¿Sabes? todo hay que sentirlo, notarlo, palparlo en lo más profundo de tu ser...

martes, 28 de febrero de 2017

E S T R Í A S


Soy una tigresa, no lo digo yo, lo dicen mis estrías. Mi cuerpo tiene la marca de una realidad que nos quieren quitar a golpe de ficticia perfección, mi cuerpo está rebosante de mi vida. 

No, yo no he tenido hijos y a pesar de ello tengo estrías, desde hace bastante la verdad. Otras tienen estrías como la marca de un proceso imborrable en su vida y en su esencia: el proceso de ser madres. 

Diferentes periodos en la vida, cambios corporales que son tan normales como el comer y el cagar y por último genética, estos son los ingredientes imprescindibles para convertirte en una tigresa. Somos muchas tigresas las que estamos en este mundo, algunas huyendo de la realidad intentando embadunarse hasta la saciedad en potingues que luego nunca funcionan, otras mermando su autoestima dejándose embaucar por esas taladrantes campañas publicitarias sobre la perfección en el cuerpo y en concreto a la perfección en el cuerpo de la mujer, y por último estamos nosotras las que aceptamos la realidad porque no podemos hacer nada más. De esa aceptación, lejos de aparecer la resignación, nos inunda una comprensión y un amor propio que nos convierte en invencibles (entonces pasamos a ser tigresas super-heroínas... ¡Enhorabuena! ¡Tú puedes!)

Cuando nosotras le chillamos al sistema que estamos hartas de su juego en relación a nuestra belleza, este ser se achanta y agacha las orejas porque sobre esa energía que nos hace resurgir ya no hay nada que hacer ni nada que absorber (¡jódete sistema! Todo el puñetero día chupándonos la sangre...). Entiendo que no es fácil llegar hasta aquí, las campañas publicitarias con modelos "perfectas" nos inunda la vida, da igual que no veas la tele... en cuanto te bajes a la calle vas a encontrar una pancarta que no cabría ni en el salón de tu casa con una mujer en una pose sexy y una piel que hasta un bebé envidiaría... ¿qué hay ahí? De nuevo nos topamos con la manipulación y cuando de mujeres se trata, esa manipulación me enerva. 

Yo he estado durante mucho tiempo cohibida por la realidad de mi cuerpo, pero no sé si es por la experimentación sexual que he vivido durante estos últimos años, por mi reciente cumpleaños o por mi amada libertad, ahora he tomado la decisión de que ya vale de tanta tontería. Reconozco que no soy perfecta y gracias a reconocerlo me considero y me siento mucho más libre... y cuando comparas la libertad con la perfección, créeme optas por quedarte con la primera. 

Recuerdo que apenas usaba faldas ni pantalones cortos, tenía muchísima vergüenza de estar en bolas delante de una persona o de ponerme en bikini en la playa... buscaba sigilosamente los sitios más escondidos o donde pasase más desapercibida y todo era por mis estrías (a las cuales les debo un poema y seguramente más adelante se lo escriba). ¿Y ahora? Pues ahora sigo siendo esa chica con estrías: en el cuelo, en las piernas, en la cadera y en las tetas... ¿y? No, en serio... ¿y? No entiendo qué me daba tanto miedo, volví complejo algo tan sencillo como aceptar que así es muchas veces la naturaleza. Con el paso del tiempo y sobretodo con la recuperación del poder personal, pasas de odiar esa parte de ti misma y que siempre te va a acompañar, a sentirla como una parte fundamental de tu vida... ¡mis estrías también forman parte de mi! Y como me han influído a nivel emocional, de alguna manera constituyen también los procesos que he vivido y que me han llevado a ser quien soy hoy en día ¡gracias estrías! (sí, soy la tia rara que le da las gracias a sus estrías, también tengo celulitis otro día se lo daré a mi celulitis). 

Temía que alguien me juzgase por ello, me aterrorizaba que no fuese lo suficiente para otra persona por el físico... Y sin embargo, hoy en día y en esta soltería que estoy empezando a disfrutar de nuevo, si quisiera a alguien a mi lado me gustaría que fuese por como soy por dentro y no tanto por aquello que muestro físicamente, porque mi físico no depende de mi, no tiene ningún mérito... el 90% es genética y solo un 10% es el resultado de tus ejercicios. Y sí, digo el 90% porque tanto el color de ojos, como el color de tu vello, de tu pelo, el tono de tu piel, el tipo de sonrisa, la forma de tu nariz, la forma de tus uñas, la forma de tus pies... Todo eso es genética, claro, es una genética que puedes modificar a golpe de bisturí pero... ¿para qué? ¿No será más fácil aceptarse y gastarse esos miles de euros en dar una vuelta por el mundo? Digo yo... aunque eres muy libre de hacer lo que quieras. En mi caso he decidido aceptarme, así siento que voy más en favor de quien soy y me genera menos heridas, me siento más conectada y ante todo me siento más real. 

En una ocasión estaba con un chico y le reconocí mi baja autoestima relacionado con mis estrías, él me dijo "si hicieses deporte te pondrías tan potente que te darían igual tus marcas de tigresa", a día de hoy siento que aquel comentario no fue para nada acertado (si lees esto no me odies, es que a veces decías cada mierda...) no se trata de ponerte potente de piel hacia afuera, no se trata de tener un culo duro... de qué te vale trabajar la materia si no lo pones en práctica con la parte de dentro, el complejo no desaparece porque aunque intentes reforzarlo con un mejor reflejo mirándote en el espejo, en realidad esta carencia de amor propio habita dentro de ti y te aseguro que puede llegar a convencerte de que todo lo que hagas es insuficiente. 

Yo hago deporte, no todos los días pero sí intento tener una vida más o menos activa, no lo hago para mejorar mi cuerpo y por eso decido no exigirme de más, lo hago porque me entretiene y me gusta. No, no busco mejorar mi fondo físico, lo que busco es desconectar de todos mis pensamientos cuando estoy haciendo series o entablar conversación con quien me acompaña. Busco mover mi cuerpo y no convertirlo en una máquina de perfección fibrosa (aunque respeto a aquellos que sí busquen esta meta). 

Prefiero abrazar mis estrías, saber que están ahí, que a veces parecen desaparecer y que otras veces aparecen más intensas. Prefiero ser como soy, sin filtros, esto es lo que hay: mi imperfección en todo su esplendor. 

"Tu cuerpo no está arruinado. Eres una tigresa que se ha ganado sus rayas"

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