¿Sabes? todo hay que sentirlo, notarlo, palparlo en lo más profundo de tu ser...

martes, 16 de abril de 2019

El pálpito:


A partir de las 28 semanas de embarazo, se puede percibir con una ecografía el pálpito de un embrión. Es un latido que nos acompañará toda la vida, pero más allá del corazón, nos acompañará en el alma, en el interior. Porque cuando nuestro corazón comienza con su vibración natural, es cuando todo comienza a fluir a través de la intuición, de ese sexto sentido natural e innato en todo ser humano. Es esa sensación que nos recorre desde el dedo meñique del pie hasta el último pelito de nuestra cabeza. 

Sentir un pálpito es una de las percepciones naturales más adoradas y rechazadas. Hay personas que no creen en sus propios "pálpitos" y se condenan a caer de manera habitual entre tropiezos y más tropiezos. Otros, sin embargo, sentimos el pálpito sagrado como una voz interior que proviene de la parte más sabia de nuestro interior. 

"Siento un pálpito..." Es una frase muy singular y característica que llama la atención a cualquiera que la escuche, despierta las alarmas, porque ya sea éste pálpito algo bueno o algo no tan bueno, despierta la atención de la intuición y del pálpito del prójimo. El pálpito es el lenguaje de la intuición convertido en una traducción física a través de nuestro cuerpo, a través de nuestros órganos, de nuestros músculos, de nuestra piel... Cuando el pálpito avisa, la piel se eriza, el estómago se mueve, el corazón se acelera, el pelo se levanta y por la espalda nos recorre un escalofrío. 

Si el pálpito es referente a algo bueno, que tenemos toda la convicción de que ocurrirá, una felicidad inminente nos gobierna y conquista y entonces, antes incluso de que ocurra aquello que nosotros ya vemos como una premonición, la felicidad nos enriquece y nutre. Igual ocurre cuando el pálpito es por algo que no es tan bueno, la sensación de tristeza o angustia que acompañe ese futuro acontecimiento llega antes que el "acontecimiento en si" y nos prepara para la difícil realidad que podremos vivir. 

El pálpito es lo que nos empuja a luchar por nuestros sueños y nuestras ilusiones. También es como un amigo, íntimo y poderoso, que nos empuja a aventurarnos en caminos desconocidos pero que nos llenan de ilusión. No es raro sentir un pálpito revitalizante cuando sabemos que tenemos que tomar una decisión realmente positiva y enriquecedora que cambiará toda nuestra vida, también sentimos un grandioso pálpito cuando nos atrevemos a viajar y aún más grande y poderoso es el pálpito que nos conquista cuando nos enamoramos hasta los huesitos, de una manera en la que nunca nos habíamos enamorado.

A veces sentimos un pálpito cuando nuestra mirada se cruza con la mirada de un animal que necesita nuestra ayuda. Sentimos un pálpito cuando damos un abrazo o un beso, cuando cruzamos media palabra o cuando aplicamos a una nueva posición laboral. 

El pálpito, es como ese consejero y ese apoyo fiel que nos acompaña hasta el fin de nuestros días, es como ese soporte que nos sostiene cuando vamos a tomar decisiones o cuando la vida requiere que caminemos con los ojos cerrados entre inescrutables senderos. 

El pálpito está conectado con el amor a la vida, con el tercer ojo de nuestra intuición, con nuestras mágicas percepciones y con el potencial de nuestro consciente y subconsciente. El pálpito descubre una parte muy importante de los trucos de la existencia: la realidad en la que viaja el tiempo. Porque el pálpito nos suele hablar de momentos futuros, a veces inminentes y en otras ocasiones más lejanos, y al hablarnos de ese futuro nos muestra que la realidad en la que transcurre nuestra vida no es una línea recta como nos han hecho creer.

El corazón palpita, la vida a través de nuestro corazón también nos palpita y el universo se comunica con nosotros a través de inevitables pálpitos, como chivatazos que vienen desde lo más grande que existe.

jueves, 11 de abril de 2019

Para expandirse, acepte su complejidad:


Todos somos complejos. Ser humano es aceptar esa complejidad, que muchas veces encuentra sencillez cuando nos sentimos lo suficientemente cómodos como para hablar de ello y así ponerle nombre y definición a lo que sentimos, exploramos y mostramos. 

Convivir con uno mismo es en ocasiones la convivencia más difícil que se nos va a dar. Nuestras palabras en el interior de nuestra cabeza pueden ser las más constructivas, pero también las que nos causen un choque más destructivo. Y es ahí donde debemos aceptar nuestra complejidad. 

Somos un canal de experiencias, de sentimientos, de emociones, de pensamientos, de formas de inteligencias, de filosofías, somos el reflejo de educación, el resultado de influencias, de años de evolución, somos lo que queda de nuestra propia e intrínseca sabiduría y experiencia individual. Desde nosotros se expanden infinitas realidades y hasta nosotros llegan otras muchas. Es importante observar la complejidad de ese paquete que es el ser humano, para poder aceptarnos en nuestra totalidad. 

Seres terrenales con experiencias espirituales, comportamientos biológicos, vidas pasadas, intuiciones mágicas, pensamientos lógicos, emociones y sentimientos. Junten todo eso en un mismo recipiente y como resultado les saldrá un magnífico y complejo ser humano. Aceptar que somos complejos, es lo único que necesitamos para expandirnos. 

En muchas ocasiones nos sentimos culpables por ser complejos, por esa intensidad que forma parte de nuestro ser. Y esa culpa nos encierra, porque nos encoge, nos castiga, nos hace sentir desmerecedores. Sin embargo, aceptar nuestra complejidad es una forma de reconocerla y reconocer algo es el primer paso para tomas conciencia sobre ello y poder sacar partido de sus aspectos más positivos y trabajar sobre los negativos. 

Para expandirse como ser humano y alcanzar nuevas metas (mentales, espirituales, emocionales, físicas...) Es necesario tomar conciencia de nuestra complejidad única e individual, y desde ahí aceptar. 

Aceptar es un ejercicio arduo, porque supone ceder ante algo que nos puede chirriar. Algo que podemos llevar rechazando toda la vida. Algo hacia lo que damos la espalda. Y ese "algo" es una parte de nosotros, por lo tanto nos repudiamos a nosotros mismos. 

Es fundamental, para expandirse de manera sana y en armonía, aceptarse a uno mismo. Aceptar lo difícil... La complejidad, los miedos, los patrones, las conductas, las rabietas, el pánico, la rabia, la frustración y la respuesta a esa frustración, lo que nos condiciona, la educación que hemos recibido, las conductas que hemos adquirido, las respuestas automáticas que nos acompañan... Si no aceptamos, nos limitamos y nos empequeñecemos. No regamos nuestro ser con humildad y completa voluntad para poder amarnos como nos merecemos.  

jueves, 4 de abril de 2019

Para que la vida te funcione, respeta todas las formas de vida:


Da igual que tengas una mente caótica llena de pensamientos incesantes, de planes y desorden. Eso no es lo más importante. Hay algo más importante que una mente ordenada, algo que da más "combustible" a nuestro camino, algo que existe para que la vida te funcione realmente, para que lo que importa salga adelante; respetar. Respeta todas las formas de vida y de vivir. Respeta todo aquello que sea una filosofía para otros, respeta la vida en si misma mostrándose con sus diferentes caretas en cada ser, en cada persona, en cada momento. 

Para que la vida te funcione, para triunfar en lo más importante, para sentirte plenamente amado, para sentirte emocionalmente satisfecho, para atraer abundancia de la que te enriquece el corazón y el alma y produce miles de sonrisas, para crear conexiones reales que se mantengan por encima de las tempestades, para tener amigos fieles, familiares que son capaces de amarte incluso reconociendo tus sombras más oscuras, compañeros y compañeras de experiencia de vida que saben como eres y aún así se quedan a tu lado... Para conseguir todo esto, que son los grandes mecanismos del camino de la vida, respeta a todo lo que te rodea, a todos los que te rodean. No juzgues su manera de vivir, de decidir, de caminar su sendero, de probar y experimentar, su forma, su especie, su cultura, su idioma, sus ceremonias, sus tradiciones, sus ideas, sus creencias, su pasado... Simplemente respétalos, admirando su presencia y su sagrada existencia.

Para que la vida te funcione tienes que aprender a funcionar con la vida y eso es saber fluir con todo lo que ocurra sin buscar la necesidad del encontronazo y sin chocar, intencionadamente, contra los demás porque piensen, hablen, vivan, decidan, se muestren, sean... De manera completamente distinta a ti. 

¿Sabes cómo nació la esclavitud, el racismo y la violencia homófoba (entre otras cosas)? Ocurrió cuando las personas lejos de aceptar la diferencia, como una parte natural y normal en la vida, se lo tomaron como un enemigo. Algo contra lo que atacar, como si fuese una anomalía negativa, destructiva y dañina. Se lo tomaron como un peligro. Ese tipo de violencia, agresividad, rechazo y odio emergió de personas incapaces de respetar otras formas de vida, otras formas de cuerpo, otros tonos de piel, otras filosofías, otras creencias... Incapaces de comprender emociones ajenas, sentimientos ajenos, fueron en su contra con la intención de destruirlos. 

Lo que ocurre a veces cuando uno no sabe aceptar a los prójimos sin necesidad de juzgarles como buenos o malos o como si lo que hacen es saludable o insano... Es que esas personas de pensamiento rígido, además de sufrir interiormente muchísimo, se desconectan de la naturaleza de la vida que es el AMOR. La comprensión es una de las formas más importantes en las que se muestra el amor. Y al no vibrar en ese amor real, su vida deja de funcionar, pues es uno de los engranajes más importantes para poder rodar, como un coche que avanza. 

Para que a todos este tipo de personas les funcione su vida, de una manera plena y completa, necesitan urgentemente comprender que es prioritario respetar otras formas de vida. El amor emerge siempre en un ambiente de respeto, sin respeto el amor se marchita y se esfuma. Porque el amor es frágil y sensible, requiere de ese cariño pleno, de esa aceptación completa. Sin aceptación, el amor no cabe, porque al amor no se le pueden poner muros, ni moldes en los que encajar con total exactitud. 

Para que TU VIDA FUNCIONE necesitas entender que es de vital importancia saber, y querer, respetar al resto de vidas. Sólo así en el camino aparecen facilidades, personas correctas y la propia vida te ayuda cuando las adversidades te sorprendan. Sólo así el cosmos te echará una mano cuando te ahogues y sientas que todo te llega hasta el cuello y no puedes seguir flotando. 

Y cuando hagas esto, verás como hay muchas más personas que te aman. Verás como llega mucha más riqueza a tu vida. Verás como todo encuentra una solución favorable para ti. Verás como los asuntos se arreglan en cortos periodos de tiempo. Y te sorprenderás gratamente, te lo aseguro. Y todo esto te llevará a una sensación de bienestar contigo y con el mundo que te rodea.

martes, 2 de abril de 2019

Que la vida nos pille amando:


No hay diferencia más grande que la que marca la indiferencia, el rechazo, el juicio y el prejuicio, la falta de amor y perdón, la falta de comprensión... Todo ello, junto o por separado, marca una diferencia tan enorme como un abismo.

Un acantilado por el que se precipitarán cientos de miles de oportunidades de crecimiento, conexión, aprendizaje y desarrollo. Cientos de miles de experiencias que nos habrían enriquecido aún más si cabe, que habrían añadido valor a nuestro conocimiento, peso a nuestra sabiduría y sobretodo, de entre todas las cosas nos habrían añadido amor al corazón... Porque todo ello surge de una gigantesca falta de amor. 

Que la vida nos pille amando, así como Dios nos pille confesando y no ya confesados, de esta manera podríamos tener una delirante conversación que posiblemente sería lo que más nos acercaría a los cielos. 

Que la vida nos pille amándonos, enseñando los dientes cuando alguien se empeñe en hacernos creer que no somos lo que realmente sentimos que somos. Luchando por mantener esa bandera propia que todos alzamos en el interior de nuestro ser, esa bandera que se llama valor personal. Que la vida nos vea ojiplática como no vamos a permitir jamás que alguien nos impida ser, estar, pensar y parecer como nuestra naturaleza amorosa nos ha aconsejado durante toda nuestra vida. 

Que la vida nos pille amándonos, entre nosotros y así amando el mundo entero. 

Uno no sólo ama a quien se enamora, uno ama las experiencias, las emociones, las situaciones, los momentos, los recuerdos, la familia, los compañeros animales que nos guían y aconsejan... Uno ama unas salvajes vistas desde un cañón natural que se abre camino a través de un salvaje río, porque uno es capaz de amar paisajes, olores, tactos como la suavidad del pétalo de una rosa, sabores como los dulces de la infancia...

Que la vida nos pille amando: amando todo lo que hemos hecho, aunque a veces nos hayamos sentido avergonzados por ello. Que la vida nos pille amando, amando quienes somos sin tener que obligarnos a un cambio inesperado, abrupto, doloroso y carente de amor propio. Amando quienes son y han sido otros.

Que la vida nos pille amando, amando a nuestros padres por la oportunidad que nos han brindado, aún con sus cientos de errores nos dieron la vida ¿qué podríamos ofrecerles a cambio? pues el hecho de amarla aunque a veces nos cueste sangre, sudor y lágrimas. 

Que la vida nos pille comprendiendo, porque la comprensión es otra de las muchas formas en las que se expresa el amor. Podemos comprender a otros, aunque no hagamos ni vivamos de la misma manera que ellos. Podemos expandir el pecho y permitir la interacción con formas diferentes de filosofía, de creencias, de vivencias, de lenguajes... Aunque luego decidamos no quedarnos con nada de eso dentro de nosotros, pero el simple roce crea un nuevo jardín en el Edén hermoso de nuestros corazones. 

Que la vida nos pille amando, amando de manera que permitamos a los demás ser, ser sin condiciones, mostrándose en su naturaleza más cruda y desnuda y que eso nos haga sentir honrados, privilegiados... Pues estaremos observando la mayor plenitud de la vulnerabilidad de un ser humano. 

Que la vida nos pille amando, pues amar es la mayor manera de confesar que estamos vivos. Y el amor es la solución más natural y más sana que podemos usar en los tiempos que corren, rebosantes de ira, cólera y desdén. 

Que la vida nos pille amándonos. 

lunes, 28 de enero de 2019

Las imperfecciones de la vida bella:


Reconocer que la vida es imperfecta es adentrarse de lleno en la sabiduría más potente que podemos alcanzar. La vida ocurre en un margen de momentos, muchos de ellos escapan a nuestro control, algunos rozan lo ideal, otro por el contrario son el extremo que menos deseamos (estos tienden a ser los más habituales). 

Y mientras la vida ocurre, nosotros experimentamos con los sucesos, con las personas, con las situaciones y creamos así un álbum de experiencias que marcará nuestra personalidad, nuestro carácter, incluso algunos gustos y posiblemente nuestra capacidad para tomar según qué decisiones. 

Las imperfecciones de la vida son aquellas contra las que nos pegamos de bruces de manera completamente inesperada mientras viajamos en las nubes que hemos creado a través de nuestros mundos de yupi, pero el mundo, la experiencia terrenal en la que habitamos, requieren de que tengamos los pies sobre La Tierra y para que esto se de, debemos aterrizar bruscamente en diferentes momentos de nuestra vida. Esos choques, tan difíciles en algunas ocasiones, serán los aprendizajes más enriquecedores para nuestro ser. Y son fundamentales, no había ninguna manera para poder evitar ese acontecimiento, a si que toca asumirlo, vivir sin culpa y sacar lo mejor de esa experiencia o experiencias. 

Las imperfecciones de la vida sirven para separar el ideal, la expectativa... del presente. Y encontrar en el presente el verdadero fruto, la verdadera raíz y el verdadero potencial de nuestro ser. Las imperfecciones de la vida pueden funcionar para comprender que siempre, tanto interna como externamente, existe una batalla y una dualidad entre luces y sombras. 

Las imperfecciones de la vida son como zambullirse de lleno en la compleja realidad que arropa la psicología humana. Somos complejos, nuestras emociones, sentires, decisiones... Se trazan en una telaraña compleja a nivel educación, pensamientos, reacción, aprendizajes y puestas en marcha. Aceptar esta complejidad es liberarse y permitirse ser mas laxo con uno mismo y con otros, es abrirse a un concepto más comprensivo y compasivo, porque uno sabe que el abanico de la emocionalidad, de la conciencia, de la conexión... Es mucho más amplio. 

Las imperfecciones de la vida ayudan a lograr comprender el amor, como una energía perfecta, pero maestro de las cosas más difíciles que nos toca asumir de manera propia, mutua y colectiva. Porque despertará todo aquello que hasta ahora no queríamos ver o no podíamos ver. 

Las imperfecciones de la vida sirven para asumir el peso de algunas circunstancias y cargar con él hasta que esa situación se disipa en el propio tiempo. 

Las imperfecciones de la vida emergen para desarrollarse de la mejor manera incluso aunque eso signifique nadar a contracorriente en situaciones adversas que nos lleven al límite de nuestras capacidades. 

Las imperfecciones de la vida son en muchas ocasiones aceptar que no llegará esa deseada disculpa, pero perdonar de una manera real sin escuchar un "lo siento". 

Las imperfecciones de la vida como saber que esta es una experiencia sólo apta para valientes. Porque toca asumir que los problemas y las dificultades forman parte del vivir y la mayoría de ellas son inevitables. 

Las imperfecciones de la vida como aceptar lo inesperado, aunque esto a priori no nos parezca muy positivo. 

Aceptar las imperfecciones de la vida es deshacernos de un concepto desalentador "happy-flower" que nos desarraiga de la naturaleza y de la crudeza de la vida. La vida es dura y cruda, pero nosotros somos capaces de hacer maravillas incluso en los más arduos momentos, incluso en las más profundas tempestades e incluso en las más abruptas dificultades. Aunque todo se ponga en nuestra contra, tenemos esa capacidad para poder hacer algo mejor, algo más, para lograr resultados que realmente nos aporten, aunque aquello que nos aporten no se asemeje a lo que teníamos en mente. 

La vida no es sólo lidiar con los acontecimientos, es indiscutiblemente aprender a lidiar y convivir con uno mismo. Y en ese ejercicio es donde encontraremos más imperfección, pues vivir es asumir la imperfección como lo perfecto, como lo que funciona. Por encima de nuestro orden humano, existe un caos que es el que hace que todo sea posible. 

La imperfección de la vida es saber despegarse cuando estamos profundamente y tóxicamente apegados. Es saber despedirse, incluso cuando por desgracia ese "adiós" llegue de manera inesperada y como una mala sorpresa. 

La imperfección de la vida es asumir las heridas, algunas no cierran jamás y tenemos que vivir con un dolor silencioso que nos puede recordar cosas profundas. 

Ser capaces de vislumbrar la armonía dentro de la palabra imperfección y comprender que eso será así hasta el último de nuestros días, es aprender a vivir de una manera plena. Quien vive de una manera plena no está esperando que sus expectativas e ideales se cumplan de una manera exacta, asume la imperfección y aprende a surfear esas olas de la vida, olas que son curas a través de la realidad. 

Y a pesar de esto, como ocurre en cualquier paisaje, animal, ser, persona, instante... La vida es bella por encima de sus imperfecciones. 


lunes, 7 de enero de 2019

Los puentes de la vida:



El vaivén es una de las danzas del misterio de la vida. Lo único seguro es el cambio, es algo que sabemos pero que poca veces se atreven a decirnos. 

Quizás es por esto que nos cuesta tanto comprender que caminar por la vida es, la mayor parte del tiempo, un escurridizo sendero a mucha altura, como un puente sujeto por cuerdas que se balancea y mueve con cada uno de nuestros pasos. 

Algunos pasos son más arriesgados y las tablas que soportan nuestros pies se resquebrajan con solo poner la punta de nuestros dedos, otros pasos caen en tablas más seguras, más solidas, en las que nos mantenemos una temporada mientras recuperamos el aire, el aliento, de la adrenalina descargada en momentos anteriores. Cualquier decisión que tomamos en nuestra vida, incluso aquellas que están premeditadas y que intentamos elegir sabiamente, es una de esas baldas que componen el suelo sobre el que avanzamos en los puentes de la vida. Porque todas las decisiones, todos los caminos que recorremos, son puentes a gran altura que nos ponen a prueba, todo son pruebas de misterio, inquitud, movimiento, atrevimiento... Quedarnos demasiado tiempo varados en un tramo del puente empeora nuestra vida y es una situación que nos pone en riesgo. Corremos el riesgo de deteriorar ese único punto en el que estamos situados haciendo que termine cediendo por el peso de nuestro propio cuerpo, un peso continuo que se mantiene de manera estable en un único soporte, en un único punto de apoyo. Y aún peor, además de poder caer el abismo que hay bajo esos pies y tener que amarrarnos con rapidez a otro puente o a otro tablón, al quedarnos ahí anclados en un mismo lugar de esos senderos que cuelgan y se balancean, corremos un grave peligro: el de morirnos de hambre y frío. 

Quien se queda estático en un único punto de su vida, pierde el entusiasmo de la vida, corre el riesgo de morir de hambre a nivel mental, emocional, espiritual y de alma y por supuesto corre el riesgo de morir de frío. La inactividad de la vida no despierta el fuego de su espíritu y esto termina convirtiéndose en una congelación interna, un corazón que se convierte en témpano, una persona que muere en vida. 

La vida es un sendero marcado por innumerables puentes que se mantienen en el aire, colgando de un punto a otro y sujetos mágicamente por estrechas cuerdas. Avanzar en la vida es sin duda una peripecia continua, unos malabares aquí, una atención allá... Pero sobretodo es conservar un espíritu aventurero y seguir con la intención de caminar y caminar sobre esos tablones, sobre esas maderas que se mantienen suspendidas en el aire, a muchos metros de altura de cualquier otro lugar. 

Los puentes de la vida... Recorremos un puente al llegar a la vida, recorremos otro mientras vivimos, que en ocasiones se bifurca en pequeños puentes diferentes y por último recorremos un puente de regreso cuando terminamos esta enorme experiencia. 

Cada decisión, cada compromiso, cada elección, cada cambio, cada cosa que vemos... Es un paso más en esos puentes, en ese lugar que caminamos. A veces el puente se zarandea, despertando nuestros miedos más genuinos y primarios. En otras ocasiones parece un juego de niños, donde no sentimos que corramos ningún riesgo. A veces resulta agotador, pero a la mañana siguiente recuperamos el ánimo para seguir avanzando. 

Vivir es la mayor prueba de aventura y supervivencia que existe. No hay nada a la altura de lo que esto implica, de lo que esto es. Ni hay nada que llegue a crear lo que la propia vida nos hace crear y también lo que nos hace convertirnos. Incluso con los momentos de vértigo y los nudos en la garganta, sentimos que merece la pena progresar por ese sendero de madera y cuerda que cuelga de la magia y a lo que llamamos vida. 

lunes, 19 de noviembre de 2018

El después:


El antes y el durante, del sexo, es muy importante. Muchísimo. El antes muestra  un inicio, una voluntad y la intención. El durante puede mostrar una conexión, una nueva realidad, una naturaleza innata ¿y el después? El después muestra lo que hay entre bastidores, lo que realmente se cuece dentro de esas personas. 

A menudo damos mucha importancia al antes y al durante, cosa que la tiene y es necesario valorar. Sin embargo nos olvidamos, muchas veces, del "después" ¿qué ocurre tras el contacto de piel con piel? ¿Qué pasa después de habernos mostrado vulnerables y sensibles? ¿Qué se da cuando al fin se ha logrado un objetivo? Pues se da la realidad, la verdad sin máscaras, la intención más honesta... Y esa honestidad puede ser un bálsamo de belleza donde poder resguardarnos mientras reconectamos, compartimos y descansamos, o puede ser un abrupto choque contra una realidad difícil de digerir como ver la importancia que nosotros podemos depositar y otros no o hacer que se esfumen todas esas nubes ilusorias que nos emborraban la vista. 

Qué importante es el después... Cuando dos cuerpos tendidos se quedan completamente desnudos, sin interrupciones, sin rincones ni recovecos en los que entretenerse. Porque en el antes nos vamos desnudando y aunque expuestos, la adrenalina del momento nos empuja a seguir. En el durante, ya sin nada, es la propia inercia de la pasión quien nos encandila y parece como que ciertos defectos, ciertos detalles que nos pueden desagradar de nuestra persona, pasan a un segundo plano. Obcecados y enceguecidos por el sentir, el conectar, el disfrutar... Y después, cuando toda esa ceguera se marcha, cuando los corazones aún siguen bombeando, cuando las piernas se quedan temblando y los cuerpos tumbados, descansando, uno junto al otro... Ahí se ve la realidad, sin tapujos. 

Ahí se ve el cuerpo del otro sin subidones de pasión desmedida. Ahí se ve la verdadera intención de la unión. Ahí se palpa la naturaleza innata de cada uno y surge con naturalidad, como si aquel instante la invocase en silencio. Se destapan entonces los patrones y las conductas: el cariño para los que sean cariñosos, el desapego para los que sean desapegados, el miedo para los que se sientan expuestos, la huída para los que teman compromiso, la conversación profunda para aquellos que han visto más allá, el cigarro compartido para los fumadores, las risas para los que han comprendido el juego de la vida, la ternura para aquellos que aún tengan heridas... Porque el después del sexo es el momento con mayor intimidad, y donde nos sentimos más vulnerables. 

El después... Todo lo que ocurre "después de..." muchas veces marca algo muy significativo. Pero sin duda, el después del sexo es algo muy importante. El después muestra la reacción, la respuesta, la unión o la desunión. Marca la amistad y el grado de conexión entre los implicados. 

El después es aquello que desvela la magia de esa unión.