una excusa, llevo semanas pensando en ti). La manera que tengo de inmolarme(de echarte de menos) cuando exploto por mis propias muescas, huellas de un pasado imborrable que no pueden ser presente. (Todo lo que pasa en el cielo me afecta de una forma tan directa que a veces los propios cambios la luna me ahogan con su energía)
Me habría gustado poder decir con seguridad "Hagamos de lo difícil algo fácil. De lo imposible algo posible y del amor... nuestra vida". Qué bonito suena cuando lo lees, que difícil es cantarlo y esperar lo mismo de vuelta.
Las muescas sin presente son esas pequeñas brechas de las experiencias que nos componen, lo que ocurre es que a veces la piel sigue tierna, la herida sigue sangrando o incluso aún nos escuece si lo rozamos. Ahí estoy yo, con esa sensación que me hierve la sangre, porque es como tener una parte de mi en carne viva.
No tuvimos pasado, tuvimos efímeros segundos e instantes intensos. Dos voces distintas, dos caminos y al final... todo se ha quedado lejos. Es difícil llegar al otro lado y es difícil mantenerse en este, que difícil resulta todo cuando quieres sin ser querido y cuando amas en silencio, un amor no correspondido.
Me agotan los "arrepentimientos" y las oportunidades al viento que al final se quedan en vacío. Si yo fuese más de cabeza y menos de corazón habría encontrado el algoritmo indicado para dar salida a todo esto y seguramente lo habría reducido rápidamente a cero. Para que ni sume, ni reste, ni importa, ni duela, ni guste ni nada.
La condena es que nadie puede ensuciar tus besos, son el único recuerdo de tu presencia.
Pero antes de volverme loca me repetiré a mi misma: mercurio está retrógrado, deja que pasen los días y quizás todo vuelva a su cauce liberándote de esta opresión de querer desde lejos sin ni siquiera poder acercarte (o no, quizás nada vuelva a ningún sitio y esto necesite más de una dosis de amarga realidad).
martes, 28 de marzo de 2017
Deslices que son encontronazos
"Un desliz literario es gastarte 20 pavos en un libro que no termina de llenarte porque hubo un "inteligente" que consiguió embaucarte con una sinopsis donde jamás dijo la verdad.
Y un desliz de mi vida son mis dedos con tus dedos, mi piel con tu piel. Pero vamos, que si te da el punto te vas y hasta pronto muchacho de ojos profundos.
Sumida en esta paz de mi interior, solo puedo decirte que aquí ya no hay mucho más que rascar. Soy esa chica de ojos grandes, sonrisa tímida y sueños enormes, constructora de puentes, hacedora de hechizos, besadora de cielos... bruja de lo escondido."
Hace un tiempo escribí esto y lo más duro, lo más intenso es que sigo pensando lo mismo. Sí, sigo pensando que, y ahora más que nunca, estoy sumida en mi paz interior. En mi no hay mucho que rascar, porque a mi no se me rasca ¡No soy una costra!. Y por supuesto sigo siendo esa chica de ojos grandes, sonrisa tímida ¡y sueños enormes! ¿qué digo enormes?... ¡GIGANTES!.
Construyo puentes, sigo haciendo hechizos y beso los cielos que cuidan de mis pensamientos, que cuidan de mis pasos, que vigilan lo que hago. Sin embargo hay cosas en las que a día de hoy ya no comulgo y entre ellas están que tú, y lo siento, ya no eres un muchacho de ojos profundos.
De nuevo vuelvo a estar de acuerdo en que hubo un desliz, que se repitió un par de veces, del que he salido un poco trastocada y sin embargo ¿quién lo diría? En ese desequilibrio emocional-físico-mental, del que casi nadie sabia nada, encontré una parte de mi ser muy sabia. Serena. Una parte que tenía la única respuesta que hasta ahora ha podido ayudarme: "calma y respira".
Calmada y respirando me encuentro ahora y sinceramente me siento una persona totalmente distinta. Ha habido tantos cambios que incluso las fuentes de mi inspiración han sufrido una transformación con la que a veces me cuesta encajar, pero siguen ahí llenándome el corazón de otros sentires. Es como iniciar un cuaderno desde cero y perdonarte por haber sido tan mala contigo misma.
A si que, deslices que no son errores bienvenidos seáis al mundo de las personas que necesitan encontrarse para sorprender a la vida chillando a los cuatro vientos: ¡He vuelto! Y he encontrado eso que con tanta dedicación había escondido... ¡ME HE ENCONTRADO A MÍ MISMA!.
Que el amor siempre os acompañe... incluso cuando creáis que ya se ha ido.
Hay una parte dolorosa y es la de aceptar que indiscutiblemente aún conservo una profunda y venenosa herida de desamor, pero de las que hacen brecha y tardan en cerrar tiempo... aunque tampoco está mal si me ha llevado a tomar algunas decisiones y experimentar nuevas propuestas que forman parte de mi actual filosofía de vida. Al final todo es para bien.
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