¿Sabes? todo hay que sentirlo, notarlo, palparlo en lo más profundo de tu ser...

viernes, 8 de junio de 2018

Hola oscuridad, vieja amiga.


Hay momentos donde todo ese subidón y esa conexión cósmica se vienen abajo y entro de lleno en una crisis existencial, que me hace enfrentarme contra el mundo que me rodea y plantearme cuestiones tan introspectivas como la importancia de mi propia vida. 

Yo comparto y escribo éste blog para dar a luz lo más humano de mi y crear un vínculo de conexión y unión con otras personas que necesitan encontrar esos mismos puntos de inflexión, pensamiento, sentir... En otros, para realmente ver que la cordura no existe como el concepto que nos han inculcado, que la perfección siempre es ficticia y que la humanidad tiene mucho de complejo. Sin embargo, en esa complejidad se halla una gran parte de la belleza que nos rodea. 

Últimamente me resulta muy difícil imaginar un futuro en sintonía con lo que realmente me apasiona, es como si todo aquello que tanto me llenase cada vez lo hiciese un poco menos y aunque echo de menos aquella sensación, no encuentro manera de recuperarla. 

Entre risas suelo decir a la gente, y preguntarles también, si ellos se encuentran hasta el cuello sumergidos en su propia crisis existencial donde se plantean prácticamente todo y donde se ven baten a duelo contra una sensación de ambivalencia corrosiva y toxica, que finalmente sale ganando. La gente me sonríe pensando que es una broma y todo se queda como un extraño comentario pasajero mientras emergen banales temas de conversación, mucho más fáciles de mantener entre cervezas y tapas. 

Admiro, que no envidio, a la gente que tiene una vida en consonancia con su corazón. Personas que, a pesar de la adversidad, encuentran un momento para sonreír, tomarse las cosas con calma, disfrutar de un buen té, ver una puesta de sol, crear vibrando en todo tipo de abundancia, sostener vínculos con la familia, encontrar razones... Y es que veo que esas personas brillan de otra manera y las admiro profundamente por ello. A mi me encantaría ser así y tener una vida un poco más relajada y en armonía, donde poder tirarme horas creando lo que más me gusta y encontrándome a mi misma una y otra vez, sin embargo desde hace unos meses siento que la que se ha perdido soy yo y va a ser difícil recuperar el rastro para hallar donde estoy. 

Me echo de menos, muchas veces. Y echo de menos mi magia peculiar y esa humildad de conformarme con una tarde tranquila en la terraza de mi casa o una visita esporádica inesperada. Pequeños detalles. 

Últimamente, me siento consumida y profundamente dolida, sobretodo conmigo misma. Tengo cierta sensación de desgarro y desconocimiento, porque no termino de encontrar la verdadera raíz de donde sale todo esto. Me pongo a imaginar un mañana y se me hace muy difícil incluso darle forma a lo más "natural" y "sencillo". A veces temo haberme ilusionado demasiado con esas ensoñaciones que llevo manteniendo toda la vida y que no dejen de ser, al final, cuentos chinos sin fundamento. 

Creo que lo único que le aporta algo de sentido a todo esto, incluso cuando estoy muy sumida en lo más oscuro de mi, es la espiritualidad. Al final esa esperanza, por pequeña que sea, es la que me mantiene con los pies en La Tierra aunque las mañanas sean llantos de ansiedad y las noches horas de insomnio, comiendo techo por mil preguntas sin respuesta. 

Y entre tanto echo de menos la sensación de hogar que desde hace algún tiempo, y a pesar de la preciosa familia peluda que tengo, siento que se ha esfumado. 

¿Quién soy?
¿Hacia donde debo ir?
¿Qué hago aquí?
¿Lo estoy haciendo todo bien?
¿Y que será de mi?
Las 5 preguntas del apocalipsis.

miércoles, 30 de mayo de 2018

¿Cuántos amores de "nuestra vida" conocemos?



Entre libertad, fuego y cadenas nacen los mejores amores. Y el que diga que me equivoco, no sabe lo que es amor de seres humanos imperfectos. Ese, compuesto por personillas que se pierden y se encuentran cada poco, solas o acompañadas o yo que se... Pero pasa.

Y a veces todo es tan sencillo y de repente una tormenta lo pone todo patas arriba y toca reconstruir la solidez. Porque nada es estable en el vacío y al final la vida siempre está llena de algo, y al amor también hay que llenarlo. Y alimentarlo (Y necesita comer muuuuuucho....)

¿Cuántos amores de tu vida existen? Yo creo que los verdaderos amores de tu vida son aquellos con los que, además de haber caído perdidamente enamorado, te sientes como en la ola de una gran locura de tu vida. Sabes que si la cosa fluye puede ser una de las mayores y más increíbles experiencias de tu vida, pero como se venga abajo te quedas más roto que una figura de porcelana precipitándose al vacío desde un noveno.

Basta de enredarnos sólo en el recuerdo de un único amor, pasado y pasajero, que creíamos el amor de nuestra vida. El amor de nuestra vida se traza en el momento presente y si se te abre en tu camino la oportunidad de hacer de este "ahora" una de esas grandes locuras... ¡dale! No dudes, porque si no lo aprovechas caerás de nuevo en ese saco roto de nostalgia y anhelo, donde sientes pena y culpa por creer que sí era la persona, que sí era el amor, pero que no era el momento.

Yo no vengo a imponerte nada pero creo que la persona, el amor y el momento vienen de la mano. Es más, seguramente nazcan de la mano de esa persona en si.

Quien viene a tu vida, de nuevas, trae su propia forma de amor introducida en su propio tarro de tiempo... Lo que puedas y quieras hacer con ello, eso es sólo cuestión tuya, pero luego no valen lloros por no haberlo valorado. Y lo que dure o lo que ocurra a través de la vida (todo aquello que no está a tu alcance) no pasará para que te martirices con ello y machaques a tu amor propio, a veces las cosas pasan y lo más sano es aceptar y soltar.

Muchas personas inician relaciones, aun resquebrajados y sangrando por pasados incluso muy lejanos. Se condenan con esos deseos, esos echar de menos y esas odiosas comparaciones intentando atraer a este instante de sus vidas un tren que marchó hace tiempo.

Y así van, perdiendo experiencias nuevas, reconfortantes y potenciales, porque se han quedado atascados en el deseo de algo que sí se atrevieron a vivir intensamente. A lo mejor si diesen esa oportunidad de ambición, enamoramiento y pasión, que se permitieron con otras relaciones o relación donde se encuentran atados psicológicamente, podrían encontrar que la posibilidad que se les brinda en esta nueva situación tiene tanto o más potencial como las que ya se han vivido en otros momentos.

Muchas veces existe ambivalencia en la relación y no tiene porque significar que no exista el amor... ¿Os habéis fijado en los tiempos que corren? ¿Las presiones sociales bajo las que vivimos esclavizados? Eso crea una dualidad y una cantidad de movidas internas, a nivel emocional, que son abrumadoras... Pues piensa que llevar eso uno sólo ya es duro, imagínate lo difícil que puede ser en una relación donde no es sólo uno, donde hay dos (o más) implicados.

¡Ay! Que somos humanos y vamos y venimos y que nadie te venda humo con perfecciones que no existen. Que sobrevivimos entre crisis existenciales y obligaciones terrenales, que nos perdemos y nos encontramos, que un día estamos en la cresta y otro en lo más profundo de nuestro hoyo. Y que esto no te haga dudar, porque el amor es difícil pero no imposible o eso me gusta pensar a mi.
Que uno de los amores de tu vida, sin duda, estará ahora (si es que tienes pareja) o cuando la tengas. 

Porque al final todas las personas que interactuan contigo desde el amor son amores y todas esas tienen este contacto contigo en ésta vida... A si que ya puedes echar cuentas ¿cuántas personas se han relacionado contigo desde el amor? A pesar de los resultados... Ahí tienes tu "lista " de amores de tu vida. No está mal ¿eh?.

Apuesta, no seas cobarde. Tírate a la piscina, que duele más no intentarlo que darse un golpe (te lo dice doña golpes). Haz alguna locura o varias, propón planes, vibra con tu adulto exterior, con tu niño interior o con tu adolescente interior y permite dejar fluir esa energía que es el propio éxtasis y entusiasmo de la vida.

¿Qué sería de ésta vida sin enamorarnos hasta las trancas ? Pues un coñazo con facturas y declaraciones de la renta anuales.

Hoy te invito a soltarte la melena Y aprovechar lo que tienes delante de ti. No te conviertas en un gris, taciturno y decaído que escribe nostálgicos poemas dedicados a personas que no volverán a estar con él (puede que te forres porque eso suele dar dinero, pero vaya rollo de autocondena...). No vivas apegado a ese recuerdo como si fuese lo único bueno, en cuestión de relaciones, que te ha podido pasar.

Y en último lugar, ya para hacerte abrir mas los ojos, normalmente idealizamos lo vivido en el pasado porque nuestro cerebro tiene la particular y genial habilidad de borrar gran parte del dolor, sufrimiento, malas emociones, procesos duros... De nuestro pasado.

Supongo que lo hace porque si todos viviésemos intensamente, cada día, cada gran dolor que hemos experimentado terminaríamos desconectando de lo bueno de la vida y seguramente renunciaríamos a ella. Existen herramientas de supervivencia más poderosas de lo que imaginamos.

Deja de idealizar con un pasado caducado y ama como en tu vida has amado (o como ya has amado pero estas ahí entre "que sí" y "que no") Gracias.

martes, 29 de mayo de 2018

¿Espiritualidad sin humanidad? No, gracias.


Si no te liberas de juzgar a los demás de forma cruel y desmedida, utilizando la fuerza de las palabras como una potente arma destructora, no vas a comprender qué es realmente vivir en consonancia y coherencia con la espiritualidad. 

Las redes sociales nos acercan a muchos conceptos de vida y aportan herramientas a muchas personas para compartir sus propios proyectos, muchos de estos proyectos pasan por temas que a mi personalmente me gustan mucho: inspiración, desarrollo, emociones, psicología, espiritualidad, chamanismo... De esta forma con constante trabajo diario alguien puede llegar a la consciencia de muchas personas y crear así nuevas formas de comportamiento, pensamiento y actitud, algo que personalmente me parece una maravilla. El problema se encuentra cuando éstas personas te condicionan tanto (o nos condicionamos tanto al situarlas como ídolos de nuestro camino) que perdemos el verdadero significado de la consciencia. 

Una cosa a tener en cuenta para comprender el camino de la espiritualidad es que se supone que es uno de los trayectos para alcanzar, realmente, un camino en armonía física, mental, amorosa... Con nosotros y con la vida, quizás sea ésta uno de los aprendizajes que realmente nos llevan a comprender el verdadero significado de la existencia. Pero ¿cómo alcanzar ésto si nos damos cancha libre para juzgar a otras personas? Nacemos realmente condicionados y programados para juzgar, criticar, etiquetar, señalar, condicionar... A nuestro entorno. El sistema que nos asfixia es competitivo y nos enseña a jugar sucio, parece que vamos predispuestos a herir para poder quitarnos adversarios independientemente del ámbito de nuestra vida, pueden parecernos adversarios también personas que simplemente son felices con lo que hacen aunque no tenga nada que ver con lo que hacemos nosotros. Es una forma inmoral, pero socialmente aceptada y programa, de vivir. 

Creemos aquello de que existe la "envidia sana" y es mentira, es otra forma más de acomodarnos en emociones y patrones que nos hacen seguir en la frecuencia de la comparación, un claro ejemplo de una importante falta de amor. Si esto no fuese poco, éste desarrollo como individuos también se mezcla con los ejercicios que se nos proponen al reconocer el ego, entender que es algo que no se esfuma y que también tiene un importante papel positivo y constructivo en nuestra vida aunque la mayor parte del tiempo nos lo tiremos juzgándolo y criticándolo. 

A mi parecer para que alguien o algo sea un buen ejemplo, sólido e impecable, de espiritualidad tiene que comprender lo más oscuro del ser humano sin tender al juicio fácil como primera manera de interactuar con esas sombras. Por otro lado tiene, también, que ser capaz de observar las más hermosas luces en aquellos que parecen pasar desapercibidos entre unas lineas de la vida que son diferentes a las que vemos comúnmente. No existen sombras y diablos externos tan poderosos como los que cada cual tenemos en nuestro interior, a nivel pensamientos y emociones. 

¿Serías capaz de justificar el juzgar y criticar a una persona sin tener presente que quizás ese ser humano tiene un profundo océano de emociones, pensamientos y sensaciones que son quien le hacen ser quien es? Y no, no me refiero a justificar las mayores atrocidades del mundo con ésta teoría. Hay seres humanos, símbolos espirituales, capaces incluso de perdonar los más crueles asesinatos cometidos en la humanidad... Yo hablo de la espiritualidad de nuestro día a día, un día a día que en mi caso se resume en trabajar, tener mis pequeñas aficiones, ver a mis amigos, ofrecer tiempo a mi pareja... Entre todo eso, aunque parezcan estructuras de confort sólidas, hay momentos donde uno debe comprender y entender que la espiritualidad en lo cotidiano tiene más valor y poder que en ningún otro ámbito.  Porque lo cotidiano es lo que nos acompaña cada día. 

Precisamente en esa rutina, en aquello que es común en todas las vidas, es cuando más debemos demostrar realmente nuestra práctica espiritual. Comprender al otro sin juzgar, observar el arte más profundo de alguien que se abre dentro de ti sin que esto te lleve a la crítica (rápida y fácil) de pensar que es un ser endemoniado carente de luz. Esto es una conclusión a la que he llegado tras años juntándome con muchas personas que eran los menos populares del mundo y sin embargo para mí los más humanos. Para comprender el verdadero significado de la espiritualidad tienes que estar dispuesto a observar la humanidad de cada persona que te rodea o te ha rodeado. Y observando la humanidad hallarás maestros, aprendizajes e incluso integrarás mejores versiones de ti mismo. 

Espiritualidad sin humanidad hace referencia a aquel que es capaz de mirar y señalar, de forma negativa, a una persona que ni siquiera conoce por su apariencia, por su forma de vida, por su creación... Pensando por ejemplo que menuda oscuridad lleva dentro, cuando quizás esa persona jamás en su vida ha hecho un daño real y consciente a ningún ser humano. 

Espiritualidad sin humanidad es la perspectiva de esa división real de imaginar que lo impoluto y lo impecable solamente se encuentra en lo que brilla, cuando lo impoluto y lo impecable en cada ser humano es la verdadera capacidad de analizarse a si mismo sin intentar, en la medida de lo posible, dejarse ninguna oscuridad en el tintero y viviendo en armonía entre esas luces, sombras, blancos, negros y grises que a todos nos componen. 

Espiritualidad sin humanidad es mostrar, hacer creer, caer en esa creencia, imaginar... Que la cima de un ser desarrollado, en plenitud, con sentido de la realización y que aporta al mundo es una persona perfecta, con una vida perfecta, un nivel social perfecto y todo vibra en esa perfección. Porque espiritualidad sin humanidad significa idealizar a través de la perfección, desarraígandonos de lo más humano y natural en este mundo: la imperfección. Si la perfección ha sido impuesta por la percepción de otros que desde su juicio valoran a través de sus propios gustos, entonces la perfección es solo una ilusión irreal, dañina y tóxica inyectada por otras personas que esperan que pensemos y vivíamos con ellos quieren o les conviene que hagamos. 

Por eso, yo hago desde aquí un llamamiento a más espiritualidad con humanidad. Más cuerpos y sonrisas que no parezcan perfectos, más hablar sin tabúes, más permitir a la vida y a la sociedad mostrar también sus sombras e incluso en aquello que nos parece un estercolero hallar un sinfín de aprendizajes y sabidurías que de ninguna otra manera habríamos encontrado. 

El comienzo está cerca:


Nacemos bajo un sistema opresor que nos condena con las mismas cadenas, condicionándonos y etiquetándonos como si no pudiese existir otra posibilidad u otra realidad. Sufrimos diversas crisis existenciales debido a esa ambivalencia que nos hace decidir entre lo que sentimos y lo que se espera de nosotros, topándonos de cabeza muchas veces contra el mismo muro y creando una especie de lazos de apego incluso a aquello que los demás nos han hecho creer sobre nuestra persona. Si sobrevives, cuerdo y fiel a ti mismo, llegas a la conclusión de que el comienzo de un nuevo mundo y de una nueva realidad parte de crearlo primero en nuestra propia vida individual.  

Hemos renunciado, hemos iniciado, hemos pasado por el aro, hemos retrocedido, hemos roto, hemos arreglado, nos hemos ido y hemos vuelto... Al margen de todo, aquí seguimos. El comienzo está cerca, porque no nos hemos alejado lo suficiente como para que todo sea ausencia en nuestro interior y en nuestro al rededor. 

Se nos ofrecen una cantidad enorme, aunque limitada, de posibilidades. Y conforme vamos creciendo, algo por lo que no deberíamos sentir culpa, se cruzan en nuestro camino diferentes personas y oportunidades para colaborar activamente con ese crecimiento. Desde el crecer biológico (cuerpo y edad) y también esa maduración personal de alma-corazón-mente que nos acompañará también hasta el final de nuestros días. El comienzo está más cerca de lo que imaginas, de hecho se encuentra en el momento que ya no te comportas como aquello a lo que criticas. 

Es común oír "la gente debería ser/podría ser de tal manera" y a veces esa clase de comentarios vienen de personas que se comportan exactamente igual que de aquellos de los que se quejan. El comienzo está tan cerca, a nivel tiempo, dentro de tu propio camino como lo mucho o poco que tardes en abrirte a otras personas y dejarte sorprender por su buena energía, sus buenas intenciones y la propia inocencia que les convierte en quienes son. El comienzo de ese nuevo mundo está tan cerca como lo que quieras procrastinar (o hacerte cargo) de los balones que tires fuera. El comienzo de ese mundo, y con ello tu nueva vida, está tan cerca como cuándo te vas a permitir deshacerte de cosas que te castra y te impiden amar en amplitud a todos, incluyendo sus sombras más profundas. El comienzo está tan cerca cómo el día que te pongas a romper con los prejuicios, las doctrinas y te permitas experimentar otras posibilidades. 

El comienzo está tan cerca cómo el día que nos decidamos a abrir los ojos y ser capaz de ver que todo es físico, emoción, química, física y sagrada espiritualidad ne una misma franja de tiempo, un mismo cuerpo, en una misma realidad... Y que no hay más de eso en un templo que en un lugar diferente donde los que se juntan lo hacen con sus mejores intenciones. El comienzo está a la distancia que tengas puesto el hecho de aceptar que la vida siempre va a tener una interesante manera en la que funciona perfectamente dentro de la imperfección. 

Los cambios de los paradigmas sociales, de lo que se ha estipulado, de lo que se considera aceptado o no... Son necesarios para crear ese nuevo comienzo, sin embargo no vas a poder lograrlo si tú no eres ejemplo de ello. Y con esa nueva vibración iniciarás un nuevo comienzo. 

Ábrete a la posibilidad que hasta ahora no te habías planteado, permítete la oportunidad de ver otras cosas, sentir otras cosas, apreciar otras cosas... No te ahogues sólo en lo que ya conoces como si eso fuese un pilar inamovible en tu ser. 

viernes, 25 de mayo de 2018

A veces me pierdo a mi misma:


A veces me pierdo y no me encuentro hasta que pasan uno o varíos días. Se supone que siempre soy la misma persona, pero hay días que me levanto sintiéndome diferente y esos días son cuando más perdida me siento.

A veces estoy enojada, triste, me siento muy sola, a veces necesito atención y otras soledad. No sé cómo funciona, lo que sí se es que a veces, simplemente, me siento ahogada o perdida o realmente fuera de sitio. Es durísimo tener que aparentar algo que no sientes, tener que mostrar una falsa felicidad que no disfrutas en ese momento y personalmente se me hace muy cuesta arriba ponerme falsas caretas cuando no quiero, cuando no puedo, cuando siento que jamás debería hacerlo. Admiro mucho a todas esas personas que muestran una vida, real o a través de redes sociales, donde parece existir un impoluto equilibrio y bienestar permanente y no viven en un océano de olas cambiantes. Admiro la capacidad que tienen para engañar a los demás y hacer que los demás normalicen algo que no es normal, porque las emociones, las personas, la humanidad... Es cíclica y habita en emociones que son transformadoras y evolutivas. 

A veces me pierdo a mi misma y no entiendo el motivo de mi existencia. Algo tan humano y tan real, y a la vez tan fuerte y tan profundo. A veces temo perder el norte y no volver a encontrarlo, a veces me siento tan devastada que no sé si podré recomponerme de nuevo y a veces siento un miedo tan terrible y tan fuerte, que de repente anhelo ser esa niña que dormía en cuna protegida por la fortaleza de otros, la experiencia de otros, la edad de otros, el corazón de otros, las intenciones de otros, el amor de otros... 

A veces me pierdo a mi misma con los horarios del trabajo y las rutinas, con los cafés a primera hora de la mañana, los pitis a media tarde, los 15 minutos de descanso, el volver a casa y otra vez la rutina vuelve a comenzar para repetirse de forma habitual. A veces me pierdo a mi misma con lo que realmente necesito o con lo que de alguna manera me he hecho creer que necesito, a veces me pierdo con mis miedos y con lo que es real, a veces me pierdo con lo que es un deseo o una exigencia, a veces me pierdo al igual que se me pierde el tiempo... En ocasiones tengo miedo de expresar que me siento perdida, temo que me juzguen. Parece que en ésta realidad y sociedad debes tenerlo todo muy claro, planeado, sin dudas, con objetivos fijados... Y hay poco margen para la naturaleza más humana de todas: la sensación de perderse, de no encontrar motivos.

La solución siempre es el amor, amarse fuerte incluso perdido. Amarse en los llantos desconsolados de esa pérdida de uno. A veces nos perdemos para transformarnos, para volvernos a encontrar o para dar realmente con el sendero correcto. Quizás perderse puede ser el combustible para seguir viviendo... Sea como fuere, hoy es uno de esos días en los que me cuesta decirlo pero lo siento un poquito: me he perdido, quizás mañana me encuentre de nuevo. 


jueves, 24 de mayo de 2018

Todos tenemos un vacío:


Todos sentimos inseguridades y ambivalencias y a veces también percibimos una especie de vacío en nuestro interior. Todo ésto que sientes no es lo que eres, es simplemente lo que sientes. 

Todos podemos levantarnos una mañana algo dudosos, con miedos, tragos amargos o saliva atascada en la garganta... Y eso es tan natural como respirar. Vivimos rodeados por una sociedad que nos bombardea constantemente, a través de medios de comunicación y de las redes sociales, con una perfección inexistente. No existe esa "supuesta cordura/equilibrio constante", ni tampoco la vida perfecta. 

La felicidad es una ola que va y viene, influenciada también por los acontecimientos que vivimos. Y el bienestar, la mayor parte del tiempo, depende única y exclusivamente de nosotros y del control que queramos y podamos tener sobre nuestros pensamientos y emociones. A veces tropezamos y nos caemos y todo ese control y seguridad se viene abajo, pero no hay nada tan malo en ello. 

La mayor parte del tiempo somos muy duros con nosotros mismos. Éste hecho es, por así decirlo, la verdad que más se aproxima a la realidad. Somos duros porque seguimos idealizando lo que nos rodea, lo que vemos en los demás, la supuesta felicidad y plenitud ajena... El típico refrán de "siempre parece más verde el cesped del vecino". Lo cierto es que todas las vidas humanas hacen aguas por alguna franja o brecha y en cada existencia esa brecha es diferente. 

Unos cojean de unos problemas y otros cojean de otros, aunque muchas veces el problema más común, además de lo mucho que nos machacamos de manera individual por intentar mejorar como personas y por intentar hacer de nuestra vida algo a la altura de nuestras expectativas, es la falta de amor propio que reflejamos en comentarios como "a veces temo no ser suficiente" "tengo un vacío porque no me siento en plenitud con mi vida" "siento rabia y me molesto y ataco por ello" "quizás no soy la persona adecuada para estar contigo" "no estoy haciendo suficiente"... Y muchas más de un amplio repertorio que forma parte de nuestros dolores más primigenios y ancestrales. 

No sentirse satisfecho al 100% con la vida no es algo de hoy ni del ayer más próximo, es algo que lleva acompañando a la humanidad desde hace muchos años. Precisamente la naturaleza de éste vacío, existencial/personal/psicológico/espiritual, es la que nos ha llevado a avanzar en grupo y de manera independiente, es la que nos ha hecho probar cosas nuevas, tomar nuevos rumbos o decisiones. 

La imagen que acompaña a éste texto viene a decir que "abras tus ojos". Y es lo que quizás nos hace falta, abrir nuestros ojos para no demonizarnos por esas emociones tan naturales que forman parte del desarrollo como personas. Quizás nos viene bien abrir nuestros ojos para no cronificar que la naturaleza de "sentirnos fuera de sitio" es algo mejor de lo que pensamos y no una insana y agotadora emoción sin solución. 

Todos tenemos un vacío, cada cual con su forma y su patrón de conducta... El vacío activa nuestra parte de investigación y aventura y sólo así nos ponemos en marcha para caminar por los senderos de la vida. Si no tuviésemos activada ésta naturaleza inquieta y de curiosidad, quizás nos acomodaríamos de tal manera que jamás seríamos capaces de mirar más allá de los muros que forman nuestras zonas de confort. A veces el vacío viene de experiencias que arrastramos del pasado, es una "memoria" emocional que se alza y parece querer controlarnos cuando nos sentimos más desnudos... Porque posiblemente el vacío sólo se muestra cuando estamos más frágiles, con menos capas hacia el mundo y en un momento de nuestra vida en el que estamos descubriendo la naturaleza más cruda de nuestro ser. 

Y a veces éste vacío emerge en los trabajos de la vida que más difícil nos resultan, porque son los trabajos que más hacen emerger nuestras sombras humanas y que más nos enseñan nuestras catacumbas naturales, a lo mejor por eso ésta sensación se hace más presente cuando estamos más enamorados y tenemos más miedo a perder, cuando hemos tomado una decisión profesional que puede cambiar todo el sentido de nuestra vida, cuando nos hemos ido a vivir solos, cuando hemos cogido un avión y hemos recorrido miles de km en la búsqueda de nuestra propia esencia... ¡Qué se yo! Lo que tengo claro es que cuanto más loco y más humano sea lo que estás viviendo, más vas a percibir ese vacío que no es malo, sólo es una parte de tus oscuridades y diablos más profundos probando tu resistencia, tu constancia, tu honestidad y tu fidelidad hacia tus sueños, tus emociones, tus ilusiones y tu propio amor. 

Quizás muchas veces el sentido de la vida sea algo intermitente y posiblemente esa "intermitencia" tiene un poder más grande que lo que alcanzamos a ver. En ocasiones olvidamos esa "intermitencia" porque habitamos en una sociedad y un sistema que trabaja de manera lineal, inmediato, rápido... Y que se apoya en superficialidades que él mismo ha construido. Por ejemplo, todas esas redes sociales que nos persiguen basadas en imágenes/fotografías, son un claro ejemplo de que toda esa felicidad que crees ver en aquellos a los que has convertido en ídolos, pero que en realidad es mentira. En esos medios de control te puedo decir que todo eso es humo, sin consistencia y sin contacto natural, honesto, humilde, real. Si alguien sólo te dice que es feliz y que siempre lo es pero no te habla de las veces que, literalmente, las ha pasado canutas... Te recomiendo que huyas, porque posiblemente esa persona es un vende motos que pretende colarte gato por liebre.

Encuentra la autenticidad de aquel que no se esconde ni se vergüenza reconociéndote, entre risas, llantos, rabias o temblores, sus frecuencias, emociones, percepciones y opiniones más crudas de la  persona que es, de su vida, de sus pensamientos y de su ser. Quédate con ese tipo de personas, porque existen posibilidades de que todas las demás te ahoguen en un profundo pozo de castigo hacia ti mismo donde no vas a dejar de repetir"los demás están mejor que yo" y creerás en eso como una verdad inamovible.  A partir de ahí comenzarás a crear una rutina mental de autocastigo donde cualquier cosa que hagas, por enorme y grandiosa que sea, te parecerá insuficiente para lograr el idealizado nivel de bienestar que crees ver en los demás, pero que es mentira, solo es una ficticia ilusión.

Todos tenemos dudas, pero las dudas no significa que no tengamos otros sentimientos más potentes y grandes a la vez. Todos tenemos miedos, todos tenemos terror, pánicos, inseguridades, todos nos sentimos menos de lo que realmente somos, todos nos levantamos algunos días viéndonos feos y otros viéndonos hermosos, todos rechazamos la soledad, todos rechazamos el desamparo, todos merecemos y queremos ser aceptados y amados, todos buscamos de manera animal la supervivencia y dentro de la supervivencia buscamos, como humanos, un bienestar emocional y una plenitud... Todos estamos en el mismo barco, aunque algunos se propongan hacernos creer que no es así. 

Todos somos humanos, todos lloramos y pataleamos, todos somos buenos y crueles, todos ayudamos y hemos hecho daño, a todos nos han hecho daño, a todos nos duele algo, todos sabemos qué significa el sufrimiento, todos nos ponemos caretas y máscaras para pasar desapercibidos, todos nos hemos juzgado y hemos juzgado a otros, todos hemos sido esa persona que "no es un ejemplo a seguir", todos hemos sido criticados y hemos criticado, todos nos hemos sentido culpables y hemos tardado mucho en perdonarnos... Y sí, todos tenemos ese vacío y nadie, absolutamente nadie, vive en una vida que es plenamente perfecta. 

Abre tus "jodidos" ojos ;-) no te hagas más daño, por favor.

miércoles, 23 de mayo de 2018

Mis animales me han hecho mejor persona:


Cuando tenía 18 años decidí adoptar a London y unos años después, como cuenta gotas, llegaron a mi vida el resto de mi pandilla: mis cuatro gatos. 

Ahora con 26 años sigo compartiendo vida con cada uno de ellos y no os engañaré: no ha sido fácil y no es fácil. 

He estado a punto de verme en la calle y nadie ha querido (o podido) ayudarme por la familia que he formado, he estado con relaciones amorosas donde todo se ha ido al garete porque prácticamente no los toleraban o me hacían decidir entre su amor (y sus pelos) o los amores y pelos de los sujetos humanos implicados. He tenido que priorizar por su alimentación antes que por la mía, porque yo he tenido épocas de vacas flacas y famélicas. Me he enfrentado a toda mi familia porque desde un principio no los aceptaban, a pesar de vivir independizada y además rechazaron darme algún tipo de ayuda. Con el paso de los años, el roce que hace el cariño (y de rebozarse y rozarse los perros y los gatos saben bastante) han pasado de ser rechazados a ser amados, cuidados, tolerados y una parte importante de cada conversación que tengo con mi familia, donde realmente se preocupan de una forma comprometida por saber cómo están o si necesitan (necesitamos) algo. 

Definitivamente cada situación vivida con ellos, buena o mala, me ha convertido en una versión más reforzada, autentica y real de mi misma, y por tanto en una versión mejorada de mi persona. No es fácil vivir con tantos animales estando prácticamente sola, no es fácil cuando enferman y no tienes ayuda por parte de nadie para poder llevarles al veterinario y gestionarte el tiempo (ya no tanto el dinero) para que reciban los cuidados que necesitan. No es fácil llamar a una amiga y decirle "me puedes por favor acompañar a castrar a London..." y salir temblando por el miedo a que sea uno de esos escasos casos en los que, de repente, todo sale mal y tu amiga peluda ya no vuelva a casa contigo. 

Tampoco ha sido fácil toparte de bruces contra la realidad de la vida y de la sociedad, cuando ves que la mayoría de personas no son capaces de empatizar ni de comprometerse con otras vidas, más allá de la suya propia o más allá de la vida humana. No es fácil, a veces, vivir con la etiqueta de ser "la loca de los gatos" o "la que tiene muchos animales". Y a veces resulta incómodo la evidencia constante, no siempre puedo llevar la ropa sin un sólo pelo ¡ya lo sé! no necesito oirlo a diario. 

Quizás lo peor de todo es verse tan jovencita, como he visto en algunos momentos, sintiéndome tan sola y apoyándome sólamente en la promesa y el compromiso que tomé con mucho respeto cuando reconocí la existencia sagrada de cada uno de los animales que vive actualmente conmigo. Y también, otra cosa que es muy dura, es ver cuándo realmente en una relación no hay amor y tener que experimentar la cruda realidad de cerrar esas conexiones porque hay 5 vidas que dependen de tu compromiso con ellas. 

La adversidad de la realidad de ser dueña de animales, en una sociedad que aún sigue maltratándoles y que parece ser se dirige a una actitud cada vez más egoísta, es precisamente el ambiente que ha hecho emerger mis mejores cualidades. El no rendirme y seguir adelante, el saber gestionar mi economía... Han sido habilidades adquiridas gracias a las dificultades de tener ésta familia, y todas éstas capacidades re-aprendidas me han llevado también a ser una versión sobresaliente de mi misma. No podemos olvidar además el trabajo diario, emocional, que supone el convivir con especies diferentes que dependen de ti para comer y tener un bienestar también emocional y físico. Ellos son un reflejo de tu propio bienestar y viceversa. 

Éste compromiso diario, que no es moco de pavo, me ha convertido en una persona mucho más responsable. Si me involucro en algo, lo hago con toda mi responsabilidad y mi participación activa, sabiendo a lo que voy y lo que puede suponer... Algo que he aprendido al cuidar de todos ellos. 

Sé lo que es cuidar a alguien enfermo, lo que es no dormir por dar el biberón a seres muy pequeñitos que apenas tienen unos días de vida, sé lo que es adaptar partes de tu vida para poder hacerte cargo como te corresponde, sé lo que significa el sacrificio, también sé lo que significa compartir y sé lo que es la renuncia para que otros tengan algo mejor que tú sin que eso signifique una carga. No es todo un paseo suave y lleno de flores, ya os digo que yo he pasado las de Caín desde el primer día que decidí dar éstos pasos de tener mi propia familia de animales y que aún hoy hay días que se me hace cuesta arriba porque no tengo ni energías para cuidarme a mi pero hay 5 seres vivos, con capacidad para sentir, que esperan de mi atención y cuidados y entonces tengo que delegar mi cansancio para otro momento y encargarme de lo que me corresponde. 

Ellos me han enseñado a no rendirme y no es la primera vez que lo digo, pero es cierto, me han salvado la vida. Y no es una metáfora, el literal. 

Ellos han estado a mi lado cuando me he sentido como un ser completamente desamparado y perdido y no me han juzgado a pesar de vivir sin apenas nada. Siempre me han mirado como si fuese lo mejor que les ha pasado, han dormido conmigo cuando la depresión me ha abatido, me han acompañado cuando la ansiedad me ha consumido y son los que han estado a mi lado cuando he pasado por duros procesos de pérdida, incluso cuando mi abuelo murió. Son los que no han dudado un segundo de que nos sobrepondríamos a cualquier circunstancia y así ha sido siempre. 

Y también son quienes me han consolado después de todas esas rupturas amorosas donde yo había depositado tanto entusiasmo y ganas. Y gracias a su cariño constante he podido recoger cada pedacito de mi y volverme a recomponer. 

De lo que estoy segura es que al menos en ésta vida he salvado ya unas cuantas... Y no sólo por quienes viven conmigo, mi vida como amante de los animales ha sido mucho más intensa, hoy os hablo de mi familia pero tengo amigos animales con los que he pasado periodos de mi vida y que he rescatado de inhóspitas realidades donde estaban muriendo y donde nadie se paró a darles una oportunidad. 

Definitivamente, mis animales me han hecho mejor persona. Son unos grandes compañeros para la superación personal y para el contacto, real, de lo que significa ser humano. Y a pesar de todos los sufrimientos y las amargas incertidumbres vividas, volvería a tomar la decisión de compartir mi vida con ellos... Por muy duro que en algunas ocasiones se me ha hecho o se me hace.