¿Sabes? todo hay que sentirlo, notarlo, palparlo en lo más profundo de tu ser...

sábado, 4 de noviembre de 2017

B O C A O (de rabia y veneno)


B O C A O (de rabia y veneno)
Poema sobre la toxicidad de algunos enganches que nos dejan maltrechos.

La parte oscura de cada persona emerge según qué dificultades se encuentre en su camino. Algunas de ellas son resultado de carencias afectivas, otras son contactos con realidades nunca imaginadas y muchas, muchas, tienen que ver con la fragilidad que existe cuando uno evoca al amor en una relación que es tóxica. Este poema es una terapia personal para canalizar el enfado que nace cuando, en ocasiones, tenemos relaciones donde no se nos valora todo lo grande que somos y donde se tiene nada o muy poco en cuenta nuestra parte emocional o nuestro corazón.

A pesar de lo explícito aquí descrito, no haría daño real a nadie por algo así. Soy humana y como tal acepto que estoy abierta a vivir experiencias que, a priori, no siempre van a ser bondadosas y en armonía, pero que siempre me van a enriquecer y mostrar algo importante de mi.

Te daría un bocao o un bocaito...
Según se tercie...
Y no de los de amor y cariñito...
Uno que te rompa en dos
Que te deje destrozado
Que te haga añicos...
En el moflete de la cara...
Por ser tan guapito...

Te daría un bocao o un bocaito...
Según se tercie...
Uno de esos, de antibiótico e intervención...
De vacuna de rabia...
Porque es lo que se me enciende
Con sólo saber de tu existencia...
Con escuchar tu nombre...
Con recordarte.

Te escupiría, sin ni siquiera masticarte...
Y no perdería más mi tiempo...
Lo invertiría en darte el bocao o bocaito...
De los de herida, sangre y cicatriz...
De los de veneno y escozor...
De los de carnívoro.

De los de loca de la cabeza...
Con una especie de complejo de zombie...
Posible psicótica paranoide...
Que lo único que siente es dolor
Y una horrible rabia dentro...
Algo que le corrompe y mata lento.

Por esto, precisamente por todo esto...
Te daría un bocao...
Un bocaito...
De los de sutura y curas...
De los de aguja y gasas...
De los de quitarte todas las dudas.
De los de dejarte las cosas bien claras.
De esos que dejan huella...
Una marca que nunca se va, que nunca se marcha.

Tú chillarías "puta loca"
Y yo...
Te daría un bocao...
O un bocaito...
Con todo mi amor-odio...
Y las ganas de destruirte un poquito...
O de destrozarte enterito...
Vengarme, bien vengado...

Te daría...
Y antes de volver a pensarlo....
 Te escribo...
"¿Quedamos a tomar un café?"
Y sigo...
"O una cena, total, yo invito"
Y lo sabes...

Aseguro noche caliente...
Algún beso y entonces...
Es posible que también sexo...
Lo que no sabes es que...
Entre tanto te espera...
Un bocao...
O un bocaito...
Según se tercie la luna...
Según me escuezas por dentro...
Según me duela el corazón...
Según conecte con mi parte de Escorpio...
Que se impacienta con los brazos cruzados...
Esperándo verte hecho ya escombros.


jueves, 2 de noviembre de 2017

Mi propia Alicia:

Advertencia: Este blog no promueve, favorece o facilita el consumo de ningún tipo de sustancia ilegal.  

El viaje de reencontrarse, viendo como todo emerge en una franja de tiempo relativo y efimero. Corto, porque el tiempo siempre es corto y muchas, muchas veces, llegamos tarde: tarde a donde sea, tarde para quien sea, tarde con nosotros, tarde con la vida, tarde con el amor. 

Todo esto viene inspirado por una experiencia que tuve, no hace mucho, con setas-hongos alucinógenos. Así como se dice normalmente. 

No es mi primer contacto con alucinógenos y los que lleváis siguiéndome un tiempo sabéis que gracias a mi experiencia con la Ayahuasca pude superar y asimilar ciertos traumas personales, de la infancia,que cohibían cosas naturales de mi persona, de mi vida. 

Esta experiencia fue diferente. Me descubrí mientras descubría algunas realidades y teorías a las que no había llegado antes. Y lejos, muy lejos, de sentirme una histérica loca y fuera de si, tras ese primer contacto en concreto con ese mundo, el mundo de las setas, me encontré muy real, muy yo y es algo muy gratificante. 

También es cierto que no es oro todo lo que reluce y que una parte de mi experiencia fue reconocer algo que me "atormenta" a diario y es la sensación de aburrimiento diario, algo con lo que convivo como parte de mi rutina. Esa falta de estimulación fue una cosa que salió y se hizo evidente. Hizo evidente la necesidad y prioridad por llenar mi vida con cosas que sumen, que realmente me llenen, que realmente me hagan sentir en sintonía con quien soy, con lo que puedo hacer, con lo enorme que puede ser uno por dentro y con lo lejos que pueden llegar sus propias herramientas personales y capacidades. 

Las horas que duró la experiencia me hicieron también llegar a un punto de inflexión, también muy importante, en el cual me descubrí como una Alicia dentro de mi propio mundo de las maravillas. Topándome cara a cara con maestros de todas las formas posibles y todos esos maestros son un evidente y claro reflejo de mi capacidad para auto-ayudarme y para auto-guiarme. En ellos vi la misma vibración que hay en mi, una vibración de capacidad de conexión, de desarrollo y de crecimiento imparable. También de inspiración y de ayuda. 

Me sentí como ese conejo asustado porque llegaba tarde. Porque sinceramente una parte de mi tenía un pavor, un pánico, por estar perdiendo el tiempo en cosas que realmente en la parte más sagrada e importante de la vida, poco importan. Y ahí te paras a reflexionar, durante y post experiencia, y te das cuenta de la cantidad de segundos, minutos y horas irrecuperables y sagrados que invertimos en situaciones que poco tienen para sumar, que poco tienen para hacernos ser, que mucho tienen para entretener y solo adormecernos un poco más. 

Me di cuenta también de lo importante que es poder encontrar a gente que, aunque no esté de acuerdo con todo lo que pienses y digas y puedan opinar de forma diferente, te permitan ser tú. Te permitan, realmente expresarte y compartir cada vivencia con respeto, sin una pega, sin un prejuicio, sin una orden, sin un "si yo fuese tú...". Y es que no hay nada más íntimo que el contacto con sustancias que te hacen auto-descubrirte y en esa parte tan tierna, real, desnuda... Se encuentra una realidad muy valiosa de tu persona, una realidad que ojalá puedas descubrir frente a otros para que esos otros sepan quién eres tú. Sin más miramientos, cómodos y agustitos.

Todos merecemos decirle a la gente "viví aquello" y recibir a cambio una respuesta constructiva, lejos de prejuicios, de "yo más", de discusiones sin sentidos y lejos, lo más lejos posible, de comparaciones. Todos merecemos compartir "me atemoriza esto" o "mi peor experiencia en la vida ha sido tal", también merecemos compartir cómo hemos logrado superarnos a nosotros mismos o de donde hallamos la fuerza suficiente para recuperarnos cuando algo nos pega fuerte... Merecemos mostrarnos, compartir, hablar... Desde lo que hemos sido, somos y soñamos con ser.

Me di cuenta del disfrute de uno mismo y de la poca apreciación, a veces nula, que tenemos hacia  eso. Igual que también existe una nula apreciación-importancia hacia todo lo que nos rodea: plantas animales, objetos, instantes, colores del cielo... Y esa ausencia de darle valor a las cosas/seres también hace que nuestra vida carezca de un valor que no se puede llenar de otra forma.
Observé lo amplio y enorme que es el rango de hacer el amor y precisamente necesitamos hacer mucho el amor: primero a nosotros y luego a los demás. No solo con sexo, no os equivoquéis, también está hacer el amor con una sonrisa, con un "yo te escucho", con un "sigo aquí", con una llamada... Incluso con una mirada. Una buena amistad es hacer el amor, una buena presencia, ser buenos compañeros, ser buenos vecinos... Hay infinitas maneras de hacer el amor y necesitamos vivirlo, proyectarlo e integrarlo así. Y mientras lo vivimos, lo proyectamos, disfrutarlo. Encontrar el placer en que, muchas cosas de la vida, son hacer el amor y compartirlo. 

Y que es urgente y prioritario que vivamos haciendo el amor, para aprovechar la vida, para aprovechar la experiencia terrenal, para aprovechar el tiempo en si mismo, para no arrepentirnos, para que nunca sea demasiado tarde ni lleguemos tarde y sobretodo para encontrarnos. Es hacerte el amor priorizar por lo que realmente es tu sueño y hacer lo posible porque sea una realidad. Es hacerte el amor tomarte un momento para disfrutar, esforzarte al máximo para cruzar una meta, proponerte retos, abrirte a alguien, dar un paso decisivo, atreverte, ser valiente, hablar con el corazón... También es hacer el amor la aceptación plena incluso de cosas que nos desagradan, aprender a fluir, no tomarse nada a personal, entender que los demás son, no atormentarse con un error del pasado. 

Nos falta mucho de vivir haciendo el amor. Nos falta también aceptar que los demás encuentren otras formas de descubrirse, que si bien en primer lugar nos pueden producir rechazo, también hay otra parte de nosotros que desea o anhela (en cierta medida) poder hacer lo mismo, a pesar de esa incertidumbre o ese miedo que nos puede corromper. 

Me encontré con mi propia Alicia personal, autoexplorando un paraje interno lleno de pequeños alter-egos de todas las formas y colores, también de partes de mi persona ya liberadas y de una necesidad, imperiosa, por romper con cadenas que me adormecen mientras pasa lo único que no voy a poder recuperar jamás: la vida. 

Y me desperté, con mucho por hacer, otro tanto que integrar... Pero al menos una conciencia tranquila porque pese a todo, aún estoy a tiempo. Y también porque aunque cometa errores, equivocaciones o meta la pata (conmigo o con los demás) no son tan graves, no lo hago tan mal, no soy mala. Y eso ha sido un bálsamo para mi conciencia. 

Otro día os hablaré de la parte más entretenida de esta experiencia, que fue aceptar que la mente es algo que no se puede destruir y que el truco está en convivir con ella sin que acapare toda nuestra atención, tomándola como un visitante temporal que va y viene pero que no tiene más poder sobre nosotros que el que nosotros le permitimos. 

Ellos lo llaman amor líquido:



"Y cuando nos encontremos, esta mierda del amor líquido será algo del pasado más que superado.
Estaremos renovados. Y podré ser yo, con todo lo que ando descubriendo, sin que me juzgues, critiques o exijas a cambio. Y tú podrás ser tú y compartirlo conmigo.
Con mil viajes por compartir"

De una herida nació otra herida, quizás un poco más pequeña en algunos aspectos y quizás, solo quizás, un poco más grande en otros. Y de esa herida nació otra herida, con la misma descripción y  de esta otra nació otra más... Y así sucesivamente hasta llegar aquí, a este momento, a este ahora, este instante donde somos tú y yo. 

Nos preceden antepasados con mil historias que conocemos y otras tantas que desconocemos, entre ellas los entresijos más divertidos, como aquellos donde se esconden las emociones y los pensamientos, que son mucho de lo que somos y de lo que podemos influenciar en que sean otros. Y esos antepasados son también nosotros. Nos preceden historias, historias que preferimos imaginar que están olvidadas pero siguen habitando en nuestro ser, debajo de nuestra piel, latentes como el primer día.

En pleno S XXI es curioso como en una enorme ciudad te topas con muchas personas que llegan a un mismo problema (o no problema según para quien) y es la enorme dificultad de encontrar a alguien con quien entablar una relación, algo real de donde no haga falta escapar. 

Quizás la sobre-estimulación o el hecho de que tenemos a nuestro alcance cientos de oportunidades más, nos hacen volvernos más exigentes o no sé... El caso es que con unas cosas u otras vamos saltando de relación en relación, algo de lo que he hablado ya en varias ocasiones ne este blog. A lo que menos hincapié he hecho, y que sin embargo es muy importante, es que al saltar tan rápido de unos procesos emocionales a otros, sin integrar ni aprender, nos autocondenamos a repetir los mismos patrones y esa conducta repetitiva termina por convertirse en un hábito, una rutina en la que nos acomodamos a pesar del dolor que nos pueda transmitir, pero que cuando uno se acostumbra le coge cierta apreciación o cariño (porque es lo que tiene el roce, que produce cariño). 

De hecho es bastante común observar como muchas personas saltan de una relación a otra sin aprender nada por el camino y cuando ya han saltado lo suficiente como para sentirse exhaustos, terminan optando por una decisión desesperada: elegir por comodidad al compañero/a, en vez de por verdadera admiración y amor.

 Y claro, esto funciona a medias, por un lado se crea un cariño real porque hay un contacto cercano y real, por otro lado se convive consciente o inconscientemente con la ausencia de algo necesario: el fuego de una relación, el verdadero amor, aquello que te enciende la chispa. Y si bien es cierto también que esto se puede "solventar" con mucho de sexo, hay un momento que cuando terminas uno de esos polvazos te quedas mirando al techo y sientes, realmente lo sientes, que entre tanto contacto de piel falta algo necesario... Y no me refiero a malignas mariposas que generan expectativas y que nos condenan a caminos de amor romántico dañino, me refiero a una conexión más real, más de "esto sí es un verdadero desnudo". La ausencia de ese verdadero desnudo destapa otra realidad, de la que muchos no quieren hablar para no asumir que su relación se basa en una parte que no es auténtica, la realidad de que falta mucho para que puedas ser tu mismo, la realidad de que condenas muchas de esas ideas que compartes en voz alta a no hacerse realidad... La realidad de que sigues con una venda en los ojos, simplemente, por estar cómodo. 

Y al final esas relaciones se rompen y vuelve a surgir el mal hábito, ese amor temporero que ni es amor ni es ná, en las cuales te entretienes con sexo, algunas conversaciones sabor a cerveza donde nadie va a cambiar el mundo pero parece que sí, una amarga sensación de que todo es una mera ilusión pasajera y unos cuantos orgasmos más con los que al menos no te podrán quitar lo bailao. 

Ellos lo llaman amor líquido. Todas esas personas que analizan la complejidad de esta sociedad actual, donde somos adultos casi por imperativo legal, donde nadie nos ha dicho que nos faltan mil herramientas, donde se desvirtúa una parte que era el núcleo del humano como persona y como humano. Esta sociedad dividida en mil caminos, en millones de opciones, en tropecientas realidades que convergen y emergen, ellos lo llaman amor líquido... No he buscado el significado pero supongo, aunque no lo sé, que hace referencia a algo que cambia de forma, que no se puede atrapar, que te nutre y luego se marcha. Yo lo llamo heridas de heridas que tienen más heridas y no sabemos como salir de ese círculo. 

Yo lo llamo falta de compromiso, demasiadas dosis de miedo, lo llamo idealización de uno mismo y proyección de esa idealización hacia el otro. También lo llamo desesperación, no saber estar a solas, necesidad imperiosa por contacto porque se nos da fatal vivir sin que nadie nos toque bien adentro, aunque esa ausencia pueda ser para nuestro bien ya que nos ayuda a superar y sanar el pasado, y cuando hemos hecho esto es entonces cuando estamos dispuestos y preparados realmente para un re-contacto con otra piel. Yo lo llamo incoherencia, lo llamo no ser realistas con el paso del tiempo, no ser realista con uno mismo y por supuesto, falta de disposición. Seamos sinceros: hay muchas personas que no están dispuestas al amor.

Esto ocurre porque el amor es el maestro que hace resurgir tus verdaderos miedos. Patrones, memorias ancestrales, realidades de tu persona que solo salen a flote cuando estás conviviendo con una o un compañero. Cuando das ese paso de compartir, cuando ya el camino no es crecer solo, cuando el camino también es crecer en compañía. 

Nos enredamos en relaciones donde no somos capaces de decir "te quiero" o "te amo", sea ese amor para toda la vida o no, pero es que precisamente lo que nos faltan son relaciones con ternura, con cariño del bueno, con amor sincero. Todo se esconde detrás de una cortina donde existen bombas de humo tras las cuales muchas personas huyen, donde existen polvos vacíos, donde no existen conversaciones profundas, donde no podemos ser, donde no se dicen buenos días, donde no se integra al otro, donde se esconde y oculta una parte de tu vida porque no quieres que piensen que vas demasiado en serio, demasiado real, demasiado humano... No vaya a ser, pongamos un ejemplo, que realmente eso funcione y tengamos que ponernos manos a la obra con otra parte de la evolución y del desarrollo de nuestra persona y vida. No vaya a ser que todo eso cambie una parte importante de esta experiencia, no vaya a ser... Que al final funcione tan bien eso de tomarlo en serio que sea un presente y un futuro donde vivamos junto con alguien sin arrepentirnos ni un segundo. 

Pero no, no abrimos ni la más pequeña posibilidad. Estamos tan llenos de cicatrices, tan rotos y destruídos que a veces nos agarramos a la idea de que no merece la gracia ni la pena el más mínimo intento. 

Ellos lo llaman amor liquido, pero yo no creo ni que tenga amor, yo lo llamaría "ausencia de amor". Una ausencia de amor, propio y en conjunto, que nos hace ser así en ocasiones de la siguiente manera: sin empatizar, sin comprender, diciendo que a nosotros siempre nos duele más, sin querer si quiera imaginar cómo habrán sido los procesos del otro para llegar a ser quien es, sin indagar, solo exigiendo, solo tocándonos o pajeándonos con la idea del físico, de los besos, del calor... De todo eso que se humedece o se pone muy duro, bien duro. Y ahí, en ese abismo caemos una y otra vez, una forma repetitiva de conducir la vida, de conducir una parte de nosotros.

Nos topamos con personas que al final ni llegamos a conocer, perdemos grandes oportunidades para madurar y enriquecernos, forzamos a otros a tomar las mismas decisiones que nosotros, nos creemos ejemplo cuando en nuestra relación realmente falta algo "más" pero la ondeamos al viento e intentamos que los demás caigan en esa misma trapa del ego: esa que no está conducida por el corazón. Generalizamos, no somos fieles al sentir de las entrañas... Si las bragas ya están un poco mojadas, cedemos. Aunque a nuestro cerebro le falten horas de lubricación y nuestro corazón anhele un beso real, sincero. 

Nos acostamos una noche. A la mañana siguiente nos levantamos y con un par de días nos damos cuenta de que no estamos para el otro, de que las intenciones se han esfumado, de que las admiraciones eran banales, de que todo ha sido efímero como el aire que entra en los pulmones y sale... Todo ha sido, sin ser, como un abrir y cerrar de ojos. 

Y cuando alguien nos pone patas arriba, cuando nos duele su ausencia, cuando su rabia porque hemos corrompido algo de su ser se posa en nosotros, nos autoconvencemos de que no amamos o no te queremos con pasión y desde el orgullo rompemos con todo. Yo también lo he hecho. Y entonces ahí es un adiós de una construcción que se viene abajo donde se quedan millones de raíces conectadas y que, en cierta medida, cohibirán quién soy y seré en un futuro con otras personas. 

Cuando alguien nos quiere realmente, cuando está dispuesto, a veces lo manipulamos y nos aprovechamos de su cariño sin fronteras, de esa demostración de "ey, te quiero y te amo más de lo que jamás te has querido y amado" y lo mantenemos con la puerta entre abierta, porque es cierto que nos aporta algo que nadie más nos aporta: amor real. Y aunque por las noches  nos entretenemos con fotos de otras y de otros, con besos de otras y de otros, cuando necesitamos amor real tiramos de esa puerta entreabierta. Esa puerta, que es un ser humano y al que demostramos que nos importa un pepino como se sienta consigo mismo y con este roll, con esta relación donde no se tiene en cuenta lo más profundo de su ser, lo más real de su persona... El amor que siente, el enganche que vive, el sufrimiento que experimenta cuando hacemos vacío pero luego, si nos conviene, reconectamos. 

Conocemos a alguien, conectamos maravillosamente una noche aunque solo sea con unos besos pasionales, nos abrimos un poco y nos entra un vértigo tan grande, tan enorme, tan... De eso que asfixia, que salimos corriendo y nos ausentamos con la excusa de lo mucho que siempre tenemos que hacer. Pasan los días, las semanas y de repente caemos en la cuenta: ese alguien nos gustaba, un poco más de lo que pensábamos y cuando volvemos a retomar contacto ese alguien ya no está, se ha esfumado, no podía tirarse la vida esperando a que nosotros llegásemos a ese reconocimiento. Y ahí lo vemos claro: hay trenes que se marchan y cuando deciden irse, jamás vuelven. 

Decidimos dar el paso de reconocer que algo es serio en un momento en el que una persona ya se ha cansado de implorarlo y luego cuando vamos a hacerlo y la otra persona ya no tiene interés en nosotros la culpamos. 

Repetimos nuestra disposición al tonteo con otras personas, a esa calentura temporal, aun cuando tenemos seguro cerca de nuestro corazón a alguien que para nosotros si es especial. Y esa actitud hace que esa persona deje de sentirse especial y todo se va deshaciendo y desvaneciéndose delante de nuestros ojos hasta terminar por desaparecer. Y ahí, es un adiós (o quizás un hasta luego) donde se queda mucho dolor, mucha responsabilidad y mucho por asumir y superar.

Damos segundas e incluso terceras oportunidades a personas que solo con mirarnos nos hacen sentir en casa y entre unas cosas y otras la final solo se convierte en un arrepentimiento, en una brecha enorme que vuelve a sangrar de nuevo, es una coletilla que nos atormenta con la frase de "ojalá no lo hubiese hecho". Ahí, nos encogemos de nuevo y volvemos a nuestra predisposición de ser piedras, de no abrirnos, de poner límites, de mantener a los demás muy lejos.

Y así, una experiencia tras otra, un ejemplo tras otro, una realidad tras otra que seguramente te suene conocida y familiar. Una historia tras otra donde suena la misma cantinela con otros colores de piel, otros nombres y apellidos, otros lugares.  

Ellos lo llaman experiencias del amor líquido... Yo lo llamo "me siento bien jodida por dentro".

lunes, 30 de octubre de 2017

La sagrada y divina salud:


Hace días que tengo esta idea en la cabeza, pero no ha sido hasta hoy que he decidido sacarla a fuera. Sé que es un texto muy real, con sus porcentajes de crudeza, esperanza, espiritualidad y reflexión, por eso también soy consciente de que puede que no guste a todo el mundo y por eso, pido disculpas. 

Resulta que vivimos constantemente en un día a día que hasta cierto punto parece imparable. Y es que esa sensación de: me levanto, voy al trabajo, vuelvo, como, salgo de paseo, voy a mis actividades en el gym, ceno, duermo... Junto con otros hobbies que hagas solo en compañía parece ser una rueda que jamás va a decir basta, con que tengas ganas y fuerzas suficientes tiras adelante sin más apreciación e importancia. Así es la vida: conoces gente, tienes relaciones de todo tipo, experimentas, ries, lloras, cantas... Y todo, todo, pasa en un margen que puede ser a la vez igual de grande que de pequeño, según se mire. 

Pero ocurre una cosa y es que todo danza en una franja que es efímera y muy sensible. Esa fragilidad es la que da un valor especial a cada vida terrenal, a cada cuerpo en el que has habitado, habitas y habitarás. Ocurre también que para poder llegar hasta aquí debes, precisamente como decía, exponerte en un cuerpo físico que es un templo sagrado: un templo con el que amamos, besamos, gozamos, lloramos, reímos, corremos, saltamos, nadamos, dormimos, abrazamos, acompañamos, paseamos, escuchamos, vemos, saboreamos... Es magia pura por la que pasa todo, en la que también acumulamos recuerdos, emociones y sensaciones, es parte de nosotros y a veces es algo separado a nosotros que nos acompaña siendo fiel testigo de cada segundo. 

Para que funcione correctamente debemos estar sanos, en la medida de lo posible y es aquí donde viene lo importante de este texto, el motivo del título: la sagrada y divina salud. 

Con tanto vaivén rutinario y tantas cosas por hacer cada día, poco caemos en la cuenta de lo importante que es estar sano para poder disfrutar (sí, disfrutar) la vida. Porque la vida se puede vivir de muchas maneras y algunas de ellas duelen, mucho, por eso para que esta experiencia no sea un trauma todos merecemos vivirla disfrutando lo máximo posible y gran parte del disfrute, además de en la actitud, se encuentra en que nos sintamos sanos. 

Es un hecho que aquellos que enferman encuentran dificultades, resistencias, obstáculos... A diferentes niveles que les impide abrirse en plenitud y poder expandirse desarrollando todas sus habilidades. Esto puede coartar parte de sus días y de sus experiencias, hasta lo que dure ese estado.

Nos ocurre, en pequeña escala, cuando caemos enfermos por un mal catarro o una gripe. Parece que el mundo se nos viene encima y con la nariz atascada anhelamos algo tan básico como poder oler una rosa, respirar sin dificultad o saborear un pedazo de tarta casera. 

Por eso este texto es para nosotros que tenemos esta suerte de no convivir cada día con una enfermedad crónica, para que seamos conscientes de que dentro de ese circulo que no parece acabar nunca, de esos horarios, de esas costumbres y de esas prácticas... Hay algo por lo que deberíamos mirar al cielo y dar las gracias cada mañana, cada tarde y cada noche: porque estamos sanos. 

Y de hecho depende en gran parte de nosotros mismos mantener esta salud. La salud no es solo un estado del cuerpo físico, dentro de ella hay una parte muy grande e importante que tener en cuenta: el bienestar anímico. 

Nuestras emociones forman parte de nuestro bienestar, por ello yo empecé a escribir y a expresarme en este blog y con el paso del tiempo mi pequeño proyecto se va inclinando más a la apreciación de los procesos emocionales como un desarrollo importante de la persona, como una conexión con la paz física y mental, como una parte fundamental de una espiritualidad donde realmente se ponga en práctica los conocimientos y no se queden solo como un rezo sin movimiento. 

La sagrada y divina salud, esa es la clave por la cual tú puedes estar leyéndome ahora. También es el motivo por el cual has podido tener un lunes dentro de lo que estás acostumbrado a tener, es también la razón por la que has podido disfrutar de tus pasadas vacaciones y además también, gracias a estar sano física y mentalmente, tienes más autonomía dentro de tu vida. 

Supongo que este texto viene también inspirado por sucesos que me acontecen de un ambiente muy cercano a mi, pero es cierto que pensamos muy poco en qué pasaría con nuestra vida, incluso con esas cosas de las que nos aquejamos a diario y que no dejan de ser memeces, si de repente... No pudiésemos levantarnos de una cama. Si de repente, para poder respirar, necesitásemos de asistencia médica constante. Si de repente algo en nuestro cuerpo nos diese poco margen de vida...  de repente todo se condicionase por culpa de un motivo que no pudiésemos controlar, manejar, solucionar... ¿Qué ocurriría con todo eso de los que te quejas? Y lo más importante ¿qué ocurriría con todo eso que apenas agradeces cada día? Sí, qué pasaría con todas esas cosas que puedes tener hoy y disfrutar, con todas esas personas que te acompañan, con todos esos momentos que has creado y que podrías crear, con toda esa libertad con la cual puedes avanzar... ¿Qué ocurriría con esos pequeños detalles? Que parecen insignificantes y sin embargo están cada día a tu lado, intentando que veas la fortuna de estar vivo y sano.

Es posible que entonces te echases las manos a la cabeza, te arrepintieses e implorases volver atrás en el tiempo para poder agradecer, para poder saborear cada instante, cada segundo, para poder realmente remolonear con unas maravillosas vistas a un paisaje increíble, con el tacto de una piel desnuda después de haberte acostado con alguien, con un vaso de vino, con un grajo de naranja recién cogida del árbol, con el sabor de una sopa casera, con una reunión de amigos, con la cena de navidad junto a tu familia, con el sonido de la lluvia, con el olor del mar, con ese viaje a la otra punta del mundo, con esa persona que te dio un vuelco el corazón... Es posible que entonces quisieras decir de golpe todos esos te quieros, quisieras apuntarte a todas esas carreras que nunca corriste, quisieras estudiar lo que nunca te atreviste... O simplemente quisieras estar presente, mucho más presente, de lo que jamás estuviste. 

Aprecia la sagrada y divina salud, es un regalo que depende de nosotros, mucho más frágil que cualquier cristalería. 

sábado, 28 de octubre de 2017

Es alguien, no algo.


Me enamoré de mi perra cuando me salvó la vida. Y me salvó la vida cuando estuve apunto de renunciar a todo porque sentía que no tenía nada ni nadie. 

Desde entonces, desde aquella gran experiencia... Me di cuenta que es alguien, no algo. Como lo son todos, aunque no hablen el mismo lenguaje que tú y que yo. 

Es alguien porque tiene su personalidad definida y si la observas verás que prefiere unas cosas antes que otras. Es alguien porque expresa con su mirada sus emociones, porque empatiza conmigo, porque comprende (aunque a algunos humanos les cueste asumirlo). 

Me enamoré de mi perra cuando me cambió la vida, cuando tuve que ponerla como prioridad pues era lo único que me importaba lo suficiente como para no rendirme. Me enamoré cuando sabiendo que necesitaba de mi y yo pensaba que no podía más, ella me empujaba a salir de mi terror. 

Me enamoré fuerte cuando alejó a todas esas personas que no servían como compañeros de vida. Lo hizo solo con su presencia y sus muchos pelos, pero finalmente creó la excusa perfecta para que se diese el acontecimiento idóneo que tirase abajo las máscaras de aquellos que mienten y fingen.

Me enamoré de mi perra cuando me enseñó el valor de un paseo, en plena noche, con nuestra única compañía. Me enamoré más cuando yo enfermaba y ella dormía a mi lado ¿qué otra cosa podía hacer?.

Me enamoré el otro día cuando rompí a llorar en la ducha y ella vino a ver cómo estaba. Me enamoré cuando hace algunos veranos saltó al agua de un río, con el terror que le tiene, porque pensaba que yo realmente me estaba ahogando.

Me enamoré de mi perra cuando le ofreció un enorme significado a mi existencia. Cuando cada día es fiel y leal a su palabra de quedarse conmigo, al menos por todo lo que dure su existencia.

Por todo esto, es alguien y no algo. No, para mi no es una condena tener a mi perra, tampoco supone un gran sacrificio... Para mi es un honor aprender de un ser tan humilde, sencillo, real y protector.

Para mi es un regalo cada segundo de su vida, porque soy consciente sobre lo poco que dura un perro comparado con un ser humano. Para mi es maravilloso que me quiera y ame por encima de las cosas que más odio de mi misma y que no me abandone, ella a mi, que no se marche, que no me deje, que no se rinda jamás... Todo eso es magia, pura magia, con la que tengo el milagro de vivir cada día.

Ella no es algo, es alguien; alguien a quien le late el corazón, alguien que tiene preferencias, alguien con opinión propia, alguien con necesidades emocionales, alguien con pensamientos complejos, alguien capaz de razonar y hacer estrategias, alguien que alguna vez hace trastadas igual que un niño pequeño, alguien que aprende y se adapta, alguien que evoluciona, alguien que transforma, alguien que también ha ido cambiando aspectos de su forma de relacionarse igual que me ocurre a mi... Para mi ella no es algo, es alguien, alguien sagrado.


El clavo que sobresale: la luz del humano.


Con el tema de la normalidad nos la metieron doblada. Muy parecido al control que se establece con el dinero, la diferencia es que en este caso no es algo alcanzable. 

Mientras una meta física es algo realizable, en la mayoría de los casos y sobretodo si vives en un país desarrollado, hay algunas influencias a nivel emocional que son idealizaciones imposibles de conseguir y entre ellas es necesario recalcar la normalidad.

La normalidad es la excusa para hacernos sentir incómodos. También es la venda en los ojos para aquellos que se han rendido y por supuesto es la excusa, perfecta, para aquellos que prefieren volverse borregos y moverse con el montón. Tanto es así que se programa a los seres humanos, desde muy muy pequeños, con tal idealización de la normalidad que al acostumbrarlos y forzarlos a ese camino terminan por ver lo "anormal" como algo chirriante y hacia lo que hay que proyectar toda la rabia. Al final eso no deja de ser un ejemplo de una realidad muy difícil de reconocer: aquellos que machacan a los que son diferentes es porque sienten dentro de si mismos una cólera muy grande debido, principalmente, a esa deslealtad que les ha llevado a renunciar a su "diferencia" para ser como el resto. 

El aburrimiento de ser como el resto, la pesadez, la monotonía de ser uno más, las rutinas vinculadas a vidas dentro de lo "común", lo socialmente aceptado para sobrevivir... Terminan despertando inquietudes, naturales en el ser humano, que si no son escuchadas se convierten en lo peor que alguien pueda mostrar. De esta forma, aquellos que se han negado o que por ciencia infusa han logrado sobreponerse a esa imposición, terminan convirtiéndose en esos "clavos que sobresalen". 

Ser el clavo que sobresale, el rarito o la rarita, el o la fuera de lo común, la diferencia... Puede ser, al principio, más una condena que una liberación. Sobretodo porque no tenemos herramientas suficientes para sentirnos cómodos siendo así, para sentirnos orgullosos y para sacarle la parte más constructiva. 

Con el tiempo, si has logrado ser fuerte y sobretodo fiel a ti, te sobrepones a todos esos palos. Palos que sobretodo recibes en la infancia, porque aunque nos cueste aceptarlo también existe miedo en los niños que se transforma en violencia, también existe desconocimiento que se transforma en ataque, también existe envidia que se refleja en vacío, también existe rabia que se convierte en acoso, incomprensión que se muestra como crueldad... Y en los casos más extremos también existe maldad, aunque muchos adultos no quieran reconocerlo. La maldad es una parte más dentro de la sombra colectiva humana y es algo de lo que debemos hablar sin tapujos, sobretodo para cerciorarnos y crear una mayor percepción sobre esa realidad. Hay gente mala porque sí, gente mala por influencia, gente mala porque los disfrutan y gente mala porque nadie le ha enseñado la bondad, y alguna de esa gente lo es desde pequeño. Reconocerlo ayuda a liberar muchos tabúes y sobretodo abre la mente, el corazón y la parte creativa para encontrar soluciones, explicaciones y para que aquellos que son malos, sin querer serlo, encuentren cobijo y abrigo y puedan cambiar su patrón. 

Dicho esto, como decía el clavo que sobresale suele ser el que más "abrupto" se encuentra el camino, así de primeras. Este arduo aprendizaje aporta una gran capacidad de reconocimiento, autosuficiencia, poder personal y sobretodo, si lo tomas con fuerza, te dará mayor seguridad. Mientras otros, por esa normalidad que les caracteriza, tendrás que soportarse y apoyarse en un grupo para asumir o integrar que van por el buen camino, aquel que se sale de lo común termina aprendiendo a caminar solo y en esa soledad e independencia es cuando se encuentra a más personas que se salen de lo común. 

Cuando esto ocurre, todo fluye y todo muestra una realidad importante: la naturaleza humana es un clavo que sobresale, lo que nos rodea es muchas veces el martillo que intenta machacarte para que estés tan clavado como los demás, si consigues sobreponerte verás un montón de cabezas por fuera, como la tuya, dispuestas a acompañarte en el hermoso camino del autodescubrimiento y sobretodo el camino de despertar lo que es realmente innato y propio de tu persona.

El clavo que sobresale es el que antaño más golpes se llevaba, por suerte la evolución de la conciencia humana está haciendo que esto sea algo que cada vez se de menos (o eso me gusta pensar). También es la gasolina y el motor creador para las cosas que necesitan un cambio, pues es quien conserva una energía convertida en potencial que no ha sido desvirgada ni manipulada. Con esta materia prima el clavo que sobresale es por tanto el humano, la persona, con esa conciencia para inyectar a los demás un despertar que les ayude no solo a evolucionar de manera individual, también que en ese mismo desarrollo de su persona puedan ayudar y hacer del mundo un lugar mejor. 

El clavo que sobresale es el que se atreve. El que se tira al vacío, el que hace las cosas diferentes porque sabe que esa diferencia marca un antes y un después y eso, amigo mío, es un cambio increíble para el cosmos. 

El clavo que sobresale es el que acepta el caos, el que no normaliza ni intenta que todo se base en los mismos patrones para todos. Es el que comprende que no todos tenemos que ser la misma pieza para el mismo puzzle. 

El clavo que sobresale es el que estimula, de hecho paradojicamente suele ser también el que entretiene, ilusiona, transmite esperanza... Para todos aquellos que se han acomodado en la "normalidad" como zona de vida, procrastinando la necesaria e importante realidad de romper esas cadenas y ser quienes son, ni más ni menos. 

El clavo que sobresale es el artista que escuchas cuando tienes un mal día. Es el pintor que, después de una vida como una montaña rusa tiene cuadros valorados por un importe increíble de imaginar en una cuenta bancaria.

El clavo que sobresale es el ganador, es la tortuga que a paso firme ha terminado recorriendo y llegando más lejos que esa creída liebre. 

El clavo que sobresale es el que deja huella. El amor que te despierta un fuego increíble (lo sabes si te has pillado alguna vez por alguien que se sale de lo establecido).

El clavo que sobresale es, sin duda, un ejemplo para muchas personas. Es el poeta que se estudia en bachiller, es el científico que suspendía en primaria y ha logrado investigar algo revolucionario, es el fotógrafo que ha mostrado una cruda realidad al otro lado del mundo, es el deportista con una minusvalía que se ha propuesto con su ejemplo abrir la mente de las personas y despojarlas de los prejuicios. 

El clavo que sobresale es el inmigrante que saltó muros, cruzó mares... Y terminó siendo alguien reconocido. El clavo que sobresale es la persona que ha aprovechado los golpes de suerte mezclados con el trabajo diario junto con unas pizcas de constancia en amor propio y una fe ciega hacia la esperanza. 

El clavo que sobresale es quien escribe este blog y te estimula a que descubras esa parte también de "clavo fuera de sitio" que habita dentro de tu ser. Es la terapeuta que lee el tarot abriendo los ojos a los demás hacia una verdad increíble que habita dentro de sus capacidades como seres divinos. 

El clavo que sobresale es ese muchacho que ha logrado con un video en youtube inculcar gotitas de conciencia ecologica y de amor a cada persona que lo ha visto. Es también ese muchacho de barrio que ha logrado llegar más lejos de lo que jamás nadie pensó. 

El clavo que sobresale es quien, cuando ya ha logrado llegar donde ha querido, también se ha preocupado por estimular a los demás a lograr lo que ellos quieran. 

El clavo que sobresale es ese escultor o ese ilustrador que muestra su arte en prestigiosas revistas internacionales, pero que antes de eso ha vivido como un camarero mal pagado comiendo macarrones durante meses pero con algo que jamás se le iba de la cabeza: vivir de lo que realmente le apasionaba. Y tanta era esa excitación y tan grande era ese deseo, que se puso manos a las obra por encima de momentos incómodos, de trabajos forzados, de situaciones extremas y de necesidades básicas... Hasta lograrlo y poder respirar tranquilo.

Ese es el clavo que sobresale. El clavo que sobresale es tu hijo o hija, cuando le ves de una manera tan única siendo tan como debe ser y algo en ti se enciende por miedo a que la sociedad lo machaque. Permítele florecer, ofrécele tu abrigo y cobijo, hazle fuerte y sobretodo haz que tenga una base sólida y estable de creer en si mismo y de evolucionar, de esta forma esas habilidades increíbles, esos dones, despertarán en su interior y le guiarán a ser quien debe ser, iluminando la vida y dando el verdadero significado que merece su existencia. No temas, con amor y apoyo todo se hará realidad. Permite a la vida trabajar en armonía y si su seguridad en si misma es realmente fuerte y estable, logrará ser quien quiera. Vivimos en un mundo rebosante de milagros y de cosas increíbles que finalmente se hacen realidad.


domingo, 22 de octubre de 2017

Que te quieran bien querida:


¡Oye! Que te quieran bien o mejor que bien... Que te amen sano y si no es así, mejor nada.

Que te quieran bien querida, pero querer de corazón y no de posesión. Un querer de cariño sincero. Sí, ya sé, me vas a argumentar con ese pedacito del cuento del Principito donde se expresa que querer es solo un símbolo de posesión, pero yo no me refiero a un querer posesivo y lo sabes. Yo me refiero a amorcito, amorcito real y verdadero. 

Un amor pleno, de luces y sombras, donde nadie se escurra ni se escabulla, donde se puedan hablar los miedos y donde si en un momento necesitas decir cara a cara "¡ey! por aquí hay una resistencia que a mi me escuece..." recibas a cambio horas de escucha, comprensión y lo mínimo, lo mínimo, empatía. 

Que tengas un amor sano, verdadero, sin idealizar para que te permita ser tú, ser ella, ser él... Para que le permita ser ella, ser él... ser ¿ellos?. Algo transparente, a poder ser ¿no? Digamos que sí. Algo pleno y algo sin tapujos, donde se vea la humanidad sin tener que forzarse a ser una idea.

Un amor donde se puedan experimentar emociones y se puedan hablar de ellas. Un querer de esos de admiración, de verdadera valoración, de apreciación profunda... Sin retortijones a los que llamamos mariposas, eso es una señal inequívoca de que algo va por un camino peligroso. 

Que te quieran bien querida y ya de paso que te hagan el amor cada día ¿verdad? Que te lo hagan con caricias, con palabras, con una sola mirada o yendo a recogerte al lugar donde trabajas. Que te lo hagan limpiándote las lagrimas, chinchándote, dejándote estar en silencio o favoreciendo que ambos aceptéis vuestros procesos individuales... Ay, así sí. Apunta y que no se te olvide:
R E S P E T O. 

Que te acepten completita, con tus oscuros entresijos que son lo peor de ti misma... Esos que te hacen chillar o negarte, esos que hacen que salgas corriendo en dirección contraria y también con esas bellas luces preciosas que te hacen crear, que te hacen salir adelante y tirar a contracorriente pero a favor de lo que realmente te apasiona.

Que te quieran bien, apoyándote en tus esfuerzos diarios, dándote la mano cuando te caigas, hablando de tus miedos más oscuros sin recibir ni un solo juicio a cambio. Que te requieren y recoman a besos (o a palabras, caricias, abrazos) cuando hables de todo lo que te hace sentir vulnerable.

Que ese amor te prefiera siempre por encima de las cosas en las que no estéis de acuerdo. Que al verte sienta una plena satisfacción y admiración porque eres humana y eso supone un 50% de perfección y otro tanto de una hermosa y satisfactoria imperfección.

Que te quieran cuando lo flipes, cuando la vida te parezca lo más y que te quieran, aún más, cuando la vida te parezca un rastrojo y cuando odies la existencia en si misma. Con ese vaivén bipolar que da el simple hecho de vivir, con esa realidad que se antoja en cada humano que aún no ha alcanzado una iluminación verdadera, te deben amar y querer.

Que te empujen a hacer cosas que jamás te has atrevido pero que siempre te picaba el bichito de la curiosidad. Que te amen fuerte con tu puntualidad y tu impuntualidad, con las cosas que se te dan bien y con las cosas que se te dan mal, sin idealizar. Que le de igual si un día pasas de depilarte y si otro estás llorando porque este mes el desajuste hormonal se ha dado fuerte e inesperado, pero que le de igual porque te ama por encima de todo eso, porque realmente quiere que seas tú y tal cual. 

¡Ay! Que eso te deseo yo pa'ti. Yo lo que deseo es que tengas una ausencia de amor insano, porque eso es realmente más favorable para la vida, para tu vida. Que estés con alguien que te vea tal cual y que jamás se le ocurra decirte "yo no voy a poder quererte". Qué horror... Eso no.

 Que te den realmente lo que te mereces, que es lo mejor ¿o no?. 

QUE TE VEA cada día, al amanecer y al anochecer. Que sepa con quien está, quién eres tú y que de igual manera tú veas a la otra persona. Que te quieran bien, sin excusas, sin condiciones. 

Que te deseen incluso cuando estés realmente desordenada por dentro o por fuera, incluso cuando tardes horas en arreglarte o cuando no quieras arreglarte. Que te adoren en tus días de helado, mantita y libro o en esos días donde te da por hacer algo nuevo pero al explorarlo durante meses decides dejarlo porque no te aporta lo que pensabas. Que te permitan esa exploración humana sin tener que estar pendiente de si cogerá la puerta y se marchará.

Que permitas que la otra persona explore la vida y te ofrezca, cada día, más segundos a su lado. Que valoréis juntos un bien tan preciado como el tiempo, que no se os haga tarde, que siempre lleguéis en el momento oportuno. Que crezcáis a la par y que eso se quede como el mayor y mejor bien compartido que podáis tener.

Que encontréis el significado del valor sin precio, que comprendáis las obligaciones del otro, que existan pilares reales, raíces, ideas en común. Que seáis arropo y abrigo cuando los acontecimientos inesperados lleguen para azotar. 

Que te quieran, pero bien querida. Sin quedarse ni un cachito por querer y que tú respondas queriendo en la misma medida. 

Que sepáis pasar tiempo juntos y también a solas, que os penséis y que aunque podáis ser de mundos diferentes halléis la manera y la fórmula para que todo sea más que compatible. Que os veáis crecer por dentro y por fuera. Y que el sentimiento sea más fuerte que la opinión ajena, que a menudo vendrá a comprobar si os habéis situado en una estabilidad real o si solo estáis fantaseando dejando que un montón de cosas importantes se quiebren por la intervención, innecesaria, de aquellos que realmente no están habitando dentro de algo tan bello. 

Que exista un trabajo en equipo, real y sincero y a diario. Que no quepa la menor duda: sois el uno para el otro, la una para la otra, el uno para la otra, la otra para el uno... ¿los unos para los otros? No sé que amor quieres tener, pero el que tengas solo deseo que sea sano, real y que dure, que no se convierta en nubes, que aguante todo, que te ayude a conocer una parte de ti que solo se puede explorar en compañía. 

Porque esto te lo digo como terapeuta, esto te lo digo como persona que acompaña el desarrollo de muchas personas... Hay una parte humana que solo se descubre con el amor en compañía, no con el amor hacia uno mismo y normalmente ese amor, el de la compañía, es el que más nos va a llevar al límite de lo peor de nosotros y sinceramente es uno de los que más nos va a aportar: en sabiduría, en comprensión, en aceptación, en capacidad de adaptación... Y sobretodo en crecimiento. 

Ojalá no vivas una idealización, ojalá vivas algo real. Algo verdadero rebosante de sabor, de besos, de risas y de llantos (que esto no siempre se puede evitar). Que os cojáis la mano y os comáis el mundo cuando toque, sin que os sepa a mal. 

Que te quieran bien, querida, que te quieren bien querida. 

Que te amen bien, querida, que te amen bien. 

Y si el "muy mucho" puede existir en un sentir... Que lo reboséis. Afrontando lo difícil, reconstruyéndo y saboreando con dulzura lo fácil.