¿Sabes? todo hay que sentirlo, notarlo, palparlo en lo más profundo de tu ser...

miércoles, 15 de agosto de 2018

El valor sagrado de la vida y porqué estoy a favor del aborto:


Antes de precipitarte brúscamente a juzgarme o a dejar de seguir mis publicaciones, permíteme compartir una historia contigo, después si lo deseas puedes dejar de apoyar lo que hago. 

En primer lugar me gustaría dejar constancia de que yo sí he vivido la experiencia de abortar, en mi caso de manera natural, que es algo muy diferente a tener que tomar una misma la decisión. Dicho esto, aquí viene esa historia que quería compartir:

Cuando era pequeña lo que más me gustaba hacer era escuchar las historias de cuando mi padre era niño. Tenía un vinculo fuerte y sólido con mi referente masculino, mi padre, y siempre sentí que era el que más tolerancia y paciencia tenía conmigo, ya que yo era una niña muy inquieta y que comprendía tarde, y mal, los límites de los demás.

 Además, a menudo me veía ahogada en mis propios procesos emocionales debido a diversas circunstancias (colegio, enfermedades etc...) y mi padre encontró el método de hacerme sentir mejor: me enseñó (como supo) todo sobre la naturaleza (lo que él sabía). Así que mientras íbamos a coger setas, a ver nidos, a coger espárragos, a caminar por el río o a echar una siesta... Siempre había alguna buena "aventura" de la infancia de mi padre que a mí me hacía pensar. Y recuerdo, con detalle, cada una de esas historias porque el pobre se quedaba sin repertorio, pero a mí no me importaba que me las repitiese una y otra vez. 

Debido a todo lo que se ha levantado con el tema de la legalización del aborto en paises de latinoamérica, vengo a compartiros una historia que hoy, tras un buen rato de meditación y lectura, ha aparecido en mi cabeza inesperadamente. Tanto ha sido así que he escrito a mi padre para asegurarme de la veracidad de esos hechos y me lo ha confirmado. 

Cuando mi padre era pequeño le gustaba mucho la naturaleza y tenía mucha inquietud sobre ella. Quizás la educación que recibió no fue lo más cercana a la educación emocional y respetuosa con Pachamama, pero lo cierto es que incluso con sus horribles errores, se ha obtenido un aprendizaje que maravillosamente ha podido compartir conmigo. Mi padre se crió en un entorno de cazadores y gente que conocía el campo, y años, muchos años después nací yo... que soy vegetariana y hablo con los animales (si se lo hubiesen dicho de pequeño, no se lo habría creído). 

Uno de esos días caminando por el campo, buscando su propia experimentación y contacto con la naturaleza, se encontró un nido de "andarríos" (es un tipo de ave que vive aquí en España). Visitó varios días aquel nido, hasta que haciendo cuentas pudo llegar el día en el que los pajaritos nacieron, él amaba esos pájaros y quería uno (ahí la falta de comprensión y educación emocional, pero no podemos juzgar a quien no ha mamado de lo que no se la ha ofrecido, porque no lo tenía a su alcance). Tanto lo quería que decidió atar la pata de uno de esos pájaros, porque él sabía que no iba a poder alimentarlo tan bien como lo haría su madre y posiblemente el polluelo moriría. 

La madre motivaba al pajarito a salir del nido (la historia es un poco cruel, pero en serio tiene belleza aunque el final no sea lo que todos deseamos) al ver que su polluelo estaba impedido desapareció y al rato apareció con unos frutos rojos en el pico que le dió a comer a su hijo recién nacido. El polluelo al comer esto, murió. 

El aprendizaje de ésta historia (además de que no tenemos que intervenir en la vida de los animales por puro egoísmo) es que toda madre quiere lo mejor para sus hijos: la mejor vida, la mejor comida... Y sobretodo que puedan ser libres. 

Cuando algo les impide todo eso ¿para qué vivir? Una madre de andarríos tomó la decisión de, al ver apresado a su polluelo, darle la única opción de irse al otro plano y así liberarse. Porque la vida tiene un valor sagrado y es un valor que, desagraciadamente, no todo el mundo puede disfrutar. Cuando desde la cuna te ves obligado a unas circunstancias pésimas, una calidad de vida pésima, una ausencia continuada de oportunidades para expandirte y crecer... Significa que, desgraciadamente, desde la cuna estarás condenado a una vida mucho más dura de lo que podría haber sido si quizás ese nacimiento hubiese estado programado, pensado, elegido... 

El valor sagrado de la vida es que esa vida tenga una buena calidad. Que se de en unas circunstancias saludables, equilibradas y en armonía. El valor sagrado de la vida no es simplemente dar a luz u obligar a una mujer a vivir la experiencia del embarazo, pasando por encima de su libre y divino albedrío. La historia del pájaro que os he contando no es excepcional, en plena naturaleza salvaje muchas hembras pueden tomar la decisión de abortar, matar a sus crías o abandonarlas cuando las circunstancias que acompañan esos procesos no son las más óptimas para la supervivencia. 

Nosotros, aún rodeados por un sistema artificial, también nos encontramos en un tipo de "supervivencia". Esa supervivencia está sobretodo marcada por el punto de partida (o las oportunidades que nazcan en éste). Una persona que nazca en un país desarrollado, en una familia que sea, al menos, de un nivel medio tiene mejores posibilidades y más grandes oportunidades que una persona nacida en un país subdesarrollado y en una familia en plena pobreza. Y éste no es el único condicionante para nuestro punto de partida, a nivel energético el hecho de ser deseados también marca un importante "antes y después" en nuestra forma de vivir. 

Obligar a una madre a ser madre, aún cuando ni ella misma se siente preparada para tal papel o cuando ella misma duda de que su hijo pueda tener la calidad de vida que siente que tiene que merecerse, es romper a dos seres humanos. La obligatoriedad es la conducta que utilizan los sistemas para amedrentarnos y rompernos, porque coartan nuestro derecho a la libertad y nos desarraigan del sagrado libre albedrío. Os aseguro que Dios no se enfada por los abortos, Dios se enfada más por seguir obligando a las personas sin utilizar la verdadera comprensión humana y empuñando con osadía el arma del prejuicio y la moralidad. 

Recordemos de nuevo a esa madre de Andarríos tomando aquella sabia y dolorosa decisión. Yéndose lejos de allí para buscar la única solución al cautiverio de su polluelo... Ojalá esté expresando con claridad lo que realmente quiero transmitir. 

Estoy a favor del aborto porque creo en la vida. Porque primero, las personas merecemos una asistencia sanitaria legal, gratuita y correcta en cada circunstancia. Porque creo que ese ser humano merece libertad y la libertad de decisión es un valor real sobre la vida, porque creo en el bienestar de los demás y creo que no hay bienestar psicológico ni emocional cuando se obliga a ser madre a una mujer. Y porque creo que en la propia naturaleza se dan éstos mismos (o muy similares) acontecimientos como un ejemplo real y tangible de que todas las hembras toman importantes decisiones sobre su descendencia y sobre la supervivencia de su propia especie.

Creo en la vida, en la vida deseada y consensuada. En la vida bien recibida, en la vida bien abrazada, en la vida soñada y que se lucha por traerla aquí. Creo en la vida que nace como fruto del amor (del amor de una mujer a si misma, del amor de una pareja, del amor hacia un bebé). Pero no creo en la vida no deseada, la vida no consensuada y obligada, la vida que tiene que ser recibida por obligación e imposición, la vida que se abraza porque así te están empujando a ello... Está claro que de manera innata o con el tiempo y el roce (junto a las hormonas) una madre puede terminar queriendo y amando incluso a un hijo no deseado (aunque esto no siempre pasa), pero hay un daño mayor ahí que no quieren observar aquellos que se obcecan con su enceguecida moralidad religiosa: se rompe un alma cuando se le hace pasar por tal experiencia, porque se pasa por encima de la libertad de su ser, el cual desea todo lo contrario.

Creo en la vida que no corre riesgo (ni abortando, ni pariendo) y por esto considero necesario que el aborto sea legal, gratuito y una opción para todas las mujeres que así lo sientan y necesiten. 

Muchas de ellas seguro que desearían ser esa andarríos (o muchos animales que al verse en situaciones de riesgo consumen plantas que son abortivas antes de traer nuevas camadas)... 

Señores, señoras... La vida y la muerte forman parte de ésta experiencia. Lo difícil y lo fácil, lo blanco y lo negro, lo bueno y lo malo... Y es que todos somos vida y muerte, todos somos difíciles y fáciles, todos apostamos por el blanco y más tarde por el negro, y todos somos buenos y malos. 

Vamos a entenderlo ya y démosle a la vida el valor que realmente tiene, sobretodo a la vida que ya está aquí, que ya está viva. Vamos a encargarnos de los vivos primero, de la mejor manera y comprendiendo sus experiencias, sus lugares, sus niveles de consciencia... Demos atención a eso, depositemos ahí nuestra voluntad y no nos empecinemos en seguir trayendo almas al mundo, de manera impuesta, para que más tarde terminen siendo adultos rotos, desconectados y maltrechos, sin rumbo y sin sentido. 

Vamos a darle el valor real a la maternidad: LA BELLEZA DE SER MADRE porque una mujer decide serlo y no porque se le obliga a ello. Las cosas son diferentes y se hacen de forma diferente, salen de forma diferente y dan resultados distintos, según si es una obligación, una voluntad propia, una decisión libre o una decisión impuesta. 

Y ahora ya sí, después de haber leído toda la historia y mi punto de vista, tómate tu libre albedrío para dejar de seguir o apoyar lo que hago, estás en todo tu derecho y defenderé ese derecho hasta que me muera. Igual que el derecho que nos corresponde a todas las mujeres: la libertad de decidir NO ser madres. 

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